
En un inusual ejercicio de franqueza, el periódico oficialista Girón, de la provincia de Matanzas, ha publicado un artículo que desnuda el deterioro profundo que sufre Cuba.
Bajo el título “Los peligros de una nación con achaques”, el periodista Guillermo Carmonar conoce la precariedad creciente del país y describe una Cuba marcada por el deterioro estructural, la descomposición institucional y la inseguridad cotidiana.
“El país se me llena de achaques”, comienza Carmona, para luego matizar que no se refiere exclusivamente a la emigración masiva de jóvenes o al envejecimiento demográfico, sino al hecho de que “la infraestructura envejece, las instituciones flaquean y se agotan los hombres”.
Desde esa premisa, el texto expone una serie de signos visibles de esa decadencia: accidentes, derrumbes, enfermedades, obsolescencia automotriz, abandono patrimonial y crisis de vivienda. Carmona evoca la advertencia de un bombero que participó en los rescates del Hotel Saratoga y en el incendio de la Base de Supertanqueros: “con los años aumentarían los accidentes”, debido al desgaste de los protocolos de seguridad y de los propios objetos y edificaciones.
El comentario menciona un “crecimiento de los siniestros de todo tipo”, amplificado por las redes sociales, y atribuye parte de las tragedias a causas naturales, como los rayos mortales, pero insiste en que existen condiciones materiales que podrían mitigar los daños si fueran atendidas.
La descripción del parque automotor es elocuente: “El Chevrolet, a pesar del mucho cromado y pintura azul eléctrica, lo fabricaron en el 56, cuando el Benny estaba en boga y Mark Zuckerberg no pensaba nacer”. Y aunque destaca la creatividad del cubano ante la obsolescencia programada, admite que “la lucha acaba cuando no podemos alargar más su vida”.
Sobre la vivienda, Carmona reconoce que el problema no se ha resuelto desde 1959, y que muchos ciudadanos ocupan inmuebles en ruinas o contemplan con resignación el deterioro de sus casas sin medios para repararlas. Esa decadencia se extiende al patrimonio arquitectónico de las ciudades, que cae en “la depauperación arquitectónica” y termina en derrumbes sorpresivos que destruyen hogares y familias.
En lo sanitario, el texto advierte que cada verano proliferan enfermedades, agravadas por el “estado de insalubridad de las calles por la acumulación de vertederos, los pésimos desagües pluviales y sistema de alcantarillado, y los constantes problemas con el abasto de agua”.
El autor señala que las causas son múltiples: “presiones externas” y “mala gestión a lo interno de provincias y municipios”, pero sostiene que los peligros se incrementan: “aumentan los índices de peligrosidad y las variables para que un hecho alcance sus máximas y nefastas consecuencias”.
La conclusión del texto se presenta como una advertencia personal que, implícitamente, deja en manos de la ciudadanía la responsabilidad de protegerse: “nos corresponde tener más cuidado, velar por nosotros mismos, someternos a la menor cantidad de riesgos”. Y remata: “Los sobrevivientes debemos ser así”.
La publicación del artículo de Girón llega en medio de una precaria realidad para muchos ciudadanos en Cuba. En Matanzas, los apagones superan las 22 horas en algunos circuitos, según reconoció la propia empresa eléctrica. La crisis energética se extiende a toda la isla, con un déficit nacional que ha rozado los 1,800 MW, afectando servicios básicos y la vida cotidiana de millones de cubanos.
A esto se suma el deterioro del sistema de salud. En el poblado de Máximo Gómez, también en Matanzas, se ha denunciado que más del 70 % de sus habitantes presentan fiebre y vómitos sin acceso a medicamentos ni diagnóstico, mientras la falta de electricidad agrava las condiciones sanitarias. En paralelo, la Embajada de EE.UU. en La Habana emitió una alerta por el incremento de casos de hepatitis A, atribuida a la contaminación del agua y la acumulación de basura.
El problema de la vivienda, mencionado en el artículo, también ha sido reconocido oficialmente. En el primer trimestre de 2025, el gobierno apenas cumplió un 12,4 % del plan de construcción de casas, y no se anunciaron consecuencias para los responsables ni soluciones concretas.
La prensa oficialista ha abordado estos temas en otros momentos recientes, como en un fotorreportaje que muestra a familias cocinando con leña por falta de electricidad y gas, o en textos donde, pese a la gravedad de la situación, se recomienda enfrentar la crisis “con gratitud y actitud optimista”.
En ese contexto, el artículo de Girón no solo destaca por su radiografía de la situación en Cuba, sino por su recomendación final: que los ciudadanos se cuiden por su cuenta ante la falta de garantías públicas. Una admisión tácita, pero contundente, de que los achaques del país ya no admiten maquillajes.
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