El régimen cubano celebra al Trump «pato cojo»: ¿Y si esperar otros dos años resulta su peor apuesta?

Donald Trump y Miguel Díaz-Canel © whitehouse.gov - cubahora.cu
Donald Trump y Miguel Díaz-Canel Foto © whitehouse.gov - cubahora.cu

La derrota republicana en las elecciones legislativas del 3 de noviembre ha ofrecido a la propaganda del régimen cubano un nuevo argumento para alimentar su estrategia de resistencia: Donald Trump es ahora un «pato cojo», un presidente debilitado que pierde influencia política y capacidad para imponer su agenda.

Así lo presenta Razones de Cuba, plataforma vinculada a la Seguridad del Estado, en un artículo firmado por Javier López que interpreta el revés electoral estadounidense como una señal de menor eficacia de la presión sobre La Habana.

«Más ruido político y mediático, menos efectividad estratégica», sentencia el autor, convencido de que Trump podría intensificar sus sanciones y amenazas sin conseguir resultados políticos significativos.

La conclusión encaja con las expectativas del régimen: Washington se debilita, el tiempo corre a favor de La Habana y resistir sigue siendo la mejor apuesta.

El problema es que López confunde la pérdida de influencia política con una supuesta incapacidad estratégica que los hechos no demuestran.

Un «pato cojo» que todavía puede morder

Es cierto que Trump enfrenta mayores obstáculos tras perder ambas cámaras del Congreso. Los demócratas podrán fiscalizar sus decisiones, bloquear iniciativas legislativas y elevar el costo político de eventuales operaciones militares.

Pero el presidente conserva amplias facultades ejecutivas en materia de sanciones, seguridad nacional y política exterior.

De hecho, apenas dos días después de las elecciones, Washington anunció nuevas sanciones contra ocho entidades y dos personas vinculadas al régimen cubano, además de identificar cinco embarcaciones como bienes bloqueados.

El artículo de Razones de Cuba también minimiza una dimensión fundamental: la nueva estrategia hemisférica estadounidense, los preparativos militares examinados durante 2026 y el precedente de la operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela.

Nada de esto significa que Trump haya decidido intervenir militarmente en Cuba, ni garantiza que consiga sus objetivos. Pero presentar sus movimientos como simples gestos propagandísticos destinados a disimular su debilidad constituye una interpretación interesada y poco sustentada.

De la «guerra psicológica» al consuelo del «pato cojo»

El discurso recuerda el empleado meses atrás por la propagandista Ana Hurtado, quien calificó de «guerra psicológica» las informaciones de CBS News sobre preparativos militares estadounidenses relacionados con Cuba.

Ahora, Razones de Cuba recurre a una explicación aparentemente más sofisticada para proyectar una tranquilidad semejante: Trump puede seguir presionando, pero sus acciones serían cada vez menos efectivas.

No es casual que ese mensaje aparezca en una plataforma que, según reconoce en su propia presentación institucional, nació en 2010 por decisión de la dirigencia cubana y utilizó en sus primeras producciones testimonios de agentes infiltrados de la Seguridad del Estado.

Su artículo responde a una línea editorial comprometida con la defensa del sistema político cubano. Y ofrece una lectura de la actualidad especialmente conveniente para quienes apuestan por sobrevivir al actual presidente estadounidense.

La resistencia tiene un costo que la propaganda omite

El canciller Bruno Rodríguez Parrilla ha defendido abiertamente la estrategia de resistir hasta que Washington cambie de política.

La victoria demócrata parece reforzar esa expectativa. Pero el régimen corre el riesgo de interpretar el debilitamiento electoral de Trump como una garantía de supervivencia, ignorando que todavía le quedan más de dos años de mandato.

El historiador cubanoamericano Michael J. Bustamante advirtió recientemente que esperar puede resultar una estrategia para el régimen, pero los costos continúan acumulándose para la población.

Y ahí reside la gran omisión del análisis oficialista: mientras la dirigencia calcula cuánto tiempo puede resistir, millones de cubanos afrontan apagones, escasez, inflación y el deterioro de sus condiciones de vida.

Las sanciones estadounidenses tienen consecuencias económicas, pero tampoco eximen al régimen de sus responsabilidades por décadas de políticas fallidas, inmovilismo y ausencia de reformas políticas sustanciales.

Hay, además, una paradoja reveladora: la propaganda cubana celebra el debilitamiento de Trump como consecuencia de unas elecciones competitivas, mientras defiende un sistema donde los ciudadanos no pueden disputar libremente el poder al Partido Comunista.

Trump tiene una fecha constitucional de salida de la Casa Blanca. Los dirigentes cubanos, en cambio, siguen apostando por resistir sin ofrecer a la población una alternativa democrática para decidir su futuro.

La Habana puede confiar en que Trump fracase, pero no tiene garantías de que esperar su fracaso resuelva algo.

Si dentro de dos años el régimen consigue sobrevivir políticamente, pero Cuba continúa hundiéndose en la pobreza y la emigración, ¿quién habrá ganado realmente esa batalla de resistencia?

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Iván León

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y RR.II. por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en RR.II. e Integración Europea por la UAB.






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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.


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