Periodista oficialista en Santiago de Cuba: «Me duele que el dinero de mi tarjeta no vale»

Corresponsal de la TV oficial en Santiago de Cuba denuncia que el dinero en tarjeta «no vale» y cuestiona el fracaso de la bancarización en la provincia.



Periodista oficialista Daylyn Herrera critica bancarización en Cuba Foto © Collage Facebook/Daylyn Herrera

Daylyn Herrera, corresponsal del Sistema Informativo de la Televisión Cubana en Santiago de Cuba, publicó en Facebook una denuncia abierta contra el fracaso de la bancarización en la provincia, y luego defendió su postura en un audio que circuló ampliamente en redes sociales con una frase que resume la crisis: «Me duele que el dinero de mi tarjeta no vale, que el dinero de otras personas no vale».

Herrera recorrió personalmente varios establecimientos privados de Santiago de Cuba y en todos recibió la misma respuesta: «No estoy aceptando transferencia», «Estoy cambiando de turno», «No, ya llegué al límite».

En su publicación también mencionó otras justificaciones recurrentes utilizadas por los comercios, como «no hay conexión», «el código QR no funciona» o «la cuenta está llena», prácticas que, según denunció, terminan obligando al cliente a buscar un efectivo cada vez más escaso.

En su publicación, la periodista identificó por nombre a negocios como Café TV, el Punto de venta Garzón y 1era Supermarket como ejemplos de establecimientos que imponen el efectivo como única vía de pago, pese a que la política de bancarización del régimen los obliga a aceptar transferencias electrónicas.

El texto fue difundido por el periodista independiente Yosmany Mayeta Labrada, quien lo presentó como un reconocimiento desde dentro del aparato mediático oficial del fracaso de esa política.

Un dueño de MiPyme —aparentemente del negocio ubicado en Primera y Garzón— contactó a Herrera para quejarse de la publicación.

Ella respondió con firmeza –algo raro en la prensa oficialista– y señaló que el problema es estructural: los propios comerciantes tampoco pueden pagar con transferencia cuando van a comprar mercancías al Mariel u otros lugares, lo que genera un círculo vicioso que termina descargándose sobre la población.

En su publicación sostuvo además que resulta imposible construir una economía digital mientras gran parte de la cadena comercial continúe funcionando bajo la lógica del dinero en efectivo.

«Al final de la jornada ustedes también están dolidos por el tema de que cuando van a comprar sus mercancías no les aceptan transferencia», les dijo Herrera a los dueños de negocios.

La periodista argumentó que los proveedores también deberían estar en capacidad de vender mediante transferencias electrónicas para evitar que el problema termine afectando exclusivamente a los consumidores.

En su texto original, la corresponsal fue aún más contundente: «El efectivo ha terminado convirtiéndose en una especie de moneda paralela, más valiosa que el propio dinero depositado en los bancos» y cuestionó directamente la ausencia de controles estatales: «¿Quién controla esto? ¿Dónde están las inspecciones?».

También criticó que, mientras el Estado invierte recursos y tecnología para impulsar las operaciones digitales, numerosos establecimientos incumplen las regulaciones sin enfrentar consecuencias visibles.

Ahora bien, como toda buena periodista oficialista no hizo más que «reconocer» de forma tardía lo que todo el mundo conoce, y además, de manera bastante epidérmica sin «Buscarse problemas» con el régimen. Más de lo mismo. 

El caso de Herrera no es el primero dentro del propio aparato mediático oficial.

En abril de 2026, el locutor José Yaser Centray Soler, de CMKC Radio Revolución, publicó una crónica similar tras no poder pagar con transferencia en un sábado de compras en Santiago de Cuba.

Ese mismo mes, la periodista Yamilé Mateo Arañó recogió en el diario Sierra Maestra la frase de un comerciante: «la transferencia es la ruina del negocio».

La situación refleja el colapso práctico de una política que el régimen presentó como estratégica.

En su «denuncia» desde el oficialismo, Herrera subrayó que las principales víctimas de esta situación son los jubilados, los trabajadores que cobran sus salarios por tarjeta y las madres que necesitan adquirir alimentos, pero descubren que disponer de dinero en una cuenta bancaria no garantiza poder comprar.

A pesar de que el Banco Central de Cuba emitió la Resolución 111/2023 para obligar a todos los actores económicos a aceptar pagos electrónicos, y de que hasta septiembre de 2025 se habían detectado 26,538 deficiencias con 15,240 multas y 269 cierres, solo el 3.77% de las transacciones en Cuba se realizan digitalmente.

En Sancti Spíritus, a fines de mayo de 2026, la prensa oficial reconoció que menos del 10% de los negocios privados acepta transferencias como método habitual.

En La Habana, una residente del municipio de Playa denunció el 6 de junio que recorrió la zona sin encontrar una sola MiPyme que aceptara transferencias.

Herrera cerró su publicación con una advertencia que resume el fracaso: «La bancarización seguirá siendo una consigna repetida en reuniones y documentos oficiales, mientras en la ciudad continúe gobernando la ley del efectivo».

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