
Vídeos relacionados:
El artista cubano Lázaro Saavedra, Premio Nacional de Artes Plásticas, ha vuelto a provocar debate con una imagen que él mismo calificó en Instagram como un “corto circuito visual”.
En la pieza compartida, el icónico retrato del Che Guevara (foto de Alberto Korda) aparece intervenido con una gorra roja que sustituye su tradicional boina revolucionaria por un accesorio asociado al lema “Make America Great Again” (MAGA), consigna emblemática del presidente estadounidense Donald Trump.
La operación visual es directa y perturbadora: dos símbolos históricamente presentados como antagónicos —el rostro más reproducido del imaginario revolucionario cubano y uno de los emblemas más reconocibles del trumpismo— quedan fundidos en una misma imagen.
El resultado no parece una adhesión literal a ninguna narrativa, sino un gesto conceptual que tensiona los significados y evidencia la fragilidad de los íconos cuando son desplazados de su contexto.
La publicación adquiere una dimensión adicional si se conecta con la reciente polémica en torno al proyecto independiente El4tico.
Tras la detención de sus integrantes, Kamil Zayas Pérez y Ernesto Ricardo Medina, varios jóvenes difundieron un video de apoyo en el que portaban gorras con la consigna “Make Cuba Great Again”.
El gesto desató una fuerte controversia en redes sociales: mientras unos lo interpretaron como una provocación innecesaria o una alineación ideológica con Trump, otros lo defendieron como un acto de libertad simbólica y de ruptura con el discurso oficial.
En ese contexto, la obra de Saavedra enriquece la discusión. Al trasladar el símbolo MAGA al imaginario fundacional del castrismo, el artista no solo ironiza sobre la circulación global de consignas políticas, sino que dialoga indirectamente con el