
Historias como esta revelan una cruel verdad sobre el supuesto “humanismo” del régimen cubano: loas mientras las personas sirven a un propósito, y abandono cuando dejan de ser útiles.
Aleida Palomo Sánchez, exatleta de alto rendimiento y profesora cubana, fue vista caminando enferma y desorientada por calles de Santiago de Cuba, pidiendo ayuda para sobrevivir.
La escena fue compartida en Facebook por el escritor y activista santiaguero Yasser Sosa Tamayo, quien acostumbra a asistir a personas vulnerables.
Según el testimonio de Sosa, Palomo —quien representó a Cuba en los Juegos Panamericanos de 1991— deambula con pasos torpes, vestida con ropas gastadas y marcada por una mirada perdida.
“Su cuerpo enfermo y su ropa desgastada son el retrato más cruel del abandono”, escribió el activista en una publicación realizada este martes en su perfil.
Palomo fue reconocida en su momento tanto en las canchas como en las aulas.
No solo defendió la bandera cubana en competiciones internacionales, sino que también se dedicó a formar a nuevas generaciones como profesora, enseñando el valor de la perseverancia.
“Esa mujer que un día levantó el nombre de Cuba camina invisible entre nosotros”, lamentó Sosa Tamayo, quien además relató el impacto emocional que le produjo el encuentro.
“Sentí el alma apretada y lo único que pude hacer fue dejarle en las manos todo lo que llevaba. Poco, sí, pero fue mi forma de decirle: no estás sola”, recalcó el activista.
El caso provoca indignación en redes sociales, donde los usuarios exigen una respuesta de las autoridades, especialmente del INDER, ante lo que consideran otro ejemplo del abandono estatal hacia figuras que en su momento fueron motivo de orgullo nacional.
“Aleida necesita nuestra ayuda ahora mismo: un mensaje, un plato de comida, una visita, un gesto. Lo que sea, pero algo”, concluyó el activista.
En la sección de los comentarios, Sosa expresó también: “¿Qué significa para ti la verdadera gloria: las medallas o la humanidad que damos a los demás?”, invitando a los internautas a reflexionar.
El caso de Palomo no es un hecho aislado. En distintas ciudades de Cuba, otras historias reflejan el mismo abandono que sufren quienes un día fueron pilares de la educación y la formación de valores.
Recientemente, un Sosa encontró a su antiguo profesor de Química viviendo solo y enfermo en un local deteriorado, tras años de servicio a la enseñanza sin recibir el apoyo institucional que necesitaba.
Días atrás se conoció también la historia de un profesor universitario jubilado que sobrevive vendiendo productos en la calle para poder comer.
Su testimonio, cargado de resignación, evidenció cómo los educadores que durante décadas contribuyeron al desarrollo del país hoy enfrentan la vejez sin pensión suficiente ni respaldo del Estado.
Otro caso conmovedor es el de Juan Bautista, un maestro de ciencias que también fue compositor, hoy sumido en la pobreza y olvidado por las instituciones.
Su historia resume el destino de muchos profesionales que, tras años de entrega y talento, acaban viviendo al margen, sin reconocimiento ni cuidados básicos.
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