
Vídeos relacionados:
El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel afirmó este sábado, ante 766 delegados extranjeros reunidos en el Palacio de las Convenciones de La Habana, que no entiende por qué Washington considera a Cuba una «amenaza extraordinaria e inusual» para la seguridad nacional.
«Yo trato de contestarme esa pregunta todos los días», dijo el también primer secretario del Partido Comunista de Cuba, especulando que quizás lo que EE. UU. considera amenaza sea el «ejemplo de resistencia y creatividad del pueblo cubano».
La declaración, pronunciada en el Encuentro Internacional de Solidaridad con Cuba «Por un mundo sin bloqueo: Solidaridad activa en el centenario de Fidel», es la respuesta propagandística del régimen a la Orden Ejecutiva 14380 firmada por el presidente Donald Trump el pasado 29 de enero.
La orden, que declaró la emergencia nacional debido a la amenaza que representa el régimen cubano, estableció un embargo energético que ha reducido las importaciones de crudo cubanas entre 80% y 90%, agravando los apagones diarios que sufre la población desde hace años debido al colapso de la infraestructura energética.
Los argumentos de Washington, sin embargo, son concretos y están documentados. Rusia mantiene en Cuba su mayor base de inteligencia en el extranjero, ubicada a menos de 100 millas del territorio estadounidense.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) ha documentado al menos 12 instalaciones chinas de inteligencia de señales en la isla, con expansiones confirmadas por imágenes satelitales en 2024 y 2025.
El secretario de Estado Marco Rubio lo resumió sin rodeos el 28 de abril: «Cuba ha dado la bienvenida a adversarios de Estados Unidos para operar dentro del territorio cubano en contra de nuestros intereses nacionales, con total impunidad».
A eso se suman los vínculos del régimen con Irán, Hamas y Hezbollah, y el reclutamiento de hasta 25,000 mercenarios cubanos para combatir por Rusia en Ucrania, con al menos 54 cubanos identificados como muertos en filas rusas.
Otros 32 cubanos murieron sirviendo en la guardia personal de Nicolás Maduro en Venezuela, y el propio Díaz-Canel los mencionó en su discurso de despedida como ejemplo de sacrificio, sin advertir la contradicción con su relato de «nación de paz».
La represión interna completa el cuadro: más de 800 presos políticos activos, el mayor número en las Américas según organizaciones de derechos humanos, con 359 detenidos del 11J aún en prisión con penas de hasta 22 años.
El relato de «Cuba pacífica» que Díaz-Canel y el canciller Bruno Rodríguez Parrilla promueven choca además con la propia doctrina militar del régimen.
En el mismo acto, Rodríguez Parrilla afirmó que «Cuba sería un avispero; Cuba sería una trampa mortal» ante cualquier agresión, invocando la doctrina de la «Guerra de Todo el Pueblo».
La estrategia de victimismo del régimen consiste precisamente en presentarse como nación indefensa mientras mantiene activa una doctrina de resistencia armada total.
El contexto inmediato del discurso es de máxima tensión. El 1 de mayo, un día antes, Trump firmó una segunda orden ejecutiva ampliando sanciones contra funcionarios cubanos responsables de represión, y en una cena privada en West Palm Beach amenazó con enviar el portaviones USS Abraham Lincoln «a 100 metros de la orilla» cubana.
Díaz-Canel respondió en redes sociales que «ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba», mientras en el acto del sábado insistía en que la isla no representa amenaza alguna.
La contradicción entre ambos mensajes resume la doble narrativa del régimen: víctima indefensa hacia afuera, potencia combativa hacia adentro.
En octubre de 2025, Cuba obtuvo su peor resultado en tres décadas en la votación de la ONU sobre el embargo, señal del declive del apoyo internacional a un régimen que acumula más de 67 años de dictadura y una crisis humanitaria que no puede seguir atribuyendo exclusivamente a Washington.
Archivado en: