“Si preguntas de dónde sale la comida, te mueres de hambre”: Así sobreviven los cubanos en la economía informal

Abdiel, Renán y Diana representan cómo los cubanos sobreviven al margen de la legalidad, en un sistema donde la economía informal suple lo que el Estado ya no garantiza.

Cría de cerdos en Cuba (Imagen de referencia) © CiberCuba
Cría de cerdos en Cuba (Imagen de referencia) Foto © CiberCuba

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Vender pizzas sin licencia, criar cerdos sin papeles o preparar croquetas antes de ir al hospital son formas cotidianas de sobrevivir en una Cuba sostenida por la economía informal.

La vida cotidiana en Cuba depende en gran medida de la economía informal, y ante un Estado que no garantiza alimentos, insumos ni servicios básicos, las familias se sostienen gracias a prácticas al margen de la legalidad.

Así lo denunció Food Monitor Program (FMP), un proyecto de monitoreo de la inseguridad alimentaria en Cuba, a través de un hilo en la red X donde retrata la realidad de tres ciudadanos cubanos.

Abdiel es productor porcino. No tiene papeles, opera en la clandestinidad porque el Estado no le garantiza piensos ni materiales básicos para criar animales.

Legalizarse —asegura— lo expondría a impuestos abusivos, controles arbitrarios e inspecciones diseñadas, según él, “para quitarte los animales”.

Por otra parte, contó que invierte 8,000 y 12,000 pesos en comida y medicinas para la crianza, y recibe entre 10,000 y 20,000 pesos, dependiendo de la raza del animal.


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“Esto no es fácil: no duermes evitando los robos, no descansas buscándoles sarchoco (comida), y siempre estás atrás del animal. Pero de ahí comemos todos”, subrayó a FMP.

Renán trabajaba como pizzero hasta que perdió su licencia por comprar harina sin procedencia legal, una práctica extendida entre trabajadores del sector gastronómico ante la inexistencia de un mercado mayorista.

Lo mismo con el queso y el aceite, materiales que consigue en el mercado negro, con “contactos” en panaderías.

En ese sentido, sentenció: “Si te pones a preguntar de dónde sale cada cosa, te mueres de hambre, porque nadie te vende”.

Para completar el panorama, él madruga para poder hornear sus pizzas según los horarios de los apagones, usando carbón o electricidad cuando está disponible.

Diana es doctora, su salario no alcanza para mantener a sus padres jubilados, así que antes de ir al hospital prepara croquetas caseras que luego vende a domicilio.

Su rutina es bastante agotadora: cocina con lo que tenga a la mano—huesos de res, pollo, cerdo o cabeza de pescado—, mezcla con harina del mercado negro y sazona con lo que haya en casa.

Además, subrayó que para una actividad tan pequeña y local no vale la pena sacar una patente, porque “sería más gasto que ingreso”.

Forma los paquetes de ocho croquetas y los vende a unos 400 pesos. Para colmo de males, no puede guardar la mercancía a causa de los apagones que impide una refrigeración apropiada, de ahí que se convierte en una "esclava" de la rutina.

Las historias de Abdiel, Renán y Diana confluyen en un punto común: la economía informal como única alternativa funcional de supervivencia.

Según FMP, representan tres rostros distintos de la creatividad y la autonomía para apenas sobrevivir, en un país asfixiado por la precariedad, la burocracia y el miedo.

Sus testimonios revelan cómo los cubanos sobreviven en la economía informal sin cuestionar la procedencia de alimentos que compran, revenden o transforman, ante la ausencia del Estado.

En los últimos meses, la vida en Cuba se ha vuelto aún más difícil, marcada por la escasez, los apagones y una inflación que empuja a miles de personas hacia la economía informal.

Diversos reportes reflejan que la población percibe que la situación actual es incluso peor que la del Período Especial, con una pérdida generalizada del poder adquisitivo y un desabastecimiento que alcanza todos los sectores.

Recientemente, las largas jornadas sin electricidad y la falta de combustible agravaron la crisis.

Según testimonios recogidos sobre el peor verano en años, el calor insoportable, los cortes eléctricos y la represión ante las protestas vecinales han convertido el día a día en una experiencia límite para muchas familias cubanas.

La desesperación también se refleja en historias que estremecen. En Santiago de Cuba, un niño se vio obligado a vender pastillas de pollo para ayudar a su madre a sostener el hogar, un hecho que retrata la magnitud de la crisis alimentaria y el deterioro del tejido social en la isla.

Mientras tanto, ciudadanos comunes intentan sobrevivir con lo poco que tienen. Una cubana mostró el contenido vacío de su refrigerador para evidenciar la precariedad que enfrenta la mayoría de los hogares, donde escasean la carne, los lácteos y hasta los condimentos básicos.

Preguntas Frecuentes sobre la Economía Informal en Cuba

¿Cómo afecta la economía informal a la vida cotidiana en Cuba?

La economía informal es fundamental para la supervivencia en Cuba debido a la incapacidad del Estado para garantizar alimentos y servicios básicos. Muchas familias dependen de actividades no reguladas para subsistir, lo que genera una economía paralela que suple las carencias del sistema oficial.

¿Por qué los cubanos recurren a la economía informal?

Ante la falta de recursos proporcionados por el Estado, los cubanos recurren a la economía informal para cubrir sus necesidades básicas. La informalidad es una respuesta a la precariedad y al control estatal excesivo, que impone impuestos abusivos y restricciones que dificultan la actividad económica formal.

¿Qué desafíos enfrentan quienes participan en la economía informal en Cuba?

Quienes participan en la economía informal enfrentan riesgos de inspecciones y sanciones, además de desafíos cotidianos como los apagones y la inseguridad. La falta de acceso a recursos legales y la necesidad de operar en la clandestinidad complican su situación laboral y personal.

¿Cuál es el impacto del trabajo infantil en la economía informal cubana?

La crisis económica y la migración han incrementado la participación de niños y adolescentes en el trabajo informal, afectando su desarrollo. El trabajo infantil se ha normalizado como parte de una estrategia de supervivencia en un entorno de pobreza creciente y falta de oportunidades educativas y recreativas.

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