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Un informe del Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC) publicado este lunes sacude las cifras oficiales sobre la actual crisis sanitaria que atraviesa Cuba.
El estudio estima que al menos 8,700 personas habrían fallecido por arbovirosis como el dengue, el chikungunya y el virus oropouche.
Se trata de una cifra 185 veces superior a los 47 decesos que había reconocido el Ministerio de Salud Pública de Cuba (MINSAP) hasta mediados de diciembre (aunque posteriormente esa cifra fue actualizada a 55).
“Mienten de nuevo, como lo hicieron cuando el COVID-19”, denuncia el documento, que acusa al Estado cubano de ocultar deliberadamente la magnitud de la tragedia.
Una estimación basada en cifras oficiales y criterios internacionales
Paradójicamente, las proyecciones del OCAC se basan en datos reconocidos por las propias autoridades cubanas, como el porcentaje de contagios.
El director nacional de Epidemiología, Dr. Francisco Durán, admitió en televisión que un 30% de la población -alrededor de 2,9 millones de personas- había enfermado durante la sindemia.
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A partir de esta cifra, el informe estima tres escenarios de letalidad:
Escenario A (letalidad baja, 0.1%): 2.900 fallecimientos, cifra 61 veces mayor que la oficial inicial.
Escenario B (letalidad moderada, 0.3–0.5%): entre 8.700 y 14.500 muertes. Este es el escenario que el informe considera más realista para Cuba, dada la saturación hospitalaria y las condiciones de malnutrición y coinfección.
Escenario C (letalidad alta, 1%): hasta 29.000 muertes en el peor contexto imaginable.
“Lo que es imposible es que se reduzcan a los 47 fallecidos que reconoce oficialmente el gobierno cubano hasta mediados de diciembre. La realidad sería, como mínimo, 185 veces mayor”, sostiene el informe.
El sistema sanitario: Cifras del derrumbe
Los datos ofrecidos en el informe retratan una estructura sanitaria en ruinas, producto de años de subinversión y priorización de otros sectores, especialmente el turismo, manejado por el conglomerado militar GAESA:
-Entre 2021 y 2024, Cuba perdió más de 30,000 médicos y 15,000 enfermeros.
-Se eliminaron más de 7,000 camas hospitalarias.
-Hasta enero de 2025, el 64% de los medicamentos que debía entregar BioCubaFarma no estaban disponibles.
-La falta de jarabes pediátricos, soluciones intravenosas, reactivos y antipiréticos ha convertido los policlínicos en estructuras inoperantes.
La atención médica, según múltiples testimonios recogidos, se limita a diagnósticos generales sin capacidad real de confirmación ni tratamiento: el “síndrome febril inespecífico” se ha convertido en el cajón de sastre que oculta la verdadera naturaleza del brote.
Manipulación estadística: la muerte invisible
El OCAC documenta prácticas sistemáticas de subregistro y manipulación de los certificados de defunción.
Profesionales sanitarios entrevistados explican que reciben indicaciones para no consignar las infecciones virales como causa antecedente, lo que borra cualquier huella de las arbovirosis en las estadísticas oficiales.
“Eso es lo que debería hacerse por una cuestión elemental de ética. El objetivo real es distorsionar las estadísticas epidemiológicas”, afirmó uno de los médicos entrevistados.
Este mecanismo ya fue denunciado durante la pandemia de COVID-19, y ahora se repite con la sindemia actual. El resultado es una percepción pública distorsionada y una respuesta estatal tardía o nula.
El entorno perfecto para una epidemia devastadora
El informe también señala el entorno ambiental y social como un factor agravante decisivo.
La acumulación crónica de basura, la proliferación de focos de mosquitos, los apagones prolongados, la escasez de agua y la precariedad alimentaria han creado las condiciones perfectas para la propagación viral.
En La Habana, más del 30% de la basura no se recoge y permanece en las calles generando criaderos.
Solo el 15% de la población cubana logra tres comidas diarias, según estimaciones del OCAC.
La inflación, la desnutrición y el estrés sostenido han debilitado el sistema inmunológico colectivo.
“La enfermedad se ha extendido no solo porque el virus está presente, sino porque encontró un país colapsado en todos los sentidos”, sentenció uno de los especialistas entrevistados.
