Show contra Pablo

La perversa necesidad de contaminar la cultura con urgencias políticas daña a Cuba, desde sus orígenes.

Noches del Botánico / Ayuntamiento de Madrid
Pablo Milanés, el cantautor y la leyenda. Foto © Noches del Botánico / Ayuntamiento de Madrid

Cuba, frustrada en libertad y derechos, solo ofrece espacios para majaderías varías, agravadas por el gobierno más torpe del castrismo, con una facultad asombrosa para generar conflictos innecesarios y reaccionar tarde y/o mal a la realidad; hándicap que aprovechan voluntaristas y despistados, creyentes que la dictadura más antigua de Occidente caerá o resistirá con metáforas líricas.

La perversa necesidad de contaminar la cultura con urgencias políticas daña a Cuba, desde sus orígenes; el castrismo solo la agravó con sus 63 años de monólogo totalitario que, primero marginó y persiguió a la Nueva Trova y luego la convirtió en un arma de la Revolución; gracias a la sensibilidad de Haydée Santamaría, aunque el tiempo, el implacable, el que pasó, devolvió a Silvio y Pablo al eterno espacio de la inconformidad, de donde quizá nunca debieron haber salido, pero cada hombre lidia con sus fatigas y tiempo, como quiere o puede.

Acudir a un concierto con el morbo de ver si el protagonista la pone dura contra del gobierno o soslaya lo que otro espera que grite, es un gesto anticultural y anticubano porque la época de adhesiones incondicionales y pureza ideológica ha sido superada por la plural evolución cubana, por mucho que unos y otros se empeñen en exigirla a cada paso; en vano empeño de reafirmaciones revolucionaria y contrarrevolucionaria.

En Miami y otras playas de emigrados, hay cubanos que se oponen a conciertos de los Van Van y Haila porque llevarían dinero al tardocastrismo; pero luego no acuden a actuaciones de músicos y actores que viven en Estados Unidos, incluidos los que rompieron definitivamente con La Habana, como Meme Solís -uno de los pocos con la dicha de actuar siempre a teatro lleno- y símbolo de coherencia frente a la sinrazón prolongada y los enjuagues post crisis de los años 90 del siglo pasado.

La fantasía cubiche ha dibujado a un Silvio oficialista y a un Pablo disidente; fórmula acomodaticia e injusta con ambos que -aunque siguen sin hablarse- expresan, con mayor o menor intensidad, sus diagnóstico, avatares, frustraciones y sueños; obligados no solo por la sensibilidad y compromiso, sino también por el diabólico totalitarismo que asola a Cuba.

El Ministerio de Cultura no tuvo peor ocurrencia que vender solo 300 entradas al público, encendiendo la mecha; nada extraño en una institución quemada políticamente, desde el manotazo de su incapaz titular contra el móvil de un joven periodista cubano y donde anidan la incapacidad manifiesta y el tropelaje; hasta el extremo que el silencio estruendoso de la intelectualidad cubana frente a la tragedia de la patria, evidencia la ruina de la nación.

En paralelo, hay una subguara variopinta que intenta politizar conciertos, según su oportunismo ideológico, y agreden a Pablo Milanés, pese al aviso previo que sería un homenaje a su hija Suylén; fallecida en enero en La Habana, y reencuentro con su público natural; advertencias ignoradas olímpicamente por aguafiestas miopes, incapaces de percatarse que Pablito cantando en La Habana es buche amargo para el tardocastrismo.

Pero casi nadie escuchó y ya tenemos apuestas cruzadas sobre qué canciones incluirá y cuáles censurará en el concierto del próximo martes en La Habana; que tendría que durarvarios días para abarcar todo el repertorio, y solicitudes a la televisión cubana para que lo transmita en directo; circunstancia que provocaría una notable subida del pico eléctrico en horas de mayor demanda, pero que podría evitarse si se graba y luego se emite en horario menos lesivo para la escasa luz disponible.

El martes 21, pablistas y antipablistas tienen un duelo ineludible en La Habana, el resto de los cubanos tendrá que conformarse con escuchar a uno de sus mejores cantautores, apartando el ruido interesado de ambos bandos; unidos por esa pasión tiránica de suplantar la belleza y el goce con la travesura de meter el dedo en el ojo al adversario.¡Pobre Cuba!; que desgraciaita que eres, teniéndolo to...

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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