La Paradoja de Washington: Por qué Trump rechaza a María Corina Machado y apuesta por Delcy Rodríguez



Estados Unidos apuesta por una transición en Venezuela liderada por Delcy Rodríguez para mantener la estabilidad y evitar un colapso, postergando a María Corina Machado por ahora. El enfoque busca un cambio sin ruptura abrupta, priorizando el orden institucional antes que cambios radicales.

Los 3 pasos de la transición venezolana. Foto © Collage CiberCuba

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Hay decisiones en política internacional que, vistas desde fuera, parecen contradictorias. La postura de Washington tras la captura de Nicolás Maduro es una de ellas. Para muchos venezolanos, y para buena parte de la opinión pública internacional, resulta difícil entender por qué Estados Unidos parece tomar distancia de figuras como María Corina Machado, mientras acepta una transición encabezada por alguien tan asociada al régimen como Delcy Rodríguez.

Pero quizá el error esté en mirar esta estrategia con el lente equivocado.

El rechazo que incomoda, pero no sorprende

Cuando Donald Trump fue preguntado por María Corina Machado, su respuesta fue fría y, para muchos, injusta. No cuestionó su valentía ni su trayectoria, pero dejó claro que no la veía como la figura adecuada para liderar el momento inmediato.

No creo que se trate de un juicio sobre su legitimidad democrática, que es real y sólida, sino sobre el tipo de liderazgo que Washington considera viable en una fase extremadamente frágil. No es un respaldo ideológico a Delcy Rodríguez, ni mucho menos una negación del esfuerzo opositor, sino una apuesta por una transición sin ruptura brusca.

Marco Rubio, Secretario de Estado, lo expresó así: Estados Unidos trabajará con quienes "hagan lo correcto," pero el énfasis está en la continuidad institucional. El ejército seguirá siendo liderado por generales chavistas (bajo presión estadounidense). La PDVSA, la estatal petrolera, no será desmantelada sino "remodelada en su liderazgo." Los ministerios continuarán funcionando con funcionarios que conocen el sistema.

Debajo de toda esta narrativa de cooperación con Delcy Rodríguez existe una amenaza implícita pero clara. Los funcionarios estadounidenses han insinuado repetidamente que si Rodríguez o el ejército no cooperan, habrá una "segunda ola" de ataques militares estadounidenses.


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Estados Unidos no está eligiendo un modelo ideal. Está eligiendo el que considera menos riesgoso.

La lección que Washington no quiere repetir

El fantasma de Iraq sigue pesando en cada decisión estadounidense en Medio Oriente y América Latina. Allí, la destrucción total del aparato estatal no trajo democracia, sino caos, guerra civil y radicalización.

En Iraq, la administración Bush cometió un error estratégico fundamental: disolvió el ejército iraquí e instituyó la "Desbaazificación," una purga masiva de cualquiera vinculado al partido de Saddam Hussein. El resultado fue catastrófico. Cientos de miles de soldados armados y desempleados se unieron a la insurgencia. El Estado colapsó. Los servicios básicos desaparecieron. La insurgencia se transformó en ISIS.

En Venezuela, el enfoque parece ser el opuesto: cambiar el vértice del poder sin hacer colapsar la estructura. Mantener al ejército cohesionado, preservar ministerios operativos y evitar una purga que empuje a miles de hombres armados a la clandestinidad.

No es una estrategia moralmente perfecta, pero sí pragmática. Y en política exterior, el pragmatismo suele imponerse.

El petróleo como factor, no como dogma

Sería ingenuo negar el peso del petróleo. Venezuela no solo tiene reservas gigantescas, sino una infraestructura devastada que requiere años de inversión y estabilidad para volver a producir a gran escala.

Desde Washington, el cálculo es claro: sin un mínimo de orden institucional, no hay recuperación posible. Pero eso no implica, espero, necesariamente una ocupación indefinida ni un rechazo a la democracia, sino un escalonamiento de prioridades: primero estabilidad, luego normalización política.

La idea de elecciones futuras no está descartada; simplemente no es inmediata.

El dilema de Maria Corina Machado

María Corina Machado representa algo muy poderoso: legitimidad, ruptura y justicia. Precisamente por eso, en este momento, también representa incertidumbre para quienes temen una reacción defensiva del estamento militar y del viejo aparato chavista.

No es una descalificación personal, sino un dilema de tiempos. Una transición liderada por ella exigiría definiciones rápidas sobre responsabilidades, depuraciones y juicios. Eso puede ser justo, y probablemente necesario, pero también explosivo en el corto plazo.

Washington parece apostar a que ese momento llegue después, no ahora.

Una transición que no puede ser eterna

Dicho esto, también es evidente que esta fórmula solo tiene sentido si es temporal. Una transición sin horizonte electoral perdería legitimidad rápidamente, dentro y fuera de Venezuela.

La diferencia con Iraq o Afganistán es que aquí no se habla de reconstruir un país desde cero, sino de reordenarlo. La presión internacional, la observación regional y la propia realidad venezolana hacen difícil imaginar una administración provisional prolongándose indefinidamente sin elecciones.

La transición tendrá que avanzar, y probablemente lo hará.

Conclusión: no es renuncia, es secuencia

No hay en la estrategia estadounidense una renuncia a la democracia venezolana, sino una apuesta discutible, pero comprensible, por el orden como paso previo. Estados Unidos no está eligiendo gobernantes, sino intentando evitar un colapso que haría imposible cualquier elección futura.

María Corina Machado no está descartada; está postergada. Y eso, aunque doloroso para muchos, no equivale a una derrota definitiva.

La verdadera prueba no será quién gobierne mañana, sino si Venezuela logra llegar a elecciones libres sin volver a incendiarse en el camino. Ahí es donde esta estrategia tendrá que demostrar si fue prudencia o simplemente interés.

 

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Luis Flores

CEO y cofundador de CiberCuba.com. Cuando tengo tiempo escribo artículos de opinión sobre la realidad cubana vista desde la perspectiva de un emigrante.






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