Hambre, enfermedades, asaltos y emigración: Locutora Laritza Camacho describe el país que no aparece en las noticias oficiales

La Habana (imagen de referencia) © Facebook/Laritza Camacho
La Habana (imagen de referencia) Foto © Facebook/Laritza Camacho

La locutora y actriz cubana Laritza Camacho publicó este jueves una dura reflexión sobre el hambre, las enfermedades, la violencia y la emigración en Cuba, construida a partir de situaciones que, según describe, cualquier ciudadano puede reconocer en su barrio, su familia o su círculo de amigos, aunque no aparezcan reflejadas en las noticias oficiales.

En un texto publicado en su perfil de Facebook, Camacho cuestionó la distancia entre las cifras que se divulgan, los reconocimientos internacionales que recibe el país y las experiencias cotidianas de quienes viven en la Isla.

Captura Facebook/Laritza Camacho

La comunicadora comenzó recordando la pandemia de COVID-19 y la desconfianza que, según su experiencia, surgió cuando los contagios y las muertes comenzaron a afectar a personas cercanas.

«En tiempos de COVID, escuchabas los reportes con respeto, pero cuando los enfermos y muertos empezaron a ser tus conocidos o estuvieron en tu cuadra y en tu barrio cada vez más, supiste que las cifras tenían que ser más altas de lo que decían», escribió.

Con esa comparación introdujo una idea que atraviesa toda su publicación: la realidad que se vive directamente puede resultar muy distinta de la que transmiten los informes y las estadísticas oficiales.

Camacho trasladó después esa percepción a la situación sanitaria del país, al hablar de la hepatitis A y de la acumulación de desechos en las calles.

«Cuando tienes hepatitis A y a tu lado ves casos y casos con lo mismo, encuentras la certeza de que la basura tirada en la calle causa más daño que la peste o el asunto del ornato público», afirmó.

La preocupación por las enfermedades y las condiciones higiénicas tiene antecedentes recientes.

A finales de septiembre, el propio Ministerio de Salud Pública reconoció un incremento de enfermedades transmisibles en medio de dificultades con el agua, el saneamiento ambiental y la recogida de residuos.

Las autoridades sanitarias admitieron entonces problemas relacionados con dengue, chikungunya, enfermedades diarreicas, hepatitis e infecciones respiratorias.

La acumulación de basura y el deterioro de los servicios básicos forman parte de ese escenario, aunque la causa de cada contagio requiere una evaluación médica y epidemiológica específica.

La locutora dedicó otra parte de su reflexión al éxodo migratorio, que describió no mediante estadísticas, sino a través de las despedidas y de las casas que quedan vacías.

«Cuando tus conocidos parten para Brasil o la Conchinchina y todos tienen planes a corto, mediano o largo plazo para irse, el millón de emigrados que te anuncian, te parece cifra mal contada», señaló.

Su descripción pasó entonces de los números a las consecuencias familiares de la emigración.

«Cuando todos tus amigos, tus vecinos y tus compañeros de trabajo tienen a sus hijos afuera, nadie tiene que explicarte la soledad del cubano y su llanto silencioso», escribió.

Y añadió: «Cuando en tu cuadra hay más de dos casas vacías, sabes que se ha ido malanga y que pronto no habrá nadie para cuidar el puesto de vianda».

La imagen de las viviendas desocupadas coincide con una preocupación demográfica más amplia. Un análisis reciente sobre el éxodo cubano y la pérdida de población examinó las consecuencias de la emigración para las familias, el envejecimiento de la sociedad y la reducción de la población en edad laboral.

Camacho también habló de las dificultades para desplazarse y del impacto de los precios sobre los trabajadores.

«Cuando ves que hay muchos rikimbilis rodando por las calles y la gente sigue caminado sudorosa, sabes que muchos no pueden pagar el viaje hasta su trabajo o su casa», expresó, en referencia a las limitaciones económicas que afectan la movilidad cotidiana.

Pero una de sus frases más contundentes estuvo dedicada al salario y a la imposibilidad de cubrir las necesidades básicas.

«Cuando tu salario se acaba el mismo día y solo has comprado hambre, sabes que no tienes que ponerte un disfraz para ser considerado un 'trabajador vulnerable' o un 'vulnerable trabajador'», escribió.

La pérdida de poder adquisitivo ha quedado reflejada en testimonios recientes. A finales de septiembre, una trabajadora mostró cómo una compra de alimentos básicos consumía prácticamente sus 5,000 pesos de salario, sin dejarle dinero suficiente para adquirir carne, huevos o aceite.

La situación también fue abordada en un análisis sobre la crisis alimentaria en Cuba, que recogió datos de inflación y resultados de una encuesta según la cual una parte importante de los hogares consultados había tenido dificultades para acceder a los alimentos.

La violencia callejera ocupó otro espacio central en la publicación. Camacho relató el caso de un hombre que, según le comunicaron en un grupo de WhatsApp, quedó en coma tras recibir un golpe con un tubo durante un asalto para robarle su motocicleta.

«Cuando en tu pequeño grupo de WhatsApp, un amigo desesperado habla de un primo en coma porque le dieron un tubazo para quitarle la moto... sabes que el horror no es una peli de sábado por la noche», escribió.

Según su relato, el hombre murió posteriormente y en el mismo hospital había otras personas gravemente heridas por episodios de violencia.

«Cuando en el mismo hospital, al lado de ese hombre (que finalmente muere) hay muchos golpeados y graves por asaltos y violencia callejera, sabes que el muerto está al tolete y el dolor se desborda», afirmó.

El cierre de la reflexión de Camacho estuvo dirigido a la imagen internacional de Cuba y, particularmente, al contraste entre los problemas que describió y los reconocimientos que reciben las autoridades del país.

«Cuando nada de eso aparece en las noticias pero lees que le dieron a tu Cuba hambreada, violenta y oscura, un premio internacional sobre sostenibilidad y cultura alimentaria, te das cuenta que el mundo no conoce nada de lo que pasa en tu patria o vira el rostro y también se burla, cómplice de todo lo que pasa», concluyó.

La intervención de este jueves mantiene una línea de cuestionamientos públicos que Camacho ha sostenido durante las últimas semanas.

A inicios de mes, al reflexionar sobre la nostalgia y el deterioro de la vida cotidiana, afirmó que «nadie extrañaría el sabor del pan si no estuviera comiendo piedra», una metáfora sobre las carencias actuales y la añoranza de tiempos anteriores.

Días después, cuestionó directamente a los dirigentes cubanos y sostuvo que «deberían salir a protestar contra ellos mismos», responsabilizándolos de las condiciones que enfrenta la población.

Ya a finales de septiembre había criticado los intentos de censurar imágenes que muestran el deterioro del país, al señalar que «el problema nunca ha sido la foto ni el fotógrafo».

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