El precio de la apatía y la pandemia en Cuba

Si algo nos ha mostrado la pandemia es lo vulnerables que somos los cubanos bajo un gobierno déspota al que solo le interesa recaudar moneda dura, a cualquier costo, y desplegar su arsenal represivo y propagandístico para acallar las voces disonantes.

Grafiti de Yulier P Foto © CiberCuba

Nada parece funcionar cuando se trata de contener la propagación del coronavirus en Cuba. Nuevas cepas –más agresivas y letales– y nuevos casos diagnosticados diariamente se agolpan sobre las ruinas de lo que un día pretendió ser la "potencia medica" cubana. No hay sorna en esta aproximación al problema de la salud en Cuba, solo impotencia.

Hoy, cuando la pandemia exacerba una crisis sistémica, se lleva decenas de vidas y pone en vilo a más de un millar de positivos a la Covid-19 en la isla, muchos despiertan con la noticia de la pérdida de un ser querido porque la ambulancia o el medicamento que necesitaba nunca apareció.

Un hombre se suicida porque no pudo pagar una multa, y otro, bajo custodia policial, muere en circunstancias oscuras. No ha de sorprendernos que las defunciones superen los nacimientos en Cuba, y que las mujeres en edad fértil postergan la maternidad esperando dar a luz allende el Atlántico.

Escuchamos lamentos de madres desesperadas porque a sus hijos les aquejan enfermedades infecciosas que no necesitan más que agua, jabón y una buena higiene para evitarlas. ¿Cuántas veces escuchamos decir al periodista de turno en el noticiero nacional de televisión que en el capitalismo mueren niños por enfermedades prevenibles?

Probablemente con la misma frecuencia que desde los estudios del ICRT reportan disturbios en Francia o en el Medio Oriente, sin que aparezca una explicación convincente de por qué a los médicos los expulsan de su trabajo por exigir mejores condiciones para sus pacientes, o de por qué decenas de cubanos en este momento están tras las rejas por ejercer su derecho a la libertad de expresión y de manifestación. ¿Cómo hemos llegado a este punto?

La inflación se cierne sobre el pueblo trabajador, que debe hacer colas kilométricas para adquirir productos de primera necesidad en dólares americanos, y la solución “genial” de las autoridades se limita a imponer más restricciones y multas o subir los salarios.

No hay una estrategia de asistencia social a los necesitados, a las madres solteras, a los discapacitados, que realmente haga la diferencia en Cuba. No existe un paquete de ayuda para paliar la incertidumbre del pequeño empresario, que dios sabe cómo y de qué vive en medio de esta situación.

Al contrario, incluso en estos momentos tan sensibles, los llamados cuentapropistas son considerados una amenaza para el poder. Tanto es así que los que rentan sus casas al turismo no fueron incluidos en la modalidad de turismo de salud que obliga a viajeros internacionales a hospedarse en hoteles para pasar la cuarentena a su llegada a Cuba.  

Si algo nos ha mostrado la pandemia es lo vulnerables que somos los cubanos bajo un gobierno déspota al que solo le interesa recaudar moneda dura, a cualquier costo, y desplegar su arsenal represivo y propagandístico para acallar las voces disonantes. Todo esto ocurre en un país al que llaman ‘soberano’, pero que está gobernado por militares avaros que dependen de la moneda de su enemigo.

La apatía nos ha costado muy cara y la magnitud de los daños están por contabilizar.

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Annarella Grimal

Annarella O'Mahony (o Grimal). Aprendiz de ciudadana, con un título de Máster otorgado por la Universidad de Limerick (Irlanda). Ya tuvo hijos, adoptó una mascota, plantó un árbol, y publicó un libro.

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