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Rusia acusó el pasado viernes a Washington de ejercer «presión agresiva y demostrativa» sobre Cuba con el objetivo de «interferir groseramente en los asuntos internos» de la isla y «quebrar la estatalidad cubana», según declaró la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, en una rueda de prensa recogida por Reuters.
«Ante el telón de fondo de la escalada deliberada y maliciosa contra Cuba, reafirmamos nuestra solidaridad con el gobierno y el pueblo cubanos», dijo Zajárova. «Rechazamos el chantaje y las amenazas en política exterior, lo que también se aplica a la actual presión agresiva y demostrativa de Washington sobre La Habana».
Las declaraciones llegan en un momento de máxima tensión en las relaciones de Estados Unidos y Rusia por la invasión de Ucrania, la Operación Furia Épica en Irán y también por el futuro del régimen cubano, cuestiones todas conectadas en el tablero internacional.
Donald Trump afirmó a mediados de marzo que «tendría el honor de tomar Cuba» y el 27 de ese mes, en Miami Beach, añadió: «Cuba es la siguiente, pero finjan que no lo hubiera dicho». El Pentágono, según reveló USA Today en abril, ha acelerado discretamente la planificación de operaciones militares en la isla.
El respaldo ruso, sin embargo, presenta una brecha notable entre la retórica y la capacidad real. Moscú prometió «continuar proporcionando asistencia humanitaria a Cuba durante este difícil período de confrontación artificialmente avivada», pero los envíos de combustible están muy por debajo de lo que la isla necesita.
El ministro cubano de Energía admitió que Cuba distribuye solo 800 toneladas diarias de diésel, la mitad de las 1,600 necesarias, y que el país requiere ocho barcos de combustible al mes.
El petrolero ruso Anatoly Kolodkin llegó al puerto de Matanzas a finales de marzo con 730,000 barriles de crudo. La distribución nacional del combustible arrancó el 17 de abril tras su refinado en la Refinería Camilo Cienfuegos, pero ese cargamento apenas cubre entre siete y diez días de suministro energético para toda la isla.
Un segundo buque, el Universal —sancionado por EE.UU., la Unión Europea y el Reino Unido—, se acercaba al Caribe escoltado por una fragata rusa con 251,000 barriles de diésel y llegada estimada para este martes.
Pero no todos los envíos llegan a destino: el petrolero Sea Horse, con unos 200,000 barriles destinados a Cuba, fue desviado a Trinidad y Tobago en marzo tras la emisión de una licencia de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) que excluyó explícitamente a Cuba de transacciones con petróleo ruso.
El viceministro ruso Alexander Pankin reconoció los obstáculos logísticos y describió como «casi una aventura» llevar un barco con petróleo a Cuba a través del Atlántico, aunque Rusia abrió la puerta a envíos adicionales si la situación lo requiere.
En el plano militar, el canciller Serguéi Lavrov eludió cualquier compromiso ante las amenazas de Trump, declarando que no haría «de adivino» sobre sus posibles consecuencias.
La preocupación en La Habana creció tras esas declaraciones, que contrastan con el acuerdo de cooperación militar firmado entre ambos países en marzo de 2025 y ratificado por Putin como ley en octubre de ese año.
Zajárova cerró su intervención con una frase que resume la postura oficial de Moscú: «Siempre hemos estado del lado de Cuba en su lucha por la independencia, en su derecho a vivir según sus propias reglas, desarrollarse por su propio camino y defender sus propios intereses».
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