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El crítico de cine Juan Antonio García Borrero cuestionó la falta de rigor del periodismo oficial en Cuba, señalando que ante tragedias como el reciente atropello múltiple en La Habana lo esencial debería ser exigir la verdad y no repetir versiones tardías dictadas por el poder.
“Extraño aquellos tiempos en que uno abría el periódico, y tenía la impresión de que podía encontrar la Verdad. No importa que después, gracias a otra investigación periodística, uno supiera que la Verdad está permanentemente buscándose”, escribió en su cuenta de Facebook el intelectual residente en la ciudad de Camagüey.
Denunció que hoy en Cuba la prensa se limita a publicar lo que le autorizan, sin profundizar en los intereses políticos que marcan los relatos oficiales.
El atropello ocurrido el 25 de agosto, con un saldo de una mujer muerta y ocho heridos, fue el ejemplo que usó para mostrar cómo las víctimas vuelven a ser ignoradas.
En su opinión, lo importante para el periodismo debía ser el dolor humano y la necesidad de esclarecer los hechos con transparencia.
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“Pero entre nosotros pareciera que la Verdad ha pasado a un segundo o tercer plano. Primero, ya ni siquiera es importante informar (pasan los días, las semanas, los años, y nada se dice), pero luego, si se informa es porque “la prensa enemiga” ha distorsionado la Verdad, dicen, y entonces la orden es salirle al paso, y con semanas de retraso (que en tiempos de redes digitales serían siglos) ofrecen la versión oficial”, reflexionó García Borrero.
Y apuntó a seguido: “Y encuentras a montones de periodistas que, en vez de seguir profundizando para buscar la Verdad, se alegran de que al fin las autoridades que deberían rendir cuentas de inmediato, publiquen de modo tardío una nota breve con su única versión de los hechos”.
La Fiscalía reveló apenas este jueves 4 de septiembre la identidad del acusado, el ciudadano italiano Mario Pontolillo, de 56 años, tras más de una semana de silencio.
La demora alimentó rumores de encubrimiento, luego de que el periódico independiente 14ymedio señalara erróneamente a otro empresario italiano cercano al régimen, lo que fue desmentido después.
El silencio institucional y la dependencia de la prensa oficial de comunicados escuetos llevan a que tragedias como esta se olviden pronto, denunció García Borrero, mientras “otra vez las víctimas son atropelladas, y a casi nadie pareciera importarle, porque esa única Verdad (la del pánico, el dolor, la locura homicida) les va a tocar apenas a quienes sufrieron la tragedia”.
El suceso provocó la muerte de Mairovis Valier Heredia, una mujer de 34 años, madre de tres hijos. Su familia ha denunciado públicamente el hermetismo de las autoridades y exigido justicia.
El acusado ha sido identificado como Mario Pontolillo, de 56 años y con residencia permanente en Cuba, quien se encuentra bajo las medidas cautelares de prisión provisional y prohibición de salida del país, según precisa el comunicado oficial de la Fiscalía General de la República.
La nota informó que Pontolillo es investigado por un “deliberado atropellamiento de personas con el auto que conducía en las vías públicas de los municipios Centro Habana y Habana Vieja”, acción que califican de grave por afectar la seguridad colectiva.
La Fiscalía asegura que “se practican diligencias de instrucción para la aportación de los medios de prueba y la culminación de las investigaciones” y que ejercerá la acción penal pública ante el Tribunal, solicitando sanciones proporcionales a la gravedad de los hechos.
El pronunciamiento oficial ocurrió luego de más de una semana de silencio gubernamental y especulaciones, tras la publicación de una investigación del medio independiente 14ymedio, que había señalado a Berto Savina, empresario italiano con fuertes vínculos con el régimen cubano, como el autor del crimen.
La denuncia fue rechazada públicamente por el hijo de Savina, Gianluca Savina, quien aseguró que su padre se encontraba en Italia desde el 19 de agosto, seis días antes del incidente.
Horas después, el vocero oficialista Humberto López desmintió su implicación, lo que fue percibido por muchos como una maniobra del régimen para proteger al poderoso empresario.
