El dólar estadounidense (USD) se disparó este martes hasta los 470 pesos cubanos (CUP) en el mercado informal, mientras el euro (EUR) alcanzó 505 CUP, según el observatorio independiente elTOQUE.
Las cifras consolidan una tendencia que el gobierno cubano no logra revertir: la moneda nacional sigue perdiendo valor, y la brecha entre la tasa oficial del Banco Central de Cuba (BCC) y el mercado real se amplía cada día más.
El BCC mantiene hoy su tasa oficial en 413 CUP por dólar y 482.22 CUP por euro, una diferencia de 57 pesos y 23 pesos respecto a la cotización informal.
Esa brecha, que a mediados de diciembre era de apenas 30 pesos por dólar, ha crecido casi un 90% en menos de un mes, demostrando que la llamada “tasa flotante” implantada en diciembre no flota: se hunde.
Una “flotación” inmóvil
El régimen cubano presentó su nuevo sistema cambiario como un mecanismo de modernización económica.
El modelo —dividido en tres segmentos: estatal, mixto y “flotante”— pretendía ajustar gradualmente el valor del peso según la oferta y la demanda. Pero en la práctica, el BCC publica variaciones mínimas, de apenas uno o dos pesos diarios, completamente desconectadas del comportamiento real del mercado.
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Mientras la institución estatal “ajusta” su tasa en los informes oficiales, los cubanos compran y venden divisas en la calle a valores 15% o 20% superiores.
No hay transparencia, ni liquidez, ni posibilidad de acceder a dólares o euros al precio publicado por el gobierno.
El resultado: una tasa oficial simbólica, sin impacto práctico en la economía ni credibilidad ante los ciudadanos.
Una política sin respaldo ni control
La medida no está fracasando por mala intención, sino por diseño. El BCC intenta regular un mercado que no controla ni abastece.
Sin un flujo estable de divisas, sin reservas internacionales sólidas y sin confianza en la moneda nacional, ningún sistema de flotación puede funcionar.
La supuesta “flotación” depende de la intervención estatal, no del comportamiento de la oferta y la demanda.
Para los economistas independientes, el esquema actual no es una reforma: es una reanimación burocrática del control centralizado.
El peso cubano sigue sobrevaluado en los segmentos estatales (1x24 para operaciones esenciales) y artificialmente sostenido en los oficiales (1x413 para el público).
Mientras tanto, el mercado informal continúa siendo el único termómetro confiable del valor del dinero.
Dos tasas, dos Cubas
La existencia de dos tasas —una oficial, otra informal— es el reflejo de una fractura más profunda: la desconexión entre la economía estatal y la vida real.
El gobierno opera con estadísticas y controles; los ciudadanos, con improvisación y supervivencia. El Banco Central puede publicar todos los días una tasa “vigente para operaciones del día”, pero lo cierto es que esas operaciones no existen.
Mientras el BCC finge que el peso flota, el mercado informal dicta la verdad incómoda: el CUP ya no vale lo que el gobierno dice, sino lo que los cubanos están dispuestos a pagar por un dólar.
Y esa diferencia —57 pesos hoy— no es solo una brecha monetaria: es la distancia entre el poder y la realidad.
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