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La ruptura del suministro petrolero venezolano ha golpeado el corazón de la economía cubana. Sin combustible para mover tractores, generar electricidad o conservar alimentos, el país se enfrenta a una crisis alimentaria que amenaza con convertirse en hambruna.
La ONG Food Monitor Program (FMP) alertó que la pérdida del apoyo petrolero venezolano marca el fin de una era de subsidios que sostuvo durante más de dos décadas la economía cubana.
Lo que comenzó como una alianza ideológica entre Hugo Chávez y Fidel Castro se convirtió en un sistema de intercambio que permitió al régimen cubano sobrevivir al colapso soviético sin aplicar reformas estructurales.
El Convenio Integral de Cooperación Venezuela-Cuba, firmado en 2000, garantizó a la Isla entre 53 000 y 115 000 barriles diarios de petróleo a precios preferenciales.
Cuba pagaba con servicios profesionales y mantenía así encendida la maquinaria estatal.
Según estimaciones, Venezuela transfirió más de 35 000 millones de dólares en subsidios energéticos entre 2003 y 2015, cifra que permitió al gobierno cubano importar alimentos, financiar su sistema de salud y reexportar derivados del crudo para obtener divisas.
Con la caída de la producción de PDVSA, que pasó de 3,2 millones de barriles diarios en 1998 a menos de 700 000 en 2025, el flujo hacia Cuba se desplomó.
Los 105 000 barriles diarios que recibía en 2012 se redujeron a menos de 30 000 en 2025, provocando apagones prolongados y el colapso de la agricultura y la industria alimentaria.
El golpe final llegó en enero de 2026, cuando fuerzas estadounidenses, bajo orden del presidente Donald Trump, capturaron a Nicolás Maduro y su esposa en Venezuela.
La presidenta interina Delcy Rodríguez, en un intento por normalizar relaciones con Washington, ha suspendido de facto los envíos de crudo a Cuba, atendiendo las exigencias del gobierno estadounidense de cesar todo vínculo comercial con la isla.
Según FMP, el impacto ha sido devastador: sin el petróleo venezolano, Cuba enfrenta un déficit energético total.
Los apagones superan las 12 horas diarias (en muchos lugares hasta 35 horas seguidas) y los sistemas de bombeo de agua y refrigeración están paralizados.
La ruptura de la cadena de frío impide conservar alimentos básicos; los centros de acopio han dejado de funcionar y las familias apenas pueden cocinar o almacenar comida.
FMP advierte que la seguridad alimentaria ha dejado de ser un problema logístico para convertirse en un desafío de supervivencia.
Los precios de los alimentos se han multiplicado por diez en los últimos cinco años: un cartón de huevos cuesta 3,000 pesos, y la carne, el arroz o el aceite son productos de lujo.
La libreta de abastecimiento ha perdido sentido, y el mercado negro y las mipymes son ahora las únicas fuentes de comida.
El resultado es un apartheid nutricional. Solo quienes tienen acceso a divisas pueden comprar alimentos importados en el sector privado, mientras el resto de la población enfrenta desnutrición, falta de proteínas y el riesgo del regreso de enfermedades carenciales como las neuritis de los años noventa.
La agricultura también se paraliza: los tractores carecen de diésel, los sistemas de riego no funcionan y la falta de fertilizantes reduce la producción a niveles mínimos históricos.
Sin crudo, el país no puede generar electricidad suficiente ni mantener su infraestructura productiva.
Analistas advierten que, sin reformas agrarias reales que devuelvan la tierra a manos privadas y liberen la producción, el Estado enfrentará una hambruna sistémica que pondrá en jaque la estabilidad social.
La comida, en este nuevo escenario, será mucho más que un problema nutricional: se convertirá en el factor determinante de la supervivencia del propio régimen.
Por otra parte, el panorama no mejorará para el cubano. Por un lado, México –actualmente el principal suministrador de petróleo– evalúa detener los envíos de petróleo a Cuba; y por el otro, Trump evalúa bloqueo naval para cortar el acceso a hidrocarburos que sostiene al régimen cubano.
Preguntas frecuentes sobre la crisis energética y alimentaria en Cuba
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¿Por qué la falta de petróleo venezolano afecta tanto a Cuba?
La falta de petróleo venezolano afecta a Cuba porque durante más de dos décadas, el petróleo venezolano ha sido la columna vertebral de la economía cubana, suministrando la mayor parte del combustible necesario para mover su maquinaria agrícola, generar electricidad y conservar alimentos. Sin este suministro, la isla enfrenta apagones prolongados, un colapso en la agricultura e industrias, y una crisis alimentaria que podría desembocar en hambruna. Cuba no tiene suficientes fuentes alternativas de energía ni capacidad financiera para adquirir petróleo en el mercado internacional.
¿Cuáles son las consecuencias directas de la crisis energética en Cuba?
La crisis energética en Cuba ha llevado a apagones que superan las 12 horas diarias, paralización del transporte y colapso de la industria alimentaria. La ruptura de la cadena de frío impide conservar alimentos, lo que ha disparado los precios de productos básicos, haciendo que artículos como la carne o el arroz sean considerados de lujo. Además, la falta de combustible ha dejado a los tractores sin funcionar, afectando gravemente la producción agrícola del país.
¿Qué alternativas tiene Cuba para sustituir el petróleo venezolano?
Cuba ha intentado diversificar sus fuentes de petróleo, pero con limitaciones. México ha emergido como el principal proveedor de petróleo para Cuba tras la caída de los envíos desde Venezuela, aunque la cantidad es insuficiente para cubrir el déficit energético. Rusia es vista como otra posible fuente, pero sus envíos también son limitados. La isla enfrenta dificultades para encontrar países dispuestos a asumir el costo político de suministrar petróleo bajo las sanciones de Estados Unidos.
¿Cómo afecta la crisis energética a la población cubana?
La población cubana sufre apagones prolongados, escasez de agua y alimentos, y un aumento desproporcionado de precios. La libreta de abastecimiento ha perdido su efectividad, dejando al mercado negro y a las pequeñas empresas privadas como únicas fuentes de abastecimiento. Solo aquellos con acceso a divisas pueden permitirse comprar en el sector privado, generando un "apartheid nutricional" y aumentando el riesgo de desnutrición y enfermedades carenciales.
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