Miguel Díaz-Canel calificó ayer al gobierno de Donald Trump de «fascista» durante su discurso de clausura en el Encuentro Internacional de Solidaridad con Cuba, celebrado en el Palacio de las Convenciones de La Habana ante 766 delegados extranjeros de 152 organizaciones de 36 países.
El acto se enmarcó en las celebraciones del Primero de Mayo, un día después del desfile en la Tribuna Antimperialista, y se produce en el pico de la mayor escalada de tensiones entre Cuba y Estados Unidos en décadas.
«Pero cuando el capitalismo y cuando el imperio está en crisis, es entonces cuando resurgen las ideas más ultraconservadoras. Por eso está resurgiendo el fascismo en estos momentos. Y el gobierno actual de los Estados Unidos es un gobierno fascista», afirmó el gobernante cubano.
Díaz-Canel extendió sus acusaciones a lo que describió como una triple ofensiva de Washington: «Estamos en presencia de una guerra ideológica, de una guerra cultural y de una guerra mediática», sostuvo, argumentando que Estados Unidos busca «dominar el mundo» y apropiarse de «las mentes» de los pueblos del Sur Global.
El gobernante también usó su discurso para defender al régimen venezolano de Nicolás Maduro, a quien calificó de «legítimo presidente de la revolución bolivariana», y acusó a Washington de haber construido una «narrativa mediática» para justificar su captura.
Sobre Irán, Díaz-Canel preguntó retóricamente: «¿Quiénes son los que están hablando de usar la bomba nuclear? El gobierno de los Estados Unidos», en referencia al conflicto en curso.
El discurso llegó un día después de que Trump firmara una segunda orden ejecutiva que amplía las sanciones contra el régimen cubano en tres ejes: sanciones sectoriales en energía, defensa, minería y finanzas; persecución financiera global a bancos de terceros países que operen con entidades cubanas; y aplicación inmediata sin período de gracia.
Esa medida complementa la Orden Ejecutiva 14380 del 29 de enero de 2026, que declaró a Cuba «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional estadounidense e impuso un embargo energético que redujo las importaciones de crudo cubanas entre un 80% y un 90%.
El propio Díaz-Canel reconoció en el mismo discurso la gravedad de la situación energética: «Estuvimos cuatro meses sin recibir combustible hasta que llegó un barco de combustible de Rusia que nos sirvió para en los últimos 15 días cambiar la situación electroenergética. Pero ese petróleo se agota ya en estos días y no sabemos cuándo más va a entrar combustible a Cuba».
La víspera, Trump había amenazado con enviar el portaaviones USS Abraham Lincoln a las costas cubanas durante una cena privada en West Palm Beach, condicionando la acción sobre la isla a la conclusión de las operaciones militares en Irán.
Díaz-Canel respondió a esas amenazas en Facebook con el mensaje «ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba», bajo el lema #LaPatriaSeDefiende.
El canciller Bruno Rodríguez Parrilla, presente en el acto, calificó las nuevas sanciones de «repudiables, ilegales, abusivas y ridículas» y advirtió que «Cuba sería un avispero; Cuba sería una trampa mortal» para cualquier intervención militar.
El uso del término «fascista» por parte de Díaz-Canel no es nuevo: ya en marzo de 2026 había hablado de «resurgimiento del fascismo» atribuido a Estados Unidos, un recurso retórico habitual del régimen ante audiencias internacionales de solidaridad mientras mantiene más de 800 presos políticos, el mayor número en las Américas.
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