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En medio de una de las peores fases de la crisis energética que vive Cuba, más de 9 millones de personas están cocinando hoy en condiciones precarias, insalubres y peligrosas, según alertó el Food Monitor Program (FMP), una organización independiente que monitorea desde hace tres años el acceso a servicios básicos en la isla.
La cifra proviene del análisis del último Censo de Población y Viviendas de Cuba y de estudios propios del FMP, que estiman que alrededor de 1,7 millones de hogares usan gas licuado (GLP), otros 2 millones dependen exclusivamente de la electricidad, y unos 220 mil cocinan con gas manufacturado.
El resto de la población queda completamente expuesta a cortes de electricidad, a la paralización del suministro de gas o a medios rudimentarios.
Considerando un promedio de 3 a 4 personas por hogar, más de 9 millones de cubanos enfrentan dificultades graves o imposibilidad total para cocinar en sus viviendas, subrayó la organización.
El informe señala que, con apagones que alcanzan hasta 20 horas diarias, las familias cocinan cuando hay electricidad, sin importar la hora.
Se preparan alimentos de madrugada, se come frío o de inmediato, y muchas personas han reducido la cantidad de comidas diarias.
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Antes del colapso más reciente, un 33% de los hogares ya había comenzado a suprimir comidas como medida de supervivencia, mientras que un 25% confesaba haberse ido a dormir con hambre.
El escenario más dramático es el aumento de la cocción con leña y carbón vegetal. Miles de familias, ante la imposibilidad de usar electricidad o gas, construyen fogones improvisados con materiales reciclados.
Estas prácticas han provocado incendios domésticos y generan gases altamente tóxicos, asociados por la OMS a enfermedades respiratorias crónicas, cáncer pulmonar y problemas cardiovasculares.
Las mujeres, responsables mayoritarias de la cocina en Cuba, son las más expuestas a este riesgo, lo que agrava su vulnerabilidad física y emocional.
La situación energética es resultado de un sistema envejecido y dependiente de combustibles fósiles importados.
Desde 2017, según reconoció el propio director de la Unión Eléctrica, no se ha brindado mantenimiento suficiente a las termoeléctricas del país, muchas de las cuales tienen más de cuatro décadas de operación, indicó FMP.
Los “parches” aplicados, como grupos electrógenos y centrales flotantes turcas, no han evitado apagones prolongados, incluidos cuatro colapsos totales del sistema nacional desde octubre de 2024.
El agua también está en crisis pues más del 50% de los hogares recibe el servicio en ciclos de dos a quince días, lo que obliga a almacenar en condiciones inadecuadas, usar bombas eléctricas (inservibles durante los apagones) o depender de salideros y acarreos.
El 54% de los encuestados por el FMP declaró que debe potabilizar el agua antes de consumirla, y el riesgo de enfermedades digestivas se eleva con la llegada del verano.
Todo ello afecta directamente la seguridad alimentaria, la higiene y la preparación de los alimentos, recalcaron.
El informe denuncia que el Estado ha optado por imponer restricciones al consumo energético doméstico, recomendar comidas ligeras y mantener un discurso centrado en la “resistencia”, mientras normaliza la escasez como parte del modelo de gestión.
Para los ciudadanos, sin embargo, la resistencia no es una consigna: es una imposición cotidiana sin alternativas.
La organización concluye que la crisis energética forma parte de una policrisis más amplia que incluye el deterioro de los servicios públicos, el éxodo masivo, el envejecimiento poblacional y el colapso de los sectores productivos.
En ese contexto, millones de cubanos viven sometidos a una realidad que les impide no solo alimentarse adecuadamente, sino conservar una mínima estabilidad en sus vidas.
“En cada apagón, en cada madrugada sin agua, se apaga también una parte del derecho a vivir con dignidad”, advierte el informe, que llama a mirar más allá de los datos técnicos y enfocar el drama humano que hay detrás de cada fogón apagado y cada comida que no llega a servirse.
Preguntas frecuentes sobre la crisis energética y alimentaria en Cuba
¿Cuántos cubanos se ven afectados por la crisis energética actual?
Más de 9 millones de cubanos están cocinando en condiciones precarias debido a la crisis energética que vive Cuba. La falta de electricidad y gas ha forzado a muchas familias a recurrir a métodos obsoletos y peligrosos para preparar sus alimentos, como el uso de leña y carbón.
¿Cuál es el impacto de la crisis energética en la alimentación de los cubanos?
La crisis energética ha reducido la capacidad de las familias para cocinar de manera adecuada, lo que ha llevado a una disminución en la cantidad de comidas diarias y a prácticas insalubres. Muchas personas cocinan a horas inusuales cuando hay electricidad, y un gran número se ha visto obligado a suprimir comidas o a consumir alimentos fríos.
¿Qué riesgos implica la cocción con leña y carbón en Cuba?
El uso de leña y carbón para cocinar genera gases tóxicos que pueden provocar enfermedades respiratorias crónicas, cáncer pulmonar y problemas cardiovasculares. Además, estas prácticas han causado incendios domésticos, aumentando el riesgo para la salud de las familias, especialmente de las mujeres, quienes suelen ser las principales responsables de la cocina.
¿Qué ha hecho el gobierno cubano para afrontar la crisis energética?
El gobierno cubano ha impuesto restricciones al consumo energético doméstico y ha recomendado comidas ligeras, pero estas medidas no han resuelto la crisis. Además, se han aplicado "parches" como grupos electrógenos y centrales flotantes, que no han evitado los apagones prolongados, reflejando una gestión ineficaz del problema.
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