Secretario de Defensa de EE. UU.: “El petróleo que nos fue arrebatado será devuelto”



Tras la captura de Maduro, EE. UU. planea reactivar la industria petrolera venezolana con inversiones millonarias, buscando restablecer su influencia en la región y controlar los recursos energéticos.

Secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth Foto © Captura de video X / @RapidResponse47

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El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, afirmó este sábado que el petróleo venezolano “que fue arrebatado” a su país será devuelto, tras la captura del presidente Nicolás Maduro en una operación militar liderada por Washington. 

“Significa que las drogas dejarán de fluir y que el petróleo que nos fue arrebatado será devuelto”, declaró Hegseth, quien aseguró que Estados Unidos controlará lo que ocurra a partir de ahora en Venezuela.

“El presidente Trump fijará las condiciones y decidirá cómo se desarrollará el proceso. Él dictará hacia dónde vamos desde este punto”, añadió. 

El funcionario subrayó que la captura de Maduro marca un punto de inflexión en la política estadounidense hacia América Latina, al afirmar que “los países extranjeros ya no tendrán enclaves dentro de nuestro hemisferio”.  

Según Hegseth, la decisión de intervenir en Venezuela responde tanto a motivos de seguridad nacional como a la necesidad de restablecer el flujo energético y comercial en la región. 

Las palabras del jefe del Pentágono respaldan la postura expresada horas antes por el presidente Donald Trump, quien anunció que Estados Unidos controlará Venezuela hasta garantizar una transición justa y ordenada. 


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“El presidente Trump ha demostrado liderazgo estadounidense”, insistió Hegseth. “Gracias a su decisión, Estados Unidos podrá dictar el rumbo político y económico de lo que ocurra después”. 

El mensaje deja claro que el petróleo venezolano será un eje central del nuevo escenario post-Maduro, y que Washington planea asumir un papel directo en la administración de los recursos energéticos del país. 

Analistas señalan que estas declaraciones consolidan la nueva doctrina de control hemisférico impulsada por Trump, que busca restablecer la influencia estadounidense en la región y desmantelar la red de alianzas entre Caracas, La Habana, Moscú y Pekín. 

El petróleo, eje histórico de las tensiones entre Venezuela y Estados Unidos 

La captura de Nicolás Maduro y los bombardeos sobre Caracas ordenados por Trump marcan un nuevo capítulo en una larga historia de choques y dependencia entre Venezuela y Estados Unidos, con el petróleo como núcleo de su relación.  

Desde hace más de un siglo, la riqueza energética del país sudamericano ha definido su destino político, económico y geoestratégico. 

Trump ha dejado claro que el crudo será la clave de la etapa posterior al chavismo, y que los costos de la operación militar serán cubiertos con las reservas petroleras venezolanas, que representan el 17% del total mundial, según la OPEP.  

En una comparecencia en Mar-a-Lago, el mandatario aseguró que las “grandes compañías petroleras estadounidenses invertirán miles de millones de dólares” para reactivar la infraestructura energética venezolana. 

Hegseth reforzó esa postura al declarar que “el petróleo que nos fue arrebatado será devuelto”, en una alusión directa al control estatal y las nacionalizaciones que desde Hugo Chávez alejaron a las empresas estadounidenses del negocio. 

Históricamente, la industria petrolera venezolana estuvo íntimamente ligada a Estados Unidos. Desde la llegada de Standard Oil en 1914 hasta los años setenta, cuando Venezuela fue uno de los mayores proveedores de crudo del Golfo de México, el vínculo se basó en una relación de dependencia mutua: carburante a cambio de influencia política y tecnológica. 

Esa simbiosis se fracturó con la nacionalización de PDVSA en 1974 y, sobre todo, con las reformas chavistas de 2007, que impusieron el control total del Estado sobre las empresas mixtas y provocaron litigios internacionales con ExxonMobil y ConocoPhillips. Desde entonces, la producción se desplomó hasta un tercio de su nivel original, arrastrando al país a una de las peores crisis económicas de su historia. 

Hoy, mientras Washington asume el control político y militar de Caracas, la pregunta resurge: ¿es el petróleo la promesa de una reconstrucción o el preludio de una nueva dependencia? 

Los analistas coinciden en que el futuro de Venezuela dependerá tanto de la inversión extranjera como de la capacidad de su nuevo gobierno para garantizar estabilidad, transparencia y redistribución de la riqueza. 

“Venezuela sigue siendo muy atractiva porque nadie tiene más petróleo”, explicó a El País el economista José Manuel Puentes. “Pero sin Estado de derecho ni garantías de propiedad, será imposible reactivar la industria”. 

El desafío de la etapa post-Maduro no será solo extraer el petróleo, sino romper el ciclo histórico que ha convertido esa riqueza en fuente de desigualdad, corrupción y control político. 

Como advierten expertos y críticos, el liderazgo estadounidense en esta nueva era venezolana deberá demostrar si su objetivo es la reconstrucción soberana o la recuperación de una vieja hegemonía energética sobre el país con las mayores reservas del planeta. 

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.




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