El aparato de seguridad cubano que rodeaba a Nicolás Maduro y que durante años funcionó como su escudo más confiable no logró impedir su captura durante la operación militar estadounidense que culminó con su traslado fuera de Venezuela.
La incursión, ejecutada por la unidad de élite Delta Force con apoyo de la CIA, ha puesto en evidencia la fragilidad del sistema de protección cubano-venezolano, pieza central del poder chavista desde la muerte de Hugo Chávez.
Durante la última década, La Habana controló la inteligencia, la contrainteligencia y la seguridad presidencial de Caracas. Según reportes de medios internacionales, Maduro había reforzado su escolta con decenas de guardaespaldas cubanos, seleccionados por el ministerio del Interior de Cuba (MININT) y el Departamento de Seguridad del Estado (DSE). Estos agentes se encargaban no solo de su protección física, sino también del espionaje interno sobre los propios oficiales venezolanos.
El gobernante venezolano, de acuerdo con fuentes de inteligencia citadas por Axios y The New York Times, temía ser asesinado por sus propios asesores cubanos si abandonaba el poder, debido a la información sensible que poseía sobre acuerdos financieros, redes de narcotráfico y operaciones conjuntas de inteligencia entre Caracas y La Habana.
“Cuba era su guardián, pero también su carcelero”, advertía CiberCuba semanas antes de su caída.
Maduro cambiaba de residencia, teléfono y equipo de seguridad con frecuencia. Incluso ordenó la incorporación de más oficiales del G2 cubano en el ejército venezolano para detectar posibles traiciones internas. Sin embargo, esa dependencia absoluta de La Habana se volvió su punto débil.
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Este sábado, un reportaje del The New York Times, firmado por Julián E. Barnes, reveló que la CIA contaba con una fuente infiltrada dentro del gobierno de Maduro que proporcionó información precisa sobre su ubicación.
La agencia de inteligencia estadounidense habría utilizado una red de informantes venezolanos —posiblemente uno dentro del anillo cubano— y una flota de drones furtivos para rastrear sus movimientos antes de la operación.
Esa filtración sugiere que el cerco de seguridad cubano fue vulnerado desde dentro, una posibilidad que analistas interpretan como síntoma del desgaste y las tensiones entre ambos regímenes.
Hasta ahora se desconoce el destino de los agentes cubanos destacados en el Palacio de Miraflores y en otras dependencias gubernamentales venezolanas.
Fuentes militares en Caracas afirman que varios miembros del equipo presidencial fueron neutralizados o huyeron durante los bombardeos a Fuerte Tiuna y La Carlota, mientras otros habrían sido capturados por las fuerzas estadounidenses.
Ninguna autoridad cubana o venezolana ha confirmado la situación de los escoltas.
El derrumbe del dispositivo de seguridad cubano en Caracas supone también un golpe directo a La Habana, que pierde no solo a su principal aliado político, sino a su fuente de petróleo y financiamiento en la región.
La caída de Maduro reconfigura por completo el eje geopolítico del Caribe y deja al castrismo sin su más importante soporte económico desde 2000.
Para los analistas, la captura de Maduro marca el fin de un modelo de cooperación basado en el control político y la inteligencia compartida.
Analistas consultados coinciden en que la red cubana que lo protegía podría haber terminado siendo la puerta de entrada a su captura. El régimen, aseguran, se hundió bajo el peso de su propio miedo y de la traición interna que tanto temía.
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