La náusea contra Mailén

El castrismo consiguió una republiquita contra y para el mal de casi todos los cubanos.

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Mailén Díaz Almaguer, única superviviente de accidente aéreo en La Habana Foto © Facebook / MDA.

El gobierno cubano tiene la obligación legal de cuidar la salud de Mailén Díaz Almaguer porque lo establecen sus propias leyes que, además, prohíben el ejercicio privado de la medicina y la existencia de farmacias particulares; su grito de auxilio se torna dramático por su condición de única superviviente del accidente aéreo de mayo de 2018; pero sus carencias sanitarias son el pan de cada día de millones de cubanos.

Los desamparados por el estado comunista fallido deben pagar, por la izquierda, sus consultas médicas en divisa libremente convertible o acudir cargados de comida y regalos para médicos, enfermeras, técnicos y la empleomanía burocrática de hospitales y centros de salud; y luego acudir al mercado irregular, incluido el trueque y la donación para conseguir las medicinas que los curen o mejoren.

Los sistemas médicos universales y gratuitos solo existen en sociedades ricas, con justicia social y mecanismos de cofinanciación y redistribución de la riqueza, incluidas las aportaciones de trabajadores y empresas públicas y privadas que contribuyen al generoso presupuesto estatal; pero Cuba está en bancarrota y, hace años, el lema real es ¡Sálvese quien pueda!

Mailén Díaz Almaguer no solo ha sido una paciente ejemplar, sino una víctima discreta que ha ido aplazando la denuncia pública de sus carencias hasta que no ha podido más y ha descrito su drama con la misma autenticidad que agradeció a hospitales y especialistas que le salvaron la vida, cuando el viejo Boeing de una aerolínea mexicana se estrelló, nada más despegar del aeropuerto internacional José Martí, el apóstol que reivindicó una Cuba con todos y para el bien de todos.

Su discreción ha sido mayúscula, pues ni siquiera reaccionó al informe final del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba (IACC) sobre el accidente donde murieron 112 personas, que lo atribuyó a "inconsistencias en el entrenamiento de las tripulaciones; errores en los cálculos de peso y balance y bajos estándares operacionales", evidenciado durante el cortísimo vuelo.

El gobierno cubano tiene una clara responsabilidad legal en la contratación de tan mala tripulación y aerolínea; circunstancias que lo convierten en responsable civil subsidiario de la tragedia, pero no hubo preguntas, solo curiosos, algunos ladronzuelos y lloros, muchos lloros de los pobres de Cuba, condenados a viajar en el siglo XXI en medios de transportes inseguros y letales.

El aniquilamiento de Cubana de Aviación, el desaprovechamiento de magníficos pilotos, probados tanto en la guerra como en la paz, la destrucción del transporte por carretera, raíles y mar son resonantes fracasos del comunismo de compadres, que viajan en BMW blindados; ¡a qué viene tanto miedo! y en jet Falcon de lujo.

El castrismo ha conseguido una republiquita contra y para el mal de casi todos; vicisitud que explica las inmediatas reacciones de solidaridad popular y el ataque del desvencijado poder, calificando de ingrata a una víctima que ha callado más de lo prudente y evitó, hasta ahora que su caso se politizara; como es habitual en las dictaduras totalitarias, donde lo que no está prohibido es obligatorio.

Cuando Mailén era pionera aprendió en Holguín, tierra natal de sus paisanos Fidel y Raúl Castro Ruz y Fulgencio Batista Zaldívar que, en antes de la revolución, los pobres debían entregar su cédula electoral al político de turno a cambio de una operación o tratamiento médico; desde 1959 los cubanos deben mostrar agradecimiento a la revolución por la educación y la salud recibidas, que son obligaciones del estado y no dádivas del poder.

En años recientes, en Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia, el castrismo aplicó el método de cambio de atención médica por votos a favor de sus aliados Chávez, Lula/Dilma, Correa y Morales; con el agravante que la supuesta solidaridad internacionalista fue una operación mercantil, donde los perdedores fueron los cubanos; en primer lugar los médicos y enfermeras, sometidos a trabajos forzosos y mal pagados y luego el resto de la población, que vio como sus médicos y especialistas eran exportados, quedando atendidos por estudiantes y sin que las utilidades fueran reinvertidas en hospitales y programas de salud.

¿Son la mayoría de embarazadas que se atienden en el hospital Eusebio Hernández (Maternidad Obrera) ingratas con el castrismo por sufrir de anemia, incluso en la semana 34 de su gestación? La baba sin quimbombó y las mentiras del partido comunista solo retroalimentan las fantasías animadas de la casta verde oliva y enguayaberada y sus bufones prescindibles, pero no consiguen subir la hemoglobina ni parar el deterioro de una isla que hace agua, secuestrada por un grupito de enajenados.

El postulado más recurrente del tardocastrismo pretende sugerir que los cubanos se pasan la vida estudiando, enfermos y en deuda permanente con quienes no son capaces de garantizar libretas y lápices, medicinas, oxígeno medicinal y alimentación; apenas fusiles que apuntan al pueblo; como ocurrió el 11J.

Cuando pasen los años, los cubanos apreciarán la virtud paciente de Mailén Díaz Almaguer y despreciarán la maldad de una dictadura decrépita; eficaz productora de felonías, atropellos y un pelotón, siempre reciclable, de sirvientes oportunistas, que sacian su hambre y vanidad agrediendo a víctimas, que ni se rinden ni se venden; aunque algunos vivan callados y con la nariz tapada, para evitar la náusea perenne que provoca el Palacio de la Revolución.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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