Alejandro Gil Fernández, ministro de Economía y Planificación de Cuba Foto © Razones de Cuba

La bomba de Alejandro: La economía cubana cayó el 11%

El ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil Fernández, removió los cimientos de la Asamblea Nacional: La economía cubana cayó un 11% en 2020, tras casi dos años de ocultación y manipulación de datos; empeño en que recibió el apoyo de su amiga CEPAL que -hasta ayer mismo- seguía negando la evidencia que venimos contando en CiberCuba, semana tras semana.

La bomba de Alejandro, un raro ejercicio de transparencia oficial para que los cubanos se preparen para el diluvio que soportarán en 2021, explotó tras meses negando la evidencia, pero su gesto evidenció que aún siguen quedando cabos sueltos y, sobre todo, incertidumbre ante el penoso escenario económico de Cuba.

El ministro informó que este año 2020 la estimación del decrecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) a precios constantes se sitúa en un -11%, tres puntos más que lo anticipado por CEPAL en su reciente publicación “Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe 2020” que lo situaba en un -8,5%.

Con estos registros, la economía cubana está al borde del colapso, como hemos señalado en numerosos informes y trabajos, y la pandemia lo que ha hecho ha sido profundizar la recesión e incrementar la complejidad del escenario en el que se tienen que implementar la Estrategia y la Tarea ordenamiento que, por muchas razones de coherencia, eficacia u oportunidad, no son las políticas necesarias para salir de la recesión.

Entrando con detalle en lo ocurrido en 2020, el ministro explicó que la actividad económica ha mostrado un intenso decrecimiento en los cuatro trimestres del 2020, en comparación con el mismo período del año anterior, siendo especialmente grave la recesión en el segundo trimestre, como consecuencia, y cito textualmente, de “la fuerte contracción en el comercio exterior, la reducción del turismo internacional y de los ingresos en divisas al país; así como, el impacto significativo en los sistemas de salud y educación, derivado de la  COVID -19”.

El ministro excluyó el embargo o bloqueo norteamericano de los factores causantes de la crisis, una singularidad política y muestra de que su análisis cumple con los estándares de un economista profesional y empieza a ofrecer un diálogo en el que podemos acordar el diagnóstico y ponernos a trabajar en programas y medidas compatibles que permitan a la economía cubana superar la grave situación actual.

Gil Fernández explicó que la evolución de la economía en 2020, siendo especialmente negativa, mostró un perfil muy crítico en el primer semestre, pero que la situación ha ido mejorando en la segunda mitad del año, sin alcanzar cifras positivas. Esta evolución más favorable se debe a “la mejora de la situación epidemiológica nacional y el restablecimiento gradual de la vitalidad de los principales servicios sociales”, aspectos que el ministro entiende que facilitan el proceso de recuperación de la economía.

El regreso a la etapa de “nueva normalidad” y la puesta en marcha de medidas de estímulo a la actividad económica pretenden conseguir un “restablecimiento parcial de los niveles de actividad fundamentales de la industria manufacturera, transporte, salud, comercio, educación, cultura y deporte, entre otros”. Pero es evidente que estos resultados distan mucho de ser logrados, a la vista de los datos ofrecidos.

Discrepo con el ministro su percepción de que en “la contracción del PIB en el año 2020, tiene un impacto fundamental a la reducción de los niveles de actividad en la esfera social y estatal” que si bien tienen un peso elevado en el PIB, su efecto tractor sobre la economía es reducido como consecuencia de sus bajos niveles de productividad y rentabilidad.

Gil Fernández debería haber mostrado, al menos cierta preocupación, por el hundimiento de la actividad económica de los emprendedores privados, que ha sido mucho más intensa, y que tiene, a pesar de su menor participación en el PIB, un mayor impacto por su productividad y orientación a la satisfacción de las necesidades de los consumidores. El comportamiento final de los emprendedores privados contrasta en 2020, notablemente, con lo ocurrido en años precedentes, cuando este sector lideró la actividad productiva, la creación de empleo y los ingresos tributarios.

Sin atención al sector privado, las autoridades comunistas pierden una oportunidad para transformar realmente la economía cubana en la dirección correcta.

El ministro tuvo ocasión de mostrarse optimista, a partir de este escenario, con las previsiones para 2021, y anunció que espera que los niveles de actividad del plan estatal experimenten una “gradual recuperación de la actividad económica, con un crecimiento del PIB a precios constantes entre un 6% y un 7%” lo que supondría para la economía cubana dejar atrás la recesión en que se encuentra desde 2019 y, convenientemente, ocultada por el gobierno.