Durante días, el régimen cubano evitó revelar la identidad del detenido, lo que alimentó la percepción de encubrimiento, especialmente por la relación de Savina con figuras del poder como el dictador Fidel Castro (1926-2016) y Miguel Díaz-Canel, documentada en fotografías y reportajes.
Un reciente debate televisado en Cienfuegos, sobre el papel de la prensa, evidenció la autocensura y el miedo de los periodistas cubanos a las represalias, lo cual marca su trabajo.
Los periodistas que trabajan en los medios de prensa oficialistas enfrentan una rígida línea editorial dictada desde las oficinas del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista.
Si en algún momento, deciden salirse de ella, son víctimas de constantes represalias, censura y hostigamiento por parte de la Seguridad del Estado.
Diversas organizaciones internacionales han denunciado en reiteradas ocasiones la falta de libertad de prensa en Cuba. Reporteros Sin Fronteras (RSF) y el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ) han calificado al país como uno de los más represivos en materia de información, donde el gobierno mantiene un monopolio sobre la difusión de noticias y criminaliza el ejercicio del periodismo independiente.
Mientras el discurso oficial insiste en presentar una imagen de transparencia informativa, la realidad de la prensa en Cuba refleja todo lo contrario.
Orlando Cruzata, director de los Premios Lucas, admitió en abril que se recurre a la censura como parte de una "política cultural", para impedir que se hable mal de la "revolución".
“Por supuesto, no vamos a admitir que nadie hable mal de la revolución en la televisión, es parte de nuestra política cultural, así como tampoco se debe denigrar a la mujer, a un homosexual o a otra persona que tenga otra inclinación religiosa", dijo en entrevista con el portal oficialista Cubadebate.
Preguntas frecuentes sobre el atropello múltiple en La Habana y el papel del periodismo en Cuba
¿Quién es el responsable del atropello múltiple en La Habana?
El responsable del atropello múltiple en La Habana ha sido identificado como Mario Pontolillo, un ciudadano italiano de 56 años con residencia permanente en Cuba. La Fiscalía General de la República informó que Pontolillo está bajo prisión provisional y enfrenta una prohibición de salida del país mientras se completan las investigaciones. El incidente, ocurrido el 25 de agosto, resultó en la muerte de Mairovis Valier Heredia y dejó ocho personas heridas.
¿Por qué hubo tanto retraso en la revelación de la identidad del acusado?
La revelación tardía de la identidad de Mario Pontolillo como el acusado del atropello múltiple en La Habana generó sospechas de encubrimiento por parte del régimen cubano. Durante más de una semana, el gobierno mantuvo silencio, lo que alimentó especulaciones y rumores, especialmente después de que se señalara erróneamente a otro empresario italiano con vínculos al régimen como sospechoso. Este hermetismo refuerza las críticas sobre la opacidad y la falta de transparencia en la gestión de crisis por parte del gobierno cubano.
¿Cuál es el papel de la prensa oficial cubana en este tipo de incidentes?
La prensa oficial cubana ha sido criticada por su falta de rigor y transparencia en la cobertura de incidentes como el atropello múltiple en La Habana. En Cuba, el periodismo oficial suele limitarse a publicar lo que le autorizan las autoridades, sin profundizar en los intereses políticos detrás de las versiones oficiales. Esto resulta en una cobertura sesgada que ignora a las víctimas y prioriza la narrativa gubernamental, lo cual es una preocupación constante entre críticos y defensores de la libertad de prensa en la isla.
¿Qué impacto ha tenido este caso en la percepción pública sobre la justicia en Cuba?
El caso del atropello múltiple en La Habana ha alimentado la percepción de impunidad y encubrimiento institucional en Cuba. La gestión opaca del incidente y el silencio prolongado de las autoridades han reforzado la idea de que la justicia en Cuba está subordinada al control de la narrativa oficial. Esto ha generado desconfianza en la población, que ve cómo las víctimas son ignoradas y los responsables protegidos, según algunos críticos.
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