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El vicepresidente cubano Salvador Valdés Mesa reconoció que la solución a la inflación pasa por abastecer el mercado, pero admitió que eso no es posible "en corto plazo", durante un recorrido por instalaciones del programa de agricultura urbana en La Habana.
Valdés Mesa visitó el organopónico vivero Alamar, ubicado en Habana del Este y perteneciente a la empresa agropecuaria Bacuranao, y el organopónico Los CDR, administrado por el Ejército Juvenil del Trabajo.
En declaraciones a la Televisión Cubana sintetizó la contradicción estructural del modelo económico cubano: "Tenemos fórmulas. Si la inflación se combate abasteciendo el mercado, hay que producir lo suficiente para que haya en el mercado, pero eso no lo podemos lograr así en corto plazo".
Dijo que otro reto es "eliminar intermediarios, aplanar las estructuras que trabajan en esto, los salarios tienen un componente importante en los costos de producción y se refleja en los precios que vamos a vender en el mercado minorista".
Sin embargo, "la fórmula" nunca ha funcionado en Cuba a pesar de que el régimen repite el mismo discurso de Valdés Mesa con bastante frecuencia.
El organopónico Los CDR, con apenas 14 trabajadores —10 de ellos civiles—, se presenta como referente de precios bajos para combatir la especulación.
Sus productos se comercializan a hospitales y otras entidades de impacto social, y apoya ferias agropecuarias municipales.
Las declaraciones de Valdés Mesa contrastan con la magnitud real de la crisis. La inflación oficial cerró 2025 en 14,07% según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, pero economistas independientes estiman una cifra real cercana al 70% en la canasta básica, muy superior a las cifras oficiales.
En febrero de 2026, la inflación interanual oficial descendió al 12,33%, aunque el peso cubano se depreció un 47,8% frente al dólar en apenas un año, pasando de 345 a 510 pesos en el mercado informal.
La devaluación del peso y los salarios estancados agravan un panorama alimentario ya deteriorado. Cuba produce solo el 11% del arroz que consume —frente al 30% de 2018— y gasta más de 400 millones de dólares anuales en importaciones de ese grano. En total, la isla importa aproximadamente 2.500 millones de dólares anuales en alimentos, cuando podría producir localmente la mitad según estimaciones.
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