Secuelas invisibles, discapacidad sin tratamiento
Más allá de las muertes, el OCAC alerta sobre las secuelas duraderas del chikungunya, que pueden incluir artralgias crónicas, fatiga severa, dificultades respiratorias y daños neurológicos.
En otros países, estas consecuencias se abordan con fisioterapia, analgésicos específicos y atención multidisciplinaria.
En Cuba, esas herramientas no existen. El resultado: personas jóvenes quedan discapacitadas sin rehabilitación, sin medicación y sin recursos económicos para enfrentar el sufrimiento cotidiano.
“Personas en edad laboral quedan parcial o totalmente incapacitadas sin acceso a bajas médicas prolongadas, pensiones por invalidez ni terapias de recuperación”, resume el informe.
Testimonios que desmienten al Estado
El informe entrelaza datos técnicos con historias personales que contradicen la narrativa oficial:
-En Ciego de Ávila, Isiel Díaz Vera, un joven sano, murió tras complicaciones respiratorias asociadas al virus. Nunca fue contado como víctima.
-En Holguín, una mujer de 42 años murió mientras esperaba una ambulancia que nunca llegó.
En La Habana, una madre relata: “Nos pasamos todo octubre enfermos. Primero el niño, después mi esposo, después yo. Nadie nos atendió, pero terminamos bien. Otros no tuvieron esa suerte”.
Conclusión: Una crisis de salud como reflejo del colapso del Estado
Para el Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana, la emergencia sanitaria es el reflejo más visible del colapso estructural del sistema político y económico cubano.
No se trata de un evento accidental, sino de una catástrofe construida por decisiones deliberadas, por la indiferencia hacia el sufrimiento ciudadano y por una cultura institucional que prioriza la propaganda sobre la vida humana.
“Los verdaderos logros del modelo cubano no son hospitales ni estadísticas, sino el silenciamiento sistemático de las víctimas”, concluye el documento.
Mientras el gobierno insiste en que las arbovirosis “se reportan de forma estable” y que la letalidad es baja, los datos, los testimonios y la realidad en los barrios cuentan una historia mucho más oscura, trágica y silenciada.
Preguntas frecuentes sobre la crisis sanitaria de arbovirosis en Cuba
¿Cuántas personas han muerto realmente por arbovirosis en Cuba?
El informe del Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC) estima que al menos 8,700 personas han fallecido a causa de arbovirosis, como el dengue, el chikungunya y el virus oropouche. Esta cifra contrasta fuertemente con las 55 muertes reconocidas oficialmente por el Ministerio de Salud Pública de Cuba (MINSAP) hasta mediados de diciembre de 2025. El régimen cubano ha sido acusado de ocultar la magnitud real de la crisis sanitaria.
¿Cómo se ha visto afectado el sistema de salud cubano por la crisis de arbovirosis?
El informe del OCAC revela que el sistema de salud cubano está en ruinas debido a años de subinversión y priorización de otros sectores, como el turismo. Entre 2021 y 2024, Cuba perdió más de 30,000 médicos y 15,000 enfermeros, y se eliminaron más de 7,000 camas hospitalarias. Además, hasta enero de 2025, el 64% de los medicamentos que debía entregar BioCubaFarma no estaban disponibles, lo que ha dejado a los policlínicos sin capacidad de tratamiento efectivo para las enfermedades virales.
¿Qué prácticas de ocultamiento utiliza el gobierno cubano respecto a las muertes por arbovirosis?
El OCAC documenta prácticas sistemáticas de subregistro y manipulación de los certificados de defunción en Cuba. Profesionales sanitarios han recibido indicaciones para no consignar las infecciones virales como causa antecedente, borrando así cualquier huella de las arbovirosis en las estadísticas oficiales. Esta manipulación impide que la población conozca la magnitud real de la crisis sanitaria y afecta la percepción pública de la situación.
¿Cuál es el impacto social y ambiental en la propagación de arbovirosis en Cuba?
El informe del OCAC señala que la acumulación crónica de basura, la proliferación de mosquitos, los apagones prolongados y la precariedad alimentaria han creado un entorno propicio para la propagación viral en Cuba. Solo el 15% de la población cubana logra tres comidas diarias, lo que debilita el sistema inmunológico colectivo. Esta situación, junto con la falta de recursos y atención médica, ha exacerbado la crisis de salud en el país.
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