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El reciente incremento de las pensiones mínimas en Cuba, en vigor desde septiembre, ha vuelto a quedar neutralizado por la constante caída del valor del peso cubano en el mercado informal de divisas, donde el dólar y el euro han alcanzado nuevos máximos históricos.
El monto mínimo establecido por la Resolución 14/2025 —4,000 pesos cubanos (CUP)— equivale hoy a 8.9 dólares, 7.9 euros o 19 MLC, según las tasas informales vigentes este miércoles 8 de octubre.
Tasa de cambio informal en Cuba Miércoles, 8 Octubre, 2025 - 05:00
- Tasa de cambio del dólar (USD) a pesos cubanos CUP: 450 CUP
- Tasa de cambio del euro (EUR) a pesos cubanos CUP: 505 CUP
- Tasa de cambio del (MLC) a pesos cubanos CUP: 210 CUP
Este valor representa una reducción significativa en el poder adquisitivo de los jubilados, justo un mes después de haber recibido el aumento.
Si bien en julio, cuando se anunció la medida, el dólar se cotizaba a 385 CUP y el euro a 426 CUP, permitiendo que los 4,000 CUP equivalieran a más de 10 dólares, hoy esa misma pensión ha perdido más del 15 % de su valor real.
El ajuste beneficiaría, según cifras del primer ministro Manuel Marrero Cruz, a más de 1,3 millones de pensionados, el 79 % del total. De ellos, un 82 % vería duplicarse su pensión, mientras que el resto obtendría incrementos parciales hasta alcanzar los 4,000 pesos.
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Sin embargo, incluso este esfuerzo resulta insuficiente frente a la voracidad del mercado informal y la inflación desbocada que el gobierno de Miguel Díaz-Canel no consigue contener a pesar de sus muchos llamados “a producir” o sus patéticos esfuerzos por topar los precios.
Según estimaciones del Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC), se necesitan al menos 30,000 CUP mensuales para una alimentación básica. Es decir, la pensión mínima apenas cubre una séptima parte de esa canasta, sin contar medicamentos, transporte o servicios.
El contraste con el precio real de los productos esenciales agrava el panorama. Un litro de aceite puede costar más de 3,500 CUP; la leche en polvo y el pollo se comercializan en MLC o dólares; y los mercados en pesos, desabastecidos, obligan a los jubilados a acudir al sector informal, donde los precios fluctúan al ritmo de las divisas.
La moneda nacional, sin respaldo ni estabilidad, ha perdido casi 70 CUP frente al dólar y casi 80 CUP frente al euro desde julio. Esta depreciación constante significa que cada semana que pasa, el valor real de las pensiones se reduce, haciendo inútiles los esfuerzos del gobierno por “proteger a los sectores vulnerables”.
El vicepresidente Salvador Valdés Mesa lo admitió abiertamente: “Con un salario medio de 6,000 CUP no se vive”. Mucho menos con una pensión que apenas roza los 9 dólares mensuales.
En la práctica, los jubilados en Cuba sobreviven gracias a la ayuda familiar desde el exterior o la economía informal. Sin remesas, la vejez se convierte en una trampa de pobreza crónica.
El mercado informal sigue marcando la pauta económica real en el país. En solo diez días, el dólar ganó otros 30 CUP y el euro subió 27.5 CUP, confirmando la pérdida acelerada del poder adquisitivo del CUP. Este comportamiento desbarata cualquier intento del régimen por estabilizar el ingreso real de los cubanos.
Si esta tendencia se mantiene, los jubilados verán reducir aún más el valor de su pensión en los próximos meses. Las proyecciones apuntan a un dólar por encima de los 470 CUP para diciembre, y un euro por encima de los 530 CUP, lo que podría dejar la pensión mínima en apenas 8.5 dólares o menos.
En medio de este panorama, el discurso oficial sobre “no dejar a nadie atrás” suena cada vez más desconectado de la realidad. Los adultos mayores que entregaron su vida al proyecto revolucionario enfrentan hoy su vejez en condiciones de abandono, con pensiones simbólicas que no alcanzan para vivir.
La brecha es aún más escandalosa al observar cómo los recursos nacionales se concentran en conglomerados controlados por la élite militar, mientras los jubilados deben hacer colas interminables para cobrar una pensión que apenas equivale a unos pocos dólares, convirtiéndose en una evidencia irrefutable del fracaso económico estructural del modelo socialista cubano.
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