La diplomacia del victimismo: Cómo el régimen cubano reescribe el embargo antes de la votación en la ONU

Cuba culpa al embargo estadounidense de su crisis, pero comercia globalmente y recibe inversiones. La propaganda del régimen oculta su ineficiencia y represión, mientras acusa a EE.UU. de "bloqueo genocida".

Bruno Rodríguez Parrilla y Johana Tablada de la Torre © X / @BrunoRguezP - Facebook / Johana Tablada
Bruno Rodríguez Parrilla y Johana Tablada de la Torre Foto © X / @BrunoRguezP - Facebook / Johana Tablada

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A medida que se aproxima la votación anual en la Asamblea General de Naciones Unidas sobre la resolución contra el embargo estadounidense, el régimen cubano ha puesto en marcha su maquinaria de propaganda más disciplinada.

En una semana, Bruno Rodríguez Parrilla, Miguel Díaz-Canel, notorios voceros del régimen en el noticiero estelar y por último, Johana Tablada de la Torre —la cara más mediática de la diplomacia cubana— han repetido la misma narrativa: Cuba es víctima del “cerco económico más brutal del mundo”, y Washington, bajo la “influencia de Marco Rubio”, intenta “torturar a un pueblo noble”.

Captura de pantalla Facebook / Johana Tablada

Pero detrás de los discursos, hashtags y acusaciones, los datos cuentan otra historia: Cuba no está bloqueada; comercia con Estados Unidos y con decenas de países; recibe donaciones, inversiones y créditos blandos; y su crisis no proviene de las sanciones, sino de su propia insolvencia, ineficiencia y represión interna.

Una conferencia, una ofensiva mediática

El punto de partida de la ofensiva fue la conferencia del canciller Bruno Rodríguez Parrilla el 22 de octubre.

Durante casi dos horas, el ministro denunció una supuesta “campaña mendaz del Departamento de Estado” para presionar a gobiernos latinoamericanos y europeos de cara al voto en la ONU.


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Rodríguez Parrilla leyó fragmentos de documentos diplomáticos estadounidenses y calificó de “desvergonzada mentira” la afirmación de que Cuba es una amenaza a la paz regional.

Este jueves, el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana (NTV) dedicó un extenso segmento a amplificar sus declaraciones y a “responder” al subsecretario de Estado Christopher Landau, quien había recordado que “en Cuba no hay bloqueo, sino un sistema fallido”.

El programa, conducido por el periodista Jorge Legañoa Alonso, acusó a Landau de “alarde de diplomacia trumpista” y afirmó que, si el embargo no existiera, “no habría apagones ni escasez”.

Pero la emisión fue un ejercicio de desinformación: omitió el volumen real de importaciones desde EE.UU., el flujo constante de turistas europeos y canadienses, y el acceso legal de Cuba al comercio internacional.

El propio guion del noticiero se derrumba ante las cifras oficiales.

Comercio activo: Los datos que el noticiero no mostró

Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), Cuba importó más de 204,9 millones de dólares en alimentos entre enero y mayo de 2025, un aumento del 16,6 % respecto al mismo periodo de 2024.

Los productos más comprados fueron carne de pollo (15,7 millones solo en mayo), leche en polvo, arroz, carne de cerdo, café y productos sanitarios.

En 2024, las importaciones totales de alimentos y productos agrícolas alcanzaron 301,7 millones de dólares, mientras que en marzo de ese año se duplicaron las compras respecto al año anterior, llegando a más de 40 millones mensuales.

Desde 2001, bajo las excepciones de la Ley de Reforma de Sanciones Comerciales y Mejora de las Exportaciones (TSREEA), Cuba ha gastado más de 8,000 millones de dólares en productos estadounidenses, incluyendo alimentos, medicamentos y maquinaria.

Esa misma flexibilidad se refleja en el comercio de bienes no esenciales.

En los primeros siete meses de 2024, la isla gastó 36 millones de dólares en autos importados desde EE.UU., y en agosto destinó 46 veces más dinero a vehículos que a alimentos.

Las operaciones, autorizadas por el Departamento del Tesoro bajo licencias especiales para el sector privado, se realizan a través de las Mipymes —el único segmento relativamente dinámico de la economía cubana—.

Es decir: mientras el noticiero denuncia un bloqueo, el régimen compra autos, pollo y maquinaria al país que dice que lo asfixia.

Los medicamentos sí pueden importarse

Uno de los argumentos más repetidos por Rodríguez Parrilla y Tablada de la Torre es que el “bloqueo” impide adquirir medicamentos.

Sin embargo, en 2023 la Embajada de Estados Unidos en La Habana respondió públicamente a esas acusaciones. “Sí se pueden importar medicamentos a Cuba desde EE.UU. El embargo permite exportaciones médicas y humanitarias. El problema no es la ley, sino la gestión”.

Según datos del Departamento de Comercio, ese año se aprobaron casi 900 millones de dólares en exportaciones médicas hacia Cuba, el doble que en 2021.

Los suministros incluyen equipos hospitalarios, reactivos, insumos quirúrgicos y medicinas esenciales, siempre que el comprador cubano pague en efectivo y sin intermediarios militares.

El régimen, no obstante, prefiere mantener el relato de la prohibición total para trasladar su ineficiencia sanitaria al campo político.

La escasez de medicamentos en las farmacias cubanas y el deterioro generalizado del sistema de sanidad pública en Cuba no se debe a la ley Helms-Burton, sino a la quiebra de BioCubaFarma, la falta de divisas, las prioridades de inversión del régimen y la fuga de personal médico.

