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Cuba despide el 2025 casi a oscuras. Tras un año de apagones y crisis, el país llega al fin de año con la esperanza agotada. Las promesas del gobierno se desvanecen mientras millones de cubanos enfrentan las fiestas sin luz, sin comida suficiente y con el futuro cada vez más incierto.
El 2025 quedará como uno de los años más oscuros de la última década. Los apagones se extendieron por casi todo el país, con cortes de más de 20 horas al día y un déficit de generación que superó los 2.000 megawatts. Ni siquiera La Habana escapó: hubo días con más de 12 horas sin electricidad.
El gobierno culpó a las viejas termoeléctricas y a la falta de combustible, pero los cubanos saben que el problema es mucho más profundo. El ministro de Energía, Vicente de la O Levy, admitió que fue un año “muy difícil y tenso” y advirtió que en 2026 las afectaciones seguirán.
La crisis eléctrica vino acompañada del colapso económico. El dólar cerró el año en unos 435 pesos, el euro superó los 480 y el MLC rondó los 410 en el mercado informal. La inflación disparó los precios de los alimentos básicos, dejando a las familias al borde del hambre. En Holguín, un saco de carbón llegó a costar 1.400 pesos en plena ola de apagones.
Mientras los salarios siguen congelados, las remesas y el trueque son la única tabla de salvación. Cada alza del dólar o del euro refleja no solo el valor real de la moneda, sino la desesperanza de un país sin rumbo económico.
El discurso oficial insiste en que “resistir es vencer”, pero la gente ya no lo cree. Las redes sociales se llenan de críticas y sarcasmos cada vez que un funcionario promete mejoras. Cuando el primer ministro, Manuel Marrero, anunció más de mil millones de dólares para reparar el sistema eléctrico, la reacción fue inmediata: “O sobran ceros o faltan megawatts”, escribió un usuario.
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Mientras el diario Granma celebra “victorias de la Revolución”, la mayoría solo ve más oscuridad. Las redes se han convertido en el verdadero termómetro del país: un espacio donde los cubanos expresan cansancio, ironía y un deseo profundo de cambio.
El apagón cubano ya no es solo eléctrico: es también moral y político. Cada noche sin luz simboliza un modelo agotado, un sistema que perdió la energía y la confianza de su pueblo. Pero, incluso en medio de la oscuridad, la solidaridad y el ingenio de los cubanos mantienen encendida una chispa de esperanza. Esa llama, cada vez más débil, exige cambios reales antes de que el 2026 sea solo la prolongación de otra larga noche.
Preguntas Frecuentes sobre la Crisis Energética y Económica en Cuba en 2025
¿Por qué Cuba enfrenta una grave crisis de apagones en 2025?
La crisis de apagones en Cuba durante 2025 se debe a un déficit de generación eléctrica que superó los 2.000 megawatts, provocado por el deterioro de las infraestructuras energéticas, la falta de combustible y mantenimiento, y la ineficacia del gobierno en gestionar soluciones a largo plazo. Las termoeléctricas envejecidas y los problemas logísticos agravan la situación, dejando al país en una oscuridad prolongada.
¿Cómo afecta la crisis económica a los cubanos en su vida diaria?
La crisis económica en Cuba ha disparado la inflación y ha devaluado el peso cubano, llevando el dólar y el euro a máximos históricos en el mercado informal. Los precios de los alimentos básicos se han elevado drásticamente, y la escasez de recursos esenciales como el gas y el agua potable ha empeorado la calidad de vida de los cubanos, quienes a menudo deben recurrir a cocinar con leña o carbón.
¿Cuáles son las respuestas del gobierno cubano ante la crisis energética y económica?
El gobierno cubano ha hecho promesas de invertir en la reparación del sistema eléctrico y ha anunciado metas y programas para corregir distorsiones económicas. Sin embargo, estas promesas no han logrado materializarse en mejoras concretas. La falta de inversión real y las justificaciones continuas han generado escepticismo y desconfianza entre la población, que sigue enfrentando apagones y dificultades económicas.
¿Cómo reaccionan los cubanos ante la situación actual del país?
Los cubanos han expresado su frustración y descontento en redes sociales, utilizando estos espacios para criticar al gobierno y compartir sus experiencias diarias de apagones y escasez. Aunque la protesta social se mantiene contenida por el temor a represalias, la indignación y el deseo de cambio son palpables, reflejando un agotamiento generalizado frente a un sistema que consideran agotado y sin respuestas efectivas.
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