Díaz-Canel se refugia en la propaganda rusa: "RT dice verdades que otros esconden"

El elogio de Díaz-Canel al medio de comunicación estatal ruso es, en última instancia, el reconocimiento de que su modelo de comunicación es el mismo que el de Putin: una prensa dócil, sin fiscalización, dedicada a construir enemigos externos y ocultar las crisis internas.

Miguel Díaz-Canel Foto © Captura de video X / @DiazCanelB

El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel felicitó públicamente al canal estatal ruso RT (Russia Today) por su vigésimo aniversario, en un video grabado y difundido en sus redes sociales.

Entre gestos ensayados y un sorbo a una taza con el logo del medio, el también primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) afirmó que le “gusta RT porque dice verdades que otros esconden” y porque “respeta a Cuba”.

El mensaje, cuidadosamente montado, encaja en la alianza comunicativa entre los regímenes de La Habana y Moscú: una red de propaganda que se retroalimenta para legitimar regímenes autoritarios y desinformar al mundo.

Fundado en 2005 y financiado directamente por el Kremlin, RT se ha convertido en una de las principales herramientas mediáticas de influencia global de Rusia. Luego de un acuerdo alcanzado en 2018, poco antes de la llegada de Díaz-Canel a Palacio, RT comenzó a emitir en Cuba en marzo de 2020.

Su misión declarada —ofrecer una mirada “alternativa” a la prensa occidental— contrasta con las conclusiones de múltiples informes internacionales que la acusan de manipular información, difundir teorías conspirativas y actuar al servicio de los intereses de Vladimir Putin.

Tras la invasión de Ucrania en 2022, la Unión Europea sancionó y prohibió la transmisión de RT por considerarla una “amenaza directa a la seguridad y al orden público”, mientras que Estados Unidos y otras democracias occidentales la incluyeron en listas de entidades vinculadas a la desinformación estatal rusa.


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Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras (RSF) y Human Rights Watch la señalan como una “máquina de propaganda” diseñada para erosionar la confianza en los medios libres y promover narrativas favorables al Kremlin.

Pese a ese historial, Díaz-Canel no solo felicitó al medio, sino que lo definió como “honesto” y “valiente” por “decir las verdades incómodas a los grandes poderes mundiales”. Una afirmación que suena irónica, viniendo de un gobernante que encabeza uno de los países con menor libertad de prensa del planeta.

Según RSF, Cuba ocupa el puesto 165 de 180 en el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2025, con un ecosistema mediático completamente controlado por el Partido Comunista. Los medios independientes son bloqueados dentro del país, sus periodistas son acosados, detenidos o forzados al exilio, y la ciudadanía no tiene acceso libre a información plural.

Las leyes sobre comunicación, reforzadas por el Decreto-Ley 35, penalizan la difusión de contenidos considerados “contrarios al interés del Estado”, incluso en redes sociales.

Por su parte, Rusia figura en el puesto 171 de 180 en el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2025 de RSF, reflejo de un sistema donde la censura, la represión y la propaganda estatal sustituyen al periodismo libre.

Bajo el control del Kremlin, casi todos los medios independientes han sido clausurados o declarados “agentes extranjeros”, y los periodistas críticos enfrentan persecución, exilio o prisión por difundir información considerada “falsa” sobre el ejército o el gobierno.

Así como RT actúa como vocero de Putin en el exterior, el sistema de prensa cubano funciona como un altavoz del poder político, donde no hay lugar para la crítica ni para el periodismo de investigación. Ambos regímenes utilizan el discurso de la “soberanía informativa” para justificar la censura y atacar a los medios libres, acusándolos de “instrumentos del imperialismo”.

La afinidad entre La Habana y Moscú no es solo ideológica o económica, sino comunicacional: ambos comparten la convicción de que controlar el relato equivale a controlar la realidad.

En Cuba, la señal de RT en español se emite 24 horas al día en la televisión estatal, un privilegio que ningún medio cubano independiente ha tenido jamás. Mientras los periodistas libres deben esquivar bloqueos, amenazas y apagones digitales, el aparato de propaganda del Kremlin goza de total visibilidad en la isla.

El elogio de Díaz-Canel a RT es, en última instancia, una confesión política: el reconocimiento de que su modelo de comunicación es el mismo que el de Putin. Una prensa dócil, sin fiscalización, dedicada a construir enemigos externos y ocultar las crisis internas.

En tiempos en que el acceso a la verdad se ha vuelto un acto de resistencia, las palabras del gobernante cubano revelan algo más que admiración por un canal extranjero. Reflejan la obsesión del poder totalitario por controlar la narrativa, aunque para ello tenga que refugiarse, sin pudor, en la propaganda rusa.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.




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