La historia de Pilar, una anciana del poblado de Juan Vicente, en el municipio de Mayarí, Holguín, que pasó días viviendo entre los escombros de su casa destruida por el huracán Melissa, ha conmovido a cientos de cubanos dentro y fuera de la Isla.
Tras viralizarse un video que mostraba las condiciones en que sobrevivía, sin techo ni alimentos, comenzó una ola de solidaridad ciudadana que finalmente logró sacarla de aquel escenario de ruina y abandono.
Según informó la usuaria Yanesita Díaz en el grupo de Facebook Revolico Mayarí, Pilar ya fue acogida temporalmente por una familia en el propio municipio.
"Ya está en Mayarí, en la casa de Leo CH. Preguntar por Celina, vive por el joven club de computación, una casa morada de placa, para todo el que quiera ir a visitar y ayudar. Estará ahí hasta que se le compre su casita", escribió Yanesita, agradeciendo el apoyo recibido.

El músico Leo CH, uno de los impulsores de la campaña solidaria, confirmó que están gestionando la compra de una casa nueva para la anciana.
Lo más leído hoy:
"Familia de Juan Vicente y Mayarí, ya estamos a punto de comprarle la casa a Pilar, solo que el dueño dé el sí. De todas formas, si hay otra en venta, me tiran para acá", publicó en su cuenta de Facebook.
Una red de apoyo entre cubanos
Días atrás, Yanesita Díaz le llevó donaciones y alimentos a Pilar en la zona donde vivía bajo los restos de su vivienda.
"Cada aporte representa esperanza para quien lo ha perdido todo. Hoy con Pilar en la zona de Juan Vicente Loma, Mayarí. Un acto lleno de amor. Únete", pidió Díaz, acompañando su mensaje con fotos del momento.
La solidaridad ha suplido -una vez más- el vacío de las instituciones estatales.
El caso de esta señora no es un hecho aislado, sino una muestra del abandono en que han quedado miles de cubanos tras el paso del huracán Melissa en oriente, donde las lluvias torrenciales provocaron inundaciones masivas y crecidas de ríos que arrasaron casas y caminos.
Aunque el gobierno aseguró que "nadie quedará desamparado", la realidad en el terreno muestra otra cosa: la ayuda estatal ha sido lenta, insuficiente y, en muchos casos, inexistente.
La vida entre ruinas
En el video que dio origen a esta campaña, Pilar aparecía llorando entre los restos de su vivienda de madera y zinc.
"¿Dónde yo voy a vivir, mija, a dónde? Yo me paso el día entero llorando al ver las condiciones en que estoy", decía, mientras dos jóvenes le entregaban una pequeña ayuda económica para que pudiera comprar algo de comida.
"Yo hoy no compré almuerzo. Yo veo mi casita así, yo no duermo", confesaba la anciana.
El huracán Melissa dejó una estela de destrucción en toda la región oriental: casas arrasadas, caminos intransitables y cosechas perdidas.
Sin embargo, la tragedia más profunda no es la fuerza del viento ni del agua, sino la incapacidad del Estado para responder ante la emergencia.
En un país donde los salarios apenas alcanzan para sobrevivir, reconstruir una vivienda es una tarea imposible sin ayuda externa o solidaridad entre vecinos.
Mientras la televisión estatal repite mensajes de "unidad y recuperación", son los propios cubanos quienes se organizan desde las redes sociales para ayudar a los suyos, recaudando dinero, materiales o alimentos.
El caso de Pilar es un ejemplo de cómo la compasión popular suple la ineficiencia del gobierno, pero también una advertencia de que la pobreza y la desprotección se han convertido en la norma para miles de familias.
Pilar, al menos, ya no duerme entre los escombros.
Pero su historia sigue siendo el reflejo más crudo de una Cuba devastada, donde sobrevivir depende más de la bondad de otros que de la acción de un Estado ausente.
Archivado en: