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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado entrever que la “supervisión” de Washington sobre Venezuela podría prolongarse durante años.
En una entrevista con The New York Times publicada este jueves, Trump aseguró que la presencia y el control de su gobierno sobre el país sudamericano no serán temporales, y que ya ha comenzado una “reconstrucción rentable” tras la captura del exgobernante Nicolás Maduro.
Consultado sobre si esa supervisión duraría tres meses, seis meses o más, respondió que se extendería “mucho más”.
“Solo el tiempo lo dirá”, insistió Trump, reafirmando que su administración está decidida a liderar el proceso de transformación venezolana, no solo desde el punto de vista político, sino también económico y energético.
“Vamos a usar el petróleo, y vamos a coger el petróleo”, declaró.
“Estamos bajando los precios del petróleo, y vamos a dar dinero a Venezuela que lo necesita desesperadamente”, añadió.
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Un nuevo vínculo con Delcy Rodríguez
La transición, según dejó claro el presidente, se está haciendo de la mano del nuevo gobierno interino de Venezuela, encabezado por Delcy Rodríguez, una figura cercana al chavismo que ha sido reconocida de facto por Washington.
“Nos estamos llevando muy bien con la administración que hay allí ahora mismo”, afirmó Trump, para luego subrayar: “Nos están dando todo lo que consideramos necesario”.
Pese a que Rodríguez fue vicepresidenta de Nicolás Maduro, actualmente detenido en Nueva York y a la espera de juicio por cargos de narcotráfico y narcoterrorismo, la Casa Blanca ha decidido mantener una línea de comunicación directa y fluida con su gobierno.
“Estamos en constante comunicación con ella y con el gobierno”, declaró Trump.
Petróleo: El eje del control
El anuncio más revelador de Trump fue la puesta en marcha de un plan para refinar y vender hasta 50 millones de barriles de petróleo venezolano, previamente bloqueados por las sanciones estadounidenses.
“Vamos a estar usando petróleo y vamos a estar tomando petróleo”, reiteró.
Esta operación marca un punto de inflexión, no solo porque libera recursos congelados, sino porque establece un modelo de control directo sobre las exportaciones petroleras de Venezuela.
El Departamento de Energía de EE.UU. fue claro: “El único petróleo transportado dentro y fuera de Venezuela será a través de canales aprobados por la ley estadounidense y los intereses de Estados Unidos”.
Esto significa, en la práctica, que Washington supervisará cada transacción petrolera que provenga del país sudamericano.
El vicepresidente J.D. Vance lo dijo sin ambages: “Controlamos los recursos energéticos y le decimos al régimen: se te permite vender el petróleo siempre y cuando le convenga a Estados Unidos”.
Y añadió: “Podemos controlar el monedero de Venezuela dictando dónde se puede vender su petróleo”.
Marco Rubio, por su parte, explicó que los cargamentos de crudo venezolano incautados en el Atlántico norte y el mar Caribe formarán parte del nuevo esquema de exportación.
“Las autoridades interinas de Venezuela quieren que ese petróleo incautado sea parte de este acuerdo”, señaló.
Y advirtió: “Entienden que la única manera de mover petróleo y generar ingresos sin colapso económico es si cooperan y trabajan con Estados Unidos”.
Un plan en tres fases sin fechas
El rediseño de Venezuela bajo tutela estadounidense no tiene aún un cronograma claro, pero ya cuenta con una estructura definida.
Rubio explicó que el plan se desarrollará en tres fases: “El primer paso es la estabilización del país. La segunda fase será la recuperación, asegurando que Occidente tenga acceso a los mercados venezolanos. La tercera etapa será la transición”.
La Casa Blanca ha evitado ofrecer fechas concretas, aunque Trump prometió que se comprometerá próximamente con un calendario tentativo para elecciones en el país.
De momento, el enfoque prioritario parece ser garantizar el flujo petrolero bajo condiciones favorables para EE.UU., asegurar el control político de la transición y alinear a actores clave dentro y fuera de Venezuela.
Advertencia a Petro y disciplinamiento regional
El rediseño de Venezuela también tiene una dimensión regional.
Durante la entrevista con The New York Times, Trump interrumpió sus declaraciones para atender una llamada del presidente colombiano Gustavo Petro.
Momentos antes, había lanzado una advertencia directa al líder colombiano: “Debe cuidarse el trasero”.
Tras la conversación telefónica, de aproximadamente una hora, la tensión se disipó.
Según un comunicado de la embajada colombiana en EE.UU., “el Gobierno de Colombia saluda el tono constructivo de la conversación y destaca que, a través de los canales diplomáticos establecidos, se adelantan los preparativos para la reunión entre los dos presidentes en Washington”.
De acuerdo con el Times, Trump consideró que “la decapitación del régimen de Maduro” ha tenido un efecto disuasivo sobre otros gobiernos de la región, obligándolos a alinearse con la nueva estrategia de EE.UU. en América Latina.
Venezuela bajo tutela
Las declaraciones de Trump y su equipo permiten entrever una nueva lógica de intervención.
Venezuela ya no es solo un punto en disputa geopolítica, sino una plataforma desde la cual Estados Unidos busca proyectar poder, controlar recursos y moldear el futuro político del hemisferio.
“Vamos a reconstruir el país de una manera muy rentable”, insistió Trump, dejando claro que no se trata únicamente de una operación humanitaria o diplomática, sino de una empresa con beneficios geoestratégicos y económicos para Washington.
El proceso en marcha redefine la noción de soberanía para Venezuela.
Con un gobierno interino validado por la Casa Blanca, recursos gestionados por agencias estadounidenses y una transición sin calendario, el país ha quedado de facto bajo una supervisión sin fecha de caducidad.
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