El presidente Donald Trump relató en una entrevista con Fox News el momento en que recibió la noticia del asesinato del activista conservador Charlie Kirk, una de las figuras más influyentes del movimiento juvenil de derecha en Estados Unidos.
Trump contó que estaba reunido con arquitectos en la Casa Blanca discutiendo un proyecto para la construcción de un salón de baile -una aspiración pendiente desde hace décadas en la residencia presidencial- cuando le comunicaron que Kirk había muerto.
"Entraron y dijeron: 'Charlie Kirk está muerto'. No sabía lo que querían decir. Pregunté: '¿Qué quieren decir con muerto?'. Me respondieron: 'Charlie Kirk recibió un disparo…', narró.
Según su relato, la noticia fue tan impactante que inmediatamente despidió a los presentes en la reunión: "Solo les dije que se vayan. Fue lo peor, tan malo para nuestro país".
Homenajes y medidas simbólicas
Miles de personas han acudido a vigilias en memoria de Kirk, cuyo cuerpo fue trasladado a Arizona a bordo del Air Force Two para sus funerales. Trump dijo que asistirá a su despedida.
"No debería estar teniendo un funeral ahora. Debería estar allí... Tuvo un gran impacto en las elecciones. Conseguí tantos votantes jóvenes... y le doy mucho crédito", señaló.
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Kirk era fundador y director ejecutivo de Turning Point USA, una influyente organización conservadora que promueve sus ideas en universidades y escuelas de secundaria en Estados Unidos.
El mandatario firmó una proclamación oficial en honor a su memoria, y lo definió como un "patriota estadounidense y defensor de la libertad".
Además, anunció que le otorgará póstumamente la Medalla Presidencial de la Libertad, el máximo reconocimiento civil en Estados Unidos.
El líder subrayó la cercanía personal de su familia con el activista, y recordó un almuerzo que organizó para que su hijo Barron lo conociera: "Regresó y dijo: '¡Ese tipo es genial, papá!'".
Kirk estaba casado y tenía dos hijos pequeños.
Trump reveló que habló con su esposa de Kirk y que está "devastada".
Un crimen con trasfondo político
Charlie Kirk, de 31 años, murió tras recibir un disparo en el cuello mientras participaba en una sesión de preguntas y respuestas en Utah Valley University.
El atacante disparó desde un tejado cercano y huyó por una zona boscosa.
La Policía logró identificarlo como Tyler Robinson, de 22 años, quien fue entregado a las autoridades por mediación de un pastor religioso que convenció a su padre.
Robinson habría actuado solo y confesó a un conocido su participación en el crimen.
Trump anunció este viernes por la mañana "con un alto grado de certeza" que el sujeto había sido detenido.
"Creo que, con un alto grado de certeza, lo tenemos bajo custodia", expresó.
La investigación policial halló pruebas contundentes contra el sospechoso: un rifle de alto poder con grabados ideológicos, huellas de zapato y una impresión de palma que lo vinculan al ataque.
El FBI había ofrecido hasta 100,000 dólares por información que condujera a la captura del responsable, y recibió más de 7,000 pistas antes de concretar el arresto.
El gobernador de Utah, Spencer Cox, confirmó que el acusado se había radicalizado políticamente en los días previos, reforzando la hipótesis de un crimen motivado por diferencias ideológicas.
Trump exige la pena de muerte
En la misma entrevista, Trump pidió que se aplique la pena capital tanto a Robinson como al autor del asesinato de Iryna Zarutska, una refugiada ucraniana apuñalada en un tren en Carolina del Norte en agosto.
"En Utah tienen la pena de muerte y el gobernador está muy empeñado en aplicarla. Debería estarlo. En Carolina del Norte también existe, y tenemos que asegurarnos de que se cumpla. Eso fue un crimen horrible", afirmó.
El mandatario responsabilizó directamente a la "izquierda radical" por la violencia política que, según él, desencadenó la tragedia.
"Charlie fue un mártir de la verdad y la libertad. Nunca ha habido alguien tan respetado por los jóvenes. Era un hombre de profunda fe y ahora está en paz con Dios", declaró.
Debate nacional
La muerte de Kirk ha generado una ola de condenas y reabrió el debate sobre la violencia política en Estados Unidos.
Para algunos sectores, su asesinato simboliza el riesgo de un clima cada vez más polarizado; para otros, representa una contradicción dolorosa, dado que el propio Kirk había defendido abiertamente el derecho a portar armas, afirmando en vida que "las muertes por armas de fuego son el precio de la libertad".
Por su parte, la comunidad universitaria cuestiona la falta de seguridad durante el evento, y en redes sociales se multiplican los mensajes de duelo y polémica: unos lo recuerdan como un patriota incansable, otros lo señalan como víctima de un sistema que él mismo ayudó a sostener.
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