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El Museo de la Diáspora Cubana en Miami exhibe desde finales de diciembre y hasta abril de este año una muestra de una de las grandes pintoras cubanas del siglo XX, Antonia Eiriz.
"Antonia Eiriz: El ojo de la sibila", recoge 20 de sus obras más trascendentales, procedentes de colecciones privadas fuera de Cuba.
Según reseñó la página del Museo, la exposición está comisariada por la crítica de arte Janet Batet.
La muestra reúne una selección de obras de Eiriz que abarcan desde la década de 1960 hasta la de 1990, ofreciendo una visión sin precedentes de la trayectoria creativa de una de las artistas cubanas más controversiales.
Inspirada en el ensayo de Batet, "En el ojo de la Sibila", se presenta a Eiriz como una figura "oracular" cuya obra altera, critica y da testimonio de las realidades opresivas de su tiempo.
Tomando como motivo el tópico de la figura mitológica Sibila, que preveía los acontecimientos con claridad, el Museo de la Diáspora Cubana se engalana con las obras de Eiriz, que permiten reflexionar y advertir sobre la represión y la violencia latentes en la revolución cubana.
"La obra de Eiriz no es solo un espejo de su propio trauma, sino también una herida colectiva que resuena en muchas voces cubanas y diaspóricas", dijo Janet Batet.
En sus palabras, la respuesta de Eiriz a la censura no fue el silencio, sino una reconfiguración de su práctica: "Una que
que habla de resiliencia, adaptabilidad y desafío".
Con la exposición, la crítica de arte muestra a Eiriz como una voz de resistencia dentro de su contexto político.
La obra de Antonia Eiriz (1929-1995) está permeada por la angustia, el sufrimiento y la realidad social de su tiempo, temas que exploró durante su carrera como pintora.
Fue una de las artistas que incorporó en su obra los cambios sociopolíticos ocurridos en la isla tras el ascenso de Fidel Castro al poder.
Su postura crítica le valieron la censura del régimen. En 1966, como acto de resistencia, decidió dejar de pintar.
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