Andy Vázquez Foto © Instagram del artista

La burocracia contrarrevolucionaria y su boomerang Facundo

El tardocastrismo está abarrotado de burócratas contrarrevolucionarios y de numerosos cuadros de la contra-inteligencia empeñados cotidianamente en mostrar su incapacidad, disfrazada de celo revolucionario, como demuestra el affaire Facundo que por estos días sacude a parte de la opinión pública y publicada de Cuba.

La informatización de la sociedad, que es una operación de maquillaje de la dictadura y de recaudación de moneda dura, provoca que los compañeros encargados del aparato ideológico estén peleando fuera de su peso y, cuando se producen cortocircuitos como el que ha movido parte del suelo al actor Andy Vázquez, saltan al ring con mañas de boxeadores puchindrú.

El primer disparate es intentar culpar a un actor del tumulto de Cuatro Caminos que fue responsabilidad de los contrarrevolucionarios que mandan en ese nuevo modelo de negocio y que ni siquiera recordaron que esa zona, y el propio antiguo Mercado Único, se inunda.

La Ciudad letrada  está en la obligación de abordar los temas más importantes de las sociedades en las que habita y solo a un contrarrevolucionario se le ocurre concentrar artículos de primaria y secundaria necesidad en un solo punto para -una vez más- intentar vender una falsa imagen de prosperidad sostenible, que es el penúltimo invento Made in Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Los cubanos, empobrecidos por el miedo de la casta verde oliva a la libertad política que genera la riqueza, se agolpan y hacen colas ante establecimientos donde creen que habrá agua y carbón, especialmente, en fechas cercanas a las Navidades y el aniversario del triunfo de la revolución.

El segundo error fue no informar con una nota oficial que Andy Vázquez había sido apartado seis semanas (¡que diría Juan Formell!) de "Vivir del cuento". Prefirieron hacerse los guillados para no aparecer como censores; lo que tiene guasa, porque censurar se les da como el comer lechón y beber cerveza, y dejar que las redes sociales abordaran el tema, a partir de la no aparición del actor en el popular programa.

Aún sorprende la cuota de cretinos que vivaquea en la carabina de Ambrosio y, además cobra del presupuesto estatal y se viste con guyabera de la guara.

Lógicamente, como la operación despiste no les salió bien y, alertados por el escándalo en redes sociales y recogidas de firmas para que Facundo vuelva a "Vivir del Cuento", entonces decidieron poner en marcha el plan B, que consiste en desacreditar al actor, recordar que tras recibir la sanción "con la que estuvo de acuerdo" -típica pirueta estalinista- viajó a Miami. ¡Ah, Miami!, cuanto influye en la mente y los brazos de los muñequitos de La Habana.

Andy Vázquez y su entorno tampoco han estado acertados en el manejo del asunto, filtrando que se quedaba en Miami y luego matizó su decisión, aclarando que aún no estaba tomada.

El miedo es libre pero sería razonable que los cubanos, especialmente aquellos que son influyentes por su popularidad, eviten poses gusañeras y digan y actúen en cada momento con claridad y respeto. No se trataba de trivializar su tapabocas con que estaría comprando una piezas para el carro y que volvería en unos días a La Habana cargado de pacotilla. Bastaba con decir, estoy refrescando tras el fuetazo.

Una vez que, quienes pagan a periodistas y figuras con acceso a Internet, decidieron convertir el revés de Cuatro Caminos en victoria -otra más en el largo camino a la melancolía- la prensa anticubana al servicio del partido comunista y corresponsales rapilitos de la blogosfera del Cundeamor se lanzaron a explicar lo inexplicable y, como ya es habitual en algunos contrarrevolucionarios, a criticar a otros cubanos por prestar más atención a Facundo que a Donald Trump, por ejemplo.

Sería deseable que Manuel Calviño analizara en su programa esa obsesión de los compañeros de las Brigadas de Respuesta Rápida cibernética con la mafia de Miami, Bolsonaro, Lenin Moreno, Almagro y, especialmente, diera claves del motivo psicológico que impulsa a la casta verde oliva a desconfiar permanentemente de la capacidad y firmeza del pueblo, tras 60 años de evangelización comunista.

Algo falla en el cerebro de los cuadros de la Contra-Inteligencia cuando pretenden guiar a los ciudadanos como si fueran borregos que ponerlos a salvo de la maldad imperialista y de los quintacolumnistas que llevan años intentando suplantar el monólogo totalitario con la discrepancia inteligente. Ya avisó Olga Guillot: Miénteme más, que me hace tu maldad, feliz...

Con contrarrevolucionarios vaciladores del comunismo de cuotas y cerveza dispensada; no hace falta tener adversarios, solo un enemigo formidable que sirva de comodín eterno para culparlo de todo lo posible. ¿Alguien ha calculado la rentabilidad política del imperialismo como ingrediente principal de la baba sin quimbombó?

Mientras Andy Vázquez decide si regresa a Cuba o se queda en Miami y los guionistas ensayan fórmulas de reincorporación de Facundo como el primo de "Vivir del cuento", en la yuma, la región más próspera de Cuba; la nación sigue magullada, extraviada y dolorida, a la espera de que la sensatez derrote a la bobería. 

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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