Joven cubana | Foto © CiberCuba
Joven cubana | Foto © CiberCuba

Explotan las redes por artículo machista publicado en la prensa cubana

América Latina Cuba

“El mundo entero está denunciando el acoso a las mujeres, mientras que Cuba está promoviéndolo” es la conclusión a la que han llegado esta semana no pocos lectores del sitio oficialista CubaSí, después de una publicación expresamente misógina que busca normalizar la popular práctica del ‘piropo’ en la Isla.

Una ola feminista destapa desde hace meses los casos más escandalosos de agresiones, abuso y acoso sexual en espacios públicos y laborales. Millones de mujeres marchan alrededor del mundo para exigir políticas más duras contra los femicidios y las violaciones; para demandar un aborto seguro, gratuito y legal; por la equidad salarial y el respeto a la diversidad de orientaciones sexuales e identidades de género.

Pero Cuba se encuentra, a todas luces, rezagada en esta lucha. El artículo publicado el lunes por el periodista Mario Vizcaíno Serrat en la revista CubaSí, “Mujeres prescinden de piropos, hombres en crisis”, da fe de ello. 

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El texto, que por absurdo confundió a más de uno, establece ridículas analogías sobre el uso -por parte de las mujeres- de tecnología de la comunicación como forma de alienarse y escapar de los “destellos inigualables de admiración masculina”. El autor no solo defiende el acoso callejero, sino que se molesta porque las “damas” prefieren evitarlo.

“Los hombres que establecieron en las calles su campo de batalla para conquistar mujeres se las están viendo difícil en La Habana con el acceso de las damas a la tecnología, especialmente a los aparatos que se enchufan a los oídos”, reza la nota.

Captura de pantalla de comentario en el artículo de CubaSí

Además de referirse en todo momento a la mujer como una presa que debe ser cazada, perseguida o conquistada, Mario Vizcaíno trata infructuosamente de acudir a lo anecdótico, al “un amigo mío, por ejemplo…” cuando evidentemente se refiere a un ideal que comparte y defiende como suyo.

“Cada vez es más complicado hablar con una muchacha en un ómnibus, uno de los terrenos tradicionales de la conquista femenina en la Isla, o preguntarle algo en una cola (…) Uno de mis mejores amigos, que a sus 51 años sigue siendo un perseguidor de mujeres, se está marchitando ante un cuadro que él pinta de desolador, y que se le presenta cada vez más desafiante”.

Visualicemos por un segundo a este hombre de 51 años que admite ser “perseguidor de mujeres” en los ómnibus. Y no se refiere a cualquier tipo de mujer, sino aquellas que recurren al uso de audífonos en su día a día para compensar los avatares del transporte público, o sea, jóvenes (estudiantes de secundaria o universitarias). Algo pinta muy mal.

“Y ellas, aunque no se den cuenta, se están perdiendo esos destellos inigualables de admiración masculina que siempre las hicieron sentirse perseguidas y hermosas”, continúa el texto, porque sí, las mujeres necesitan sentirse perseguidas y la única forma de saberse hermosas es a través de “formas de admiración” no solicitadas provenientes de un total extraño en la calle. 

Si creen que a estas alturas del artículo el lenguaje condescendiente y ofensivo ya no da para más, CubaSí sorprende con un vuelco: la comprobada naturaleza selectiva y frívola de las mujeres para escoger de pareja solo a aquellos hombres con auto y dinero. 

“Los hombres cubanos sin auto y sin dinero para gastar con derroche han tenido que valerse del contacto de tú a tú en las calles, y en esa trinchera siempre han ‘ligado’, como los buenos pescadores, convencidos de la sabia sentencia campesina: siempre hay un roto pa´ un descosío”.

Otro fragmento realmente espeluznante infiere que por culpa de los celulares y audífonos “los hombres galantes” ven reducidas sus probabilidades “de dar en las dianas femeninas (nótese la referencia repetida a la caza), mientras las damas se pierden el susto de la conquista, necesitada de talento masculino”.

¿Por qué el piropo es ofensivo?

Las “damas se pierden el susto de la conquista” es quizás la frase más peligrosa de este texto. 

Lo más probable es que si eres hombre y estás leyendo esto, no seas consciente de que para la mayoría de las mujeres los escenarios habituales de acoso callejero (o ‘piropos’) sí representan un “susto” con todas sus letras. Puedes preguntarle a una mujer cuántas veces ha tenido que cambiar de acera para evitar estos eventos.

Y es que el piropo no se queda en la idea de halagar o no a una mujer, se trata de cómo concebimos las relaciones de poder que giran en torno a los roles de género asumidos por las personas en la sociedad. 

Un hombre no piropea a una mujer para que se sienta bien, esto le importa tres pepinos. El hombre piropea porque puede, porque socialmente se encuentra en una posición privilegiada en la que es aceptable que evalúe en público el cuerpo del “sexo más débil”.

El piropo refuerza la idea de que la mujer necesita de la aprobación masculina para sentirse hermosa (y que necesita sentirse hermosa en todo momento) y es abordado en muchas partes del mundo como una invasión al espacio personal y una forma de agresión pública.

No basta con tener organismos representativos cuasi inútiles como la FMC, ni con que existan en Cuba mujeres en altas esferas del poder político, cuando el machismo está institucionalizado a tal punto que se aprueban y publican estos artículos en la prensa oficial.

No bastan las precarias campañas del CENESEX contra la violencia hacia las féminas, cuando la enciclopedia Ecured publica una escandalosa definición de la palabra “mujer”, cuando no se divulgan ni se procesan como tal los femicidios en el país y cuando decenas de mujeres opositoras son golpeadas y arrastradas por las calles cada semana. 

El tema da para más, para mucho más. Afortunadamente, una revolución mundial parece ir cambiando de a poco las cosas. ‘Me too’, que comenzó en Estados Unidos, es un ejemplo; las marchas por la impunidad de La Manada en España es otro; así como la lucha de las argentinas para decidir sobre sus cuerpos y las mujeres al volante en Arabia Saudita. 

Solo falta que Cuba se una. Todas las mujeres cubanas importan, no solo las Vilma Espín y las Celia Sánchez. También importan Leidy Laura Pacheco Mur, una joven madre secuestrada, violada y asesinada en Cienfuegos; Misleydis González García, apuñaleada frente a su casa en Ciego de Ávila por su expareja; Daylín Najarro Causse, degollada en público por el padre de su hija; y otras tantas anónimas que nunca llegaron a la portada de Granma.

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