Parte el plan del gobierno comunista de un diseño erróneo. No hay bases económicas coyunturales o estructurales que permitan apostar por ese rebote de la economía en 2021 porque será muy difícil que los factores que explican la recesión, la profunda recesión desde 2019, cambien de signo en tan poco tiempo. A pesar de ello, el ministro dijo que estima una recuperación de la actividad productiva y de la social, condicionados a la evolución y el control de la pandemia, así como del cumplimiento de actividades clave como el turismo y las exportaciones.

Las políticas económicas del gobierno, la Estrategia y la Tarea ordenamiento, tampoco contribuyen a estimular el crecimiento, porque no van dirigidas a incrementar los niveles de renta real de los consumidores, o los beneficios de las empresas. Por eso, las metas de crecimiento proyectadas para la segunda etapa del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social al 2030 tampoco se van a cumplir y es muy probable que la economía profundice el círculo vicioso en que se encuentra, sin capacidades para salir adelante.

Visto el futuro, vayamos al pasado reciente, según el dirigente comunista, 2019, año anterior a la pandemia, la economía cubana decreció un -0,2% con respecto al año anterior, y la inflación al término de ese año fue de un 3,3%, calculado relacionando la tasa de crecimiento corriente del PIB, un 3,1% con el descenso real del -0,2%, según datos oficiales.

Datos que no permiten ofrecer una visión positiva de la economía. Ya a finales de 2019 los cubanos experimentaban un deterioro de los indicadores con un impacto directo sobre su nivel de vida y bienestar, provocado, en primer lugar, por la expansión fiscal para pagar el incremento salarial en el sector público, que no pudo contrarrestar un escenario crítico, como el descrito.

Y en segundo lugar, por la intensa reducción de los suministros de petróleo por parte de Venezuela, inmersa en una grave crisis económica y social. Lo veníamos diciendo en nuestros trabajos, y ahora se confirman las previsiones. Sin embargo, lo peor ocurrió en 2020 y el año que viene barrunta nubes negras, como ya analicé.

El ministro explicó que esa caída del PIB de -0,2% en 2019, confirmando que la economía había entrado en recesión, era incluso más grave porque desde 2018 se había alcanzado un crecimiento promedio del 2,2% de modo que el hundimiento de la economía fue especialmente intenso y rápido, y ocurrió en los dos últimos trimestres de 2019, cuando el régimen decidió expandir los gastos públicos para pagar más salarios. Una lección de experiencia para los comunistas cubanos: Las aventuras populistas se acaban pagando con más recesión y crisis, tarde o temprano.

Esta contracción tan intensa del crecimiento económico a partir del segundo semestre de 2019, se tradujo en una intensa disminución de los niveles de actividad, que impidió el abastecimiento de los mercados, el funcionamiento normal de las industrias o el mantenimiento del ritmo de las inversiones y el cumplimiento de los compromisos internacionales de deuda, entre otros. Una recesión de manual, no es buena cosa.

De modo que cuando llegó la pandemia en el mes de marzo, la economía cubana se encontraba inmersa en una recesión intensa, cuando las medidas adoptadas por el régimen para enfrentar la situación energética y el hundimiento del gasto no dieron beneficios sino que agrandaron los efectos negativos de la crisis. De modo que la caída del Producto Interior Bruto en 2019 acabó registrando ese -0,2% que ahora conocemos pero que debió ser mucho más intensa en el segundo semestre del ejercicio, posiblemente en el entorno del -3,5-4%.

La situación excepcional por el COVID-19 y la necesidad de afrontar la la pandemia, coincidió con un momento en que la economía cubana ya se encontraba en una profunda y grave recesión que exigía actuación inmediata a las autoridades. De modo que el impacto directo en la economía provocado por el coronavirus fue mucho mayor, y los efectos en las distintas actividades como el turismo; la salud pública, la educación y la actividad productiva en general, se dejaron sentir con especial intensidad, tanto en el sector estatal como en el emprendedor privado.

2021 será un año durísimo para los cubanos, especialmente para los sectores más vulnerables de su envejecida población y cuando el coronavirus sigue impactando, de modo dramático, en la economía y empleo de los países de acogida de emigrantes cubanos, que se han visto obligados a reducir la cuantía de sus remesas a familiares y amigos en Cuba.

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Elías Amor

Economista, Miembro del Consejo del Centro España-Cuba Félix

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