Medidas dirigidas, no castigos colectivos

En su reciente publicación, Tablada de la Torre acusó a Washington de “aplicar medidas inhumanas” y enumeró una larga lista de sanciones de 2025: restricciones de visado, suspensión de intercambios culturales, limitación de vuelos, exclusión de Airbnb y otras.

Pero el propio listado revela su naturaleza selectiva. La mayoría de esas sanciones se dirigen a funcionarios, militares, jueces y fiscales cubanos implicados en violaciones de derechos humanos, no a ciudadanos comunes.

Las restricciones de viaje y de visado se amparan en la Ley Magnitsky Global, que permite sancionar a individuos responsables de represión política o corrupción.

Lo mismo ocurre con las medidas contra las misiones médicas cubanas, consideradas por el Departamento de Estado como una forma de trata de personas.

Como es público y notorio, y ha sido demostrado en innumerables ocasiones a través de testimonios y evidencias documentales, los profesionales son enviados al extranjero bajo contratos estatales, con retención de hasta el 80 % de sus salarios y vigilancia de agentes de seguridad.

Lejos de ser una “obra solidaria”, el programa genera ingresos millonarios para el Estado cubano y viola múltiples normas laborales internacionales.

Cuba sí puede comerciar con el mundo

Ni la Helms-Burton ni ninguna otra ley estadounidense impide a Cuba comprar o vender con terceros países. La isla mantiene relaciones comerciales con más de 70 naciones, incluidas China, Rusia, España, Canadá, Brasil, México, Vietnam o Argelia.

El embargo solo prohíbe a empresas estadounidenses (y a sus subsidiarias) comerciar con el régimen, salvo en los rubros humanitarios.

Las trabas actuales no son producto de sanciones externas, sino de impagos reiterados. Proyectos energéticos chinos, rusos y españoles se han detenido por falta de pagos.

La deuda con el Club de París supera los 3,000 millones de dólares, y el propio gobierno francés ha reconocido que Cuba dejó de cumplir sus compromisos desde 2019.

El país tiene una calificación crediticia de riesgo extremo, lo que significa que ningún banco internacional le concede crédito. Por eso, todas las compras —incluso las humanitarias— deben realizarse al contado y con sobreprecio.

Esa es la verdadera “asfixia financiera”: la que el régimen se inflige a sí mismo.

Por qué existen las sanciones

Washington no impone sanciones por capricho. Las decisiones de los últimos años responden a razones específicas y documentadas.

  1. Apoyo al terrorismo y vínculos militares con potencias adversarias: Entre otros grupos, Cuba ha ofrecido cobertura a miembros del ELN colombiano y ha permitido el reclutamiento de mercenarios cubanos en la guerra de Ucrania. Su alianza estratégica con Rusia y China incluye entrenamiento militar y cooperación en materia de espionaje e inteligencia electrónica.
  2. Represión interna y presos políticos: Las sanciones personales afectan a jueces, fiscales y oficiales vinculados a los juicios del 11J y a las detenciones arbitrarias de opositores.
  3. Trata y explotación laboral: El Departamento de Estado mantiene a Cuba en su lista de países que no cumplen los estándares mínimos en la lucha contra la trata de personas.
  4. Corrupción y lavado de activos: Las estructuras empresariales del conglomerado militar GAESA concentran divisas sin control ni auditoría pública.
  5. Apoyo a la sociedad civil: Lejos de ser una operación encubierta, la asistencia estadounidense a medios independientes y ONGs cubanas es legal y está registrada en el presupuesto federal.

En otras palabras, las sanciones son reactivas, no originarias: surgen como respuesta a violaciones y alianzas del régimen, no como causa de sus males.

La diplomacia del victimismo

El discurso de Tablada de la Torre y Rodríguez Parrilla busca rearmar el consenso interno en torno al enemigo externo.

Ante el colapso del sistema eléctrico, la inflación desbocada y la emigración masiva, el régimen necesita explicar el desastre como una agresión ajena. Por eso, cada octubre reaparece el guion del “bloqueo genocida”, acompañado de testimonios selectivos y cifras manipuladas.

Pero la realidad lo desmiente: Cuba importa, exporta, recibe turistas, mantiene relaciones diplomáticas con más de 160 países y ha sido beneficiaria de perdones de deuda e inversiones. Su crisis no es producto de sanciones, sino del fracaso estructural de su modelo económico y político.

Mientras el MINREX denuncia una “guerra económica”, las Mipymes privadas importan autos, las tiendas estatales venden pollo estadounidense en dólares, y las farmacias carecen de medicinas por falta de gestión, no de permisos.

“El embargo es un pretexto”

La narrativa del bloqueo cumple una función política, no informativa. Permite al régimen justificar la escasez, encubrir la corrupción y mantener el control ideológico sobre un pueblo exhausto.

Pero los hechos son tozudos: Cuba no está bloqueada, está quebrada. Y no por culpa de Washington, sino por un Estado que prohíbe la competencia, reprime la disidencia y no paga sus deudas.

Como resumió recientemente un diplomático europeo acreditado en La Habana: “El embargo es un pretexto; el verdadero bloqueo es el que el gobierno impone a su propia economía”.

A pocos días de la votación en la ONU, la diplomacia cubana volverá a ganar en números, pero a perder en credibilidad. Porque cada año que repite el mismo discurso sin resultados, queda más claro que el enemigo no está en la Casa Blanca, sino en el Palacio de la Revolución.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.




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