Aleida Guevara March, médica pediatra e hija de Ernesto 'Che' Guevara, calificó el trabajo por cuenta propia de «un pequeño cáncer dentro de nuestra sociedad».
Su definición, publicada en forma de entrevista por el medio oficialista Cubadebate en octubre de 2020, volvió a resonar alta y clara en 2022, ante las cámaras BreakThrough News (BT), esta vez entrevistada por la periodista Rania Khalek.
Las palabras, pronunciadas hace seis años, vuelven a circular en redes sociales y adquieren una dimensión nueva en el contexto actual: el régimen cubano atraviesa una de sus mayores contradicciones históricas, con un paquete de 176 medidas económicas que amplía formalmente el espacio del sector privado, pero que sus propios líderes se apresuran a presentar como una concesión táctica, no como un reconocimiento de derechos.
En la entrevista de 2020, Guevara March sostuvo que el Che «nunca lo entendería. De ninguna manera», en referencia a los trabajadores por cuenta propia, y añadió que el problema de fondo es ideológico: «la gente empieza a pensar solamente en su bolsillo».
En la de 2022, la hija del guerrillero amplió ese argumento apoyándose en Marx: «El hombre piensa según vive. Si tú comienzas a vivir solo para aumentar el nivel de posibilidades económicas de tu familia, tuya, te puedes olvidar que vives en una sociedad diferente. Eso es un riesgo tremendo».
Y fue más lejos: «¿Cómo tú creas conciencia social en esa persona que solo está trabajando para sí misma? Muy difícil, es realmente difícil».
Aunque reconoció que el cuentapropismo fue una salida ante la crisis —«a veces hay que tomar decisiones que, si bien no siempre son las correctas, son las que tenemos a nuestro alcance»—, dejó claro que lo considera una concesión ideológicamente inaceptable.
Esa mentalidad no es exclusiva de Guevara March: es el hilo conductor de la política económica del régimen.
El primer ministro Manuel Marrero presentó las 176 medidas ante la Asamblea Nacional en junio de 2026 con un mensaje inequívoco: «Estas transformaciones no constituyen una desviación del proyecto socialista».
El propósito declarado es «conservar lo esencial» y «salvar la Revolución», no abrir la economía por convicción.
Miguel Díaz-Canel, por su parte, fue aún más explícito en abril de 2026: «El carácter socialista de nuestra Revolución no es una frase del pasado. Es el escudo del presente y la garantía del futuro». Las reformas, dijo, son «para defender y avanzar en la construcción socialista, no para más capitalismo».
El contraste con la realidad que viven los emprendedores cubanos es brutal.
Mientras el régimen anuncia aperturas —eliminación del tope de 100 trabajadores para mipymes, autorización de banca privada, posibilidad de que una persona sea dueña de varias empresas—, en paralelo intensifica los controles sobre los negocios privados con multas, decomisos y amenazas de cierre de hasta tres meses por supuestas violaciones de precios.
En Las Tunas se aplicaron más de 2,000 sanciones a emprendedores en agosto de 2026, con multas de hasta 72,000 pesos cubanos; en Sancti Spíritus, un operativo conjunto de Fiscalía, Contraloría y Partido dejó más de 200 multas y al menos cinco establecimientos cerrados.
El propio gobierno había reconocido que los topes generales de precios fracasaron para contener la inflación, pero siguió aplicándolos como instrumento de presión selectiva.
Este patrón —abrir bajo presión externa, restringir en cuanto la presión cede— es el telón de fondo que da sentido a las palabras de Aleida, quien en mayo de 2024 ya había pedido a los Comités de Defensa de la Revolución que intensificaran la vigilancia sobre las mipymes por «los riesgos que entrañan para la seguridad».
Díaz-Canel admitió en junio de 2026 que «la resistencia creativa ya no basta», abandonando la fórmula que había invocado durante años como respuesta a la crisis sin reformas estructurales.
Pero ese giro retórico no implica un cambio de convicción: las declaraciones de figuras como Guevara March funcionan como señales ideológicas de que la apertura tiene límites y podría revertirse en cuanto cesen las presiones externas.
La hija del Che lo resumió con una frase que condensa la visión de toda una élite: «Para mí, personalmente, esto es un pequeño cáncer dentro de la sociedad. Es mi criterio. Yo en estas cosas soy muy radical».
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