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El buque tanquero Minerva Gloria, de 250 metros de eslora, llegó esta semana al puerto de Pascagoula, Mississippi, cargando 400,000 barriles de crudo venezolano destinados a la refinería de Chevron, la mayor operación de la compañía en Estados Unidos, en lo que representa un hito en el flujo de petróleo entre ambos países.
Hace apenas seis meses, esta importación habría sido imposible. Las sanciones estadounidenses bloqueaban cualquier compra de crudo venezolano, hasta que la captura del exdictador Nicolás Maduro por fuerzas especiales de EE.UU. el 3 de enero de 2026 cambió radicalmente el panorama energético. Maduro fue trasladado a Nueva York para enfrentar cargos federales, y Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina de Venezuela.
Chevron es la única empresa estadounidense con capacidad de extracción en Venezuela, lo que le otorga una ventaja única: puede extraer su propio crudo, refinarlo en sus propias instalaciones y llevarlo directamente al consumidor estadounidense. La refinería de Pascagoula está diseñada específicamente para procesar crudos pesados y agrios, lo que la convierte en la instalación ideal para aprovechar el petróleo venezolano.
En el plano exportador, las exportaciones totales de Venezuela superaron por primera vez desde septiembre niveles que no se habían visto en años, reflejando el impacto inmediato del cambio político en la producción y comercialización del crudo venezolano.
Sin embargo, el contexto energético global sigue siendo complejo. Irán bloqueó el Estrecho de Ormuz y disparó el barril de Brent, generando presiones alcistas sobre los precios del combustible. El precio promedio nacional alcanzó $4.14 por galón el 7 de abril, un marcado contraste con los niveles de comienzos de año.
En enero de 2026, la gasolina costaba apenas $2.90 por galón, antes de que las tensiones internacionales presionaran los mercados al alza. Ante este escenario, la Casa Blanca confía en que el suministro adicional de Venezuela se traducirá en precios más bajos para los consumidores estadounidenses en los próximos meses.
"Es un gran negocio no solo para Chevron sino para toda la región del Golfo", señalaron fuentes de la industria, destacando el potencial transformador de esta nueva dinámica energética entre Estados Unidos y Venezuela.
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