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Activistas y organizaciones humanitarias advierten que cientos de migrantes sobreviven en condiciones precarias en Tapachula, en la frontera sur de México, tras haber sido engañados con falsas promesas de trabajo y estabilidad.
Las autoridades y la Iglesia católica han mostrado preocupación por el aumento de grandes asentamientos en zonas parroquiales de la ciudad, donde se concentran migrantes de Centroamérica y el Caribe.
Muchos aseguran que fueron convencidos de viajar a Tapachula con la idea de encontrar empleo, pero al llegar enfrentan enormes dificultades para acceder a servicios básicos, alojamiento y documentación, reportó el canal Telemundo.
“Les dicen que aquí es un buen lugar para trabajar, pero no es así. Aquí sufren hambre, enfermedades y falta de oportunidades”, advirtió un residente en la zona.
Otro fenómeno que ocurre en esa ciudad del estado mexicano de Chiapas es que allí muchos migrantes, especialmente cubanos, han desaparecido en los últimos meses.
La víspera varias publicaciones en redes sociales recordaron que han pasado más de doce meses desde que alrededor de 40 migrantes -en su mayoría cubanos, pero también originarios de Honduras y Ecuador- desaparecieron en la costa del estado mexicano de Chiapas, sin que las autoridades ofrezcan respuestas claras sobre su paradero.
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Otro reporte señala que en la frontera sur, cientos de migrantes también viven atrapados, muchos de ellos desde hace más de un año, sin poder avanzar hacia el norte por la política migratoria de Donald Trump, ni regresar.
“Estas fechas son muy duras; muchos están en la calle o en estaciones migratorias, sin comida ni medios para celebrar”, dijo América Pérez, del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) en Tapachula.
Amin Sánchez Hernández, migrante hondureña que lleva dos años viviendo en Tapachula, aseguró a la agencia EFE que se ha adaptado, aunque reconoce las dificultades: “Estoy con mi hijo, ya me acostumbré, pero no es fácil. Aquí no hay mucho trabajo y los precios son altos”.
Otra mujer, María Mercedes, también hondureña, pasa la Navidad junto a sus hijos y su pareja en una habitación compartida con otras familias. “Estar lejos de la familia es lo más duro. Uno trata de ser fuerte por los niños”, afirmó.
Carmen, una migrante cubana, lamentó que la discriminación y los malos tratos agravan la situación. “En México hay mucha discriminación. Luchamos por ser aceptados, pero sin papeles ni empleo todo se vuelve más difícil”, explicó.
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