Trump Island: Las preguntas que deja el inesperado proyecto que une al régimen cubano con Emiratos y Donald Trump

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias "El Cangrejo" y Donald Trump © Captura de video / The National - whitehouse.gov
Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias "El Cangrejo" y Donald Trump Foto © Captura de video / The National - whitehouse.gov

La propuesta de un empresario de Emiratos Árabes Unidos para desarrollar un complejo turístico de lujo en Cayo Santa María que algún día podría llevar el nombre de "Trump Island" ha vuelto a situarse en el centro del debate.

El detonante fueron las declaraciones del viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, quien aseguró al New York Times que el régimen no excluiría a Donald Trump ni a su organización de hacer negocios en la isla.

Por sí sola, la iniciativa no pasa de ser un proyecto privado sin participación confirmada de la Trump Organization. Sin embargo, cuando se coloca junto a otros hechos ocurridos en los últimos meses, surgen preguntas que, al menos por ahora, siguen sin respuesta.

Un proyecto que no pertenece a Trump

El origen de la historia está en un reportaje publicado en junio por el diario emiratí The National.

El medio reveló que el empresario Ali Abdullah Bin Haidar, presidente del Abdulla Ali Bin Haidar Group, firmó una carta de intención con el gobierno cubano para desarrollar un gran complejo turístico en Cayo Santa María.

Según la documentación consultada por el periódico, el resort podría llamarse "Trump Island" únicamente si la Trump Organization aceptara participar en el proyecto.

El propio reportaje aclara que esa participación no existe. No hay autorización para utilizar la marca Trump, ni acuerdo comercial con la empresa del presidente estadounidense.

El nombre aparece simplemente como una opción contemplada en la propuesta presentada por el desarrollador emiratí.

La respuesta del régimen

La historia dio un nuevo giro cuando el New York Times preguntó directamente a Carlos Fernández de Cossío sobre esos reportes.

El vicecanciller respondió que el gobierno cubano no estaba considerando un proyecto específico de ese tipo. Sin embargo, inmediatamente después dejó abierta la puerta a una eventual inversión del propio Donald Trump.

«Si él quiere hacerlo de manera pacífica, no vemos ninguna razón específica para excluirlo», afirmó.

Más adelante añadió que el verdadero obstáculo no era Cuba, sino la legislación estadounidense. «Lo que le prohíbe a Donald Trump invertir en Cuba son las leyes estadounidenses. No lo excluimos a él ni a su organización de hacer negocios en Cuba, si lo hace respetando las leyes cubanas», declaró.

Las palabras del funcionario representan uno de los mensajes más explícitos enviados hasta ahora por el régimen sobre la posibilidad de que Trump o su empresa inviertan en la isla.

¿Por qué Emiratos?

Más allá del proyecto en sí, hay otro elemento que llama la atención.

La iniciativa no surgió de un grupo hotelero español, canadiense o europeo, habituales inversores en el turismo cubano. Surgió de un empresario de Emiratos Árabes Unidos.

Y fue precisamente un medio emiratí, The National, el que dio a conocer la historia.

Ese mismo medio había entrevistado poco antes en Emiratos a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como "El Cangrejo", nieto de Raúl Castro y considerado una de las figuras con mayor influencia dentro del entorno del poder cubano.

Rodríguez Castro no viajó solo. Lo hizo acompañado por el viceministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Carlos Méndez, en una visita centrada precisamente en las oportunidades económicas y la captación de capital extranjero.

No existe evidencia pública de que aquella visita estuviera relacionada con el proyecto de Cayo Santa María. Sin embargo, la coincidencia temporal y temática resulta llamativa.

El antecedente de los contactos con Trump

A esa secuencia se suma otro episodio conocido meses antes.

Diversos reportes periodísticos, entre ellos uno publicado por The Wall Street Journal, señalaron que Rodríguez Castro habría intentado hacer llegar una carta directamente al presidente Donald Trump utilizando un canal no oficial.

Según esas informaciones, el emisario fue interceptado por las autoridades estadounidenses en el aeropuerto de Miami y devuelto a Cuba.

Los reportes indicaban además que la misiva abordaba, entre otros asuntos, posibles acuerdos económicos e inversiones.

Esos hechos nunca fueron confirmados oficialmente por La Habana, pero sí alimentaron las versiones sobre un intento del entorno del poder cubano de establecer una comunicación directa con Trump al margen de los canales diplomáticos tradicionales.

Un contexto que invita a hacerse preguntas

Por separado, cada uno de estos acontecimientos puede explicarse de manera independiente.

Un empresario emiratí propone un gran proyecto turístico. El régimen cubano busca desesperadamente inversión extranjera en medio de la peor crisis económica en décadas, pero, sobre todo, busca el apaciguamiento de Trump, que acumula un rosario de declaraciones candentes sobre Cuba.

Fernández de Cossío declara que Trump no estaría vetado como inversor.

Y diversos reportes sitúan a El Cangrejo intentando abrir un canal de comunicación con el presidente estadounidense.

«Puedo negociar con cualquier persona designada por EE.UU. Si se me da la oportunidad, claro que con Trump», dijo en su primera entrevista con un medio estadounidense, concedida a USA Today.

Sin embargo, observados en conjunto, los hechos dibujan una secuencia que merece atención.

¿Por qué la propuesta surgió precisamente en Emiratos Árabes Unidos, un país cuyos grandes desarrolladores mantienen desde hace años estrechas relaciones empresariales con la Trump Organization?

¿Por qué The National pasó, en cuestión de semanas, de entrevistar a una de las figuras más influyentes del entorno de Raúl Castro a publicar un exclusivo sobre un proyecto concebido para atraer a la empresa de Donald Trump?

¿Fue "Trump Island" únicamente la iniciativa comercial de un empresario de Dubái que vio una oportunidad de negocio en Cuba?

¿O coincidió con un momento en que distintos actores del régimen exploraban fórmulas para acercarse directamente al presidente estadounidense mediante incentivos económicos?

La información pública disponible no permite responder afirmativamente a ninguna de esas preguntas. Pero tampoco impide plantearlas.

Por ahora, lo único demostrado es que un empresario emiratí propuso un proyecto turístico que aspiraba a atraer a la Trump Organization, que un alto funcionario cubano afirmó públicamente que Trump sería bienvenido como inversor y que, en paralelo, circularon reportes sobre intentos del entorno del verdadero centro de poder en Cuba de establecer una interlocución directa con el presidente de Estados Unidos.

Quizá se trate únicamente de una sucesión de coincidencias.

O quizá, con el tiempo, nuevas piezas permitan comprender mejor un episodio que, visto en perspectiva, parece mucho más complejo de lo que sugería una simple historia sobre un resort bautizado provisionalmente como "Trump Island".

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