Una cadena para “El Rey del Reparto”

El reguetonero Chocolate MC fue hallado culpable por un jurado de lanzar amenazas directas contra Damián Valdez Galloso, acusado del asesinato de El Taiger, y se enfrenta a la posibilidad de ser condenado a cadena perpetua en Estados Unidos.

Juicio a Chocolate MC Foto © Captura de Instagram/javierdiaz_tv

Las prendas, y particularmente las cadenas de oro pendiendo en el cuello de cualquier cubano, se volvieron, desde hace tiempo, en un sello indiscutible de una “identidad no oficial”. No sólo en el área caribeña, sino también en gran parte del mundo. “Ese que va ahí, ¿lo ves?, de seguro es cubano”, acuñan muchos al ver pasar a un paisano ataviado con las populares prendas, y también al escucharlo hablar o quizás caminar.

También desde hace muchas décadas atrás las personas las recibían como parte de una herencia generacional o las ostentaban como un símbolo de haber alcanzado un estatus social superior. Una inversión que gritaba a los cuatro vientos: “Yo tengo dinero”. Y no necesariamente la persona debía pertenecer o criarse en el bajo mundo o ser una celebridad de barrio al estilo Yarini para portarlas. La diferencia muchas veces estaba en llevarlas discretamente dentro de las ropas o por fuera, para que todos las vieran.

Las cadenas hechas con el precioso metal han identificado y también metido en problemas, tanto a reyes famosos de la Historia como a más de un carnicero de barrio en Cuba, destronado de su imperio del pollo congelado e inyectado con agua en algún “Plan Maceta”. Las cadenas “hablan”, a veces más que la propia lengua. Y la lengua, “la lengua habla y se esconde… y el cuerpo sufre”, reza un popular refrán.

Eso fue antes, pero en la época moderna los artistas urbanos, principalmente los estadounidenses, comenzaron con esta nueva oleada -como los nuevos “reyes”-, en la cual pareciera o parece aún que emulan no sólo por premios en ventas discográficas, sino por el galardón a la cervical humana más robusta y entrenada. Y entre más cara sea la joya, más piedras preciosas contenga, más pese en kilogramos, mejor diseño original tenga… más sofisticadas y caras son. Cuestan fortunas. Nadie lo dude. A veces el trabajo de toda una vida. Ojo con eso. A veces no una vida, pueden ser dos, tres o muchas vidas. Hasta representar un trabajo perpetuo.

Actualmente existe también un gremio exclusivo de joyeros especializados en convertir la idea del “artista” en una realidad. Por supuesto que en esta “corriente” también entraron los exponentes de la música urbana y caribeña, y en especial los cubanos, quienes ya tenían una escuela bastante desarrollada en el tema cadenero y cuentan, además, con dos sitios donde las prendas cobran una especial notoriedad: La Habana y Miami. Dentro de todos estos llamados “artistas de la calle”, nos centraremos en los llamados “reparteros” y a su vez, de todos ellos, en uno en especial, aquel que se autodenominó y que muchos de sus seguidores conocen como Chocolate MC, “El Rey del Reparto”, quien también presumió esas llamativas cadenotas. 

Ascenso y caída de un monarca 

Existen reyes que ascienden al poder por derecho propio, esos que son impuestos por monarquía y sus sillas heredadas por sangre. Otros que son autoproclamados, y muchas veces terminan convertidos en los peores dictadores. Aprovechando sus méritos propios o la identificación de sus seguidores (followers) con el estilo de vida en su reinado. Mandando a cortar cabezas ajenas a diestra y siniestra. Pensando en que no caerán jamás y que no habrá consecuencias.


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El cubano que hoy todos conocemos por su nombre artístico, que identifica a un derivado del cacao producido en el Oriente cubano, comenzó un “legado” digno de guión para una película. Con una historia musical de dudosa de calidad para muchos, surgida en un entorno difícil y marginal, y tras confiar en su propio talento, Chocolate alcanzó la fama, entre admiradores y detractores. Pero con ella también llegaron las drogas, el exacerbado ego, la adulación de los otros, las malas compañías, el pésimo comportamiento social, las entradas y salidas de la cárcel como si fueran sus aposentos de palacio. Y en medio de ello, “la plebe” alrededor mirando, mirando y dejando, riendo. Porque siempre habrá algunos bufones aplaudiendo y disfrutando “las gracias” del monarca. 

Desde hace un tiempo su feudo pasó de ser un estudio clandestino de grabaciones en Cuba o legal en Miami a la tarima que brinda un “smartphone” cargado de aplicaciones para tejer redes sociales, donde podía sin piedad ni mesura vociferar y externar sus pensamientos sin límites. Y ahí llegó el gran problema para este “rey”. Porque cuando percibió que su reino del reparto cubano en la Isla se había hecho pequeño y chocaba con las leyes del gobierno y también con las no escritas de la calle, entonces sintió que necesitaba otras tierras, más tierras, con otras leyes. Confundió la libertad con el libertinaje revolucionario francés y creyó, además, que no habría consecuencias al lidiar con sus rivales, usando lo que tenía en la mano para amenazar o demostrar su poder. El teléfono.

No es lo mismo sentirse poderoso que tener poder. Olvidó también que lo que subes a redes ahí permanece. Nadie le dijo que, en otras tierras, otras leyes, también otro estado de derecho. O tal vez le dijeron, pero hizo caso omiso. Actitud típica de todos los monarcas en su trono. Hoy muchos se lamentan de que un jurado lo halló culpable y que pidan para él una de las cadenas más odiadas, la que luce sin brillo, la que te opaca la vida: la perpetua. 

Chocolate MC y el resto de los llamados artistas urbanos están aprendiendo hoy una dura lección de vida. Es como leer un odiado pergamino, desenrollado y clavado en la pared, que explica cómo un teléfono puede meterte en un gran problema. Una moraleja con la cual logras entender que, ahora, ni siquiera tienes que cuidarte de tus supuestos enemigos del “género”, sino de ti mismo. De tus propias acciones, de tus propias palabras. No hubo traiciones ni conspiraciones alrededor del soberano.

Empatía hacia él. Por supuesto que la hay. Este es un joven cubano, el cual puede languidecer en el sistema carcelario estadounidense de por vida. Es hijo de alguien, hermano, padre, amigo, con una popularidad notoria; que también le ha entregado alegría a muchas personas que lo siguen a través de su música, tanto emigrados como en la Isla. Pero para quienes integran el sistema penal de Estados Unidos no es relevante; allí sí es importante tu “récord” de comportamiento social, no las veces que hiciste bailar o perrear a la gente. Si amenazas y mandas a matar a alguien prometiendo una recompensa de por medio es un delito real, aunque lo hagas jugando o “inflando” en el mundo virtual. Y lo que pareciera una broma pesada, una locura, una payasada, se toma muy en serio.

Dios salve al Rey 

El curso de la historia nunca se detiene y no nos queda claro aún quién será su heredero. Los seguidores se preguntan si saldrá vivo el rey de esta brutal campaña legal. Añoran verlo, como otras tantas veces, en las cuales emergió victorioso y prometió un nuevo comienzo. Lo cierto es que aún le faltan muchos otros escarceos o cruentas y costosas apelaciones por librar; pero también seamos honestos: el terreno se observa sangriento y desfavorable para Su Majestad. 

Se cuenta desde la antigüedad que ante grandes problemas, los hombres, y en especial los reyes, acudían a los dioses para hallar soluciones. También lo hemos visto aquí. En los últimos días de encarcelamiento, el propio “monarca repartero” ha estado dando muestras de querer ser salvado por El Supremo. Quieren él y también sus “seguidores” previo a la sentencia definitiva del juez, que “Dios salve al Rey". 

Pero mucho antes de que ocurra la deseada intervención divina o se haga realidad la esperanza de que el juez tenga en cuenta los antecedentes de adicciones y problemas de salud mental alegados por la defensa, la dureza de la lección deja un camino claro para la nueva generación de “artistas urbanos” y también para el resto de los mortales: 

Si usted no tiene la suficiente preparación profesional y cultural o una adecuada inteligencia emocional, una vez que alcance la fama o el reconocimiento popular, entonces debe aprender conscientemente a ser “manejado” o entregar su imagen pública bajo contrato a un especialista en la materia para las redes sociales, y evitar, con ello, convertirse en un prisionero de sus propias palabras. Es una condición insoslayable en estos tiempos.

Una vez que acceden al trono y les ponen las llamativas cadenas doradas en el cuello a estos nuevos “reyes”, deben levantar la vista y observar hasta dónde llegan los verdaderos límites virtuales y físicos de sus reinos, y si son inteligentes, nunca deberán enojarse con sus consejeros cuando estos se les acerquen y les digan: Majestad, por favor, suelte en este momento su cetro o, mejor dicho, su teléfono.

Preguntas frecuentes sobre el caso de Chocolate MC

¿Quién es Chocolate MC y por qué es conocido como "El Rey del Reparto"?

Chocolate MC es un artista urbano cubano conocido por su estilo musical "reparto". Se ha autoproclamado "El Rey del Reparto" gracias a su popularidad en la escena musical cubana y su influencia en el género. Sin embargo, su vida personal ha estado marcada por controversias legales y problemas con la justicia, lo que ha afectado su carrera y reputación.

¿Cuál ha sido el impacto de las redes sociales en la vida de Chocolate MC?

Las redes sociales han tenido un impacto significativo en la vida de Chocolate MC, tanto positiva como negativamente. Aunque le han permitido alcanzar un mayor público y seguidores, también han sido la plataforma donde ha cometido errores que lo han llevado a problemas legales. Su uso imprudente de estas plataformas ha evidenciado la importancia de manejar la imagen pública con cuidado.

¿Qué lecciones pueden aprender otros artistas urbanos del caso de Chocolate MC?

Los artistas urbanos pueden aprender la importancia de la inteligencia emocional y el manejo responsable de su imagen pública. Es crucial que los artistas, una vez alcanzada la fama, busquen asesoría profesional para evitar que sus acciones y palabras en las redes sociales se conviertan en un problema legal o personal. El caso de Chocolate MC destaca cómo una mala gestión de la fama puede tener consecuencias graves.

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