
La Casa Blanca confirmó este martes que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reactivado su interés por adquirir Groenlandia y no descarta ninguna opción, incluida la militar, para garantizar el control de la isla.
La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, afirmó que la “adquisición de Groenlandia es una prioridad de seguridad nacional” y que Washington busca “proteger sus intereses estratégicos en el Ártico frente a sus adversarios”.
El anuncio llega pocos días después de la operación militar en la que fue capturado el presidente venezolano, Nicolás Maduro, y ha encendido las alarmas en Europa.
Trump considera que el territorio —administrado por Dinamarca y con amplia autonomía interna— es clave para la defensa y los recursos naturales de Estados Unidos. “Nos preocuparemos por Groenlandia en dos meses. Hablemos de Groenlandia en 20 días”, dijo el mandatario al ser preguntado por el tema.
El secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó a un grupo de legisladores que Trump “estaría dispuesto a comprar Groenlandia”, y adelantó que su equipo prepara un plan para evaluar las vías diplomáticas y económicas de esa adquisición. Sin embargo, la posibilidad ha provocado una respuesta contundente del bloque europeo.
Los líderes de Francia, Alemania, Italia, Polonia, España, el Reino Unido y Dinamarca emitieron una declaración conjunta en la que recordaron que “la seguridad en el Ártico debe lograrse de manera colectiva, en coordinación con los aliados de la OTAN, y respetando los principios de soberanía, integridad territorial e inviolabilidad de las fronteras”.
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El comunicado concluyó con una frase directa: “Groenlandia pertenece a su pueblo. Solo Dinamarca y Groenlandia pueden decidir sobre su futuro”.
Por su parte, el presidente del Gobierno autónomo groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, llamó a evitar el pánico y se mostró abierto a reforzar los lazos con Washington, pero advirtió que “la soberanía de Groenlandia no está en venta”.
Groenlandia, con apenas 57,000 habitantes y una economía dependiente de la pesca y de la ayuda danesa, vuelve así al centro de una disputa geopolítica entre Washington y Europa por el control estratégico del Ártico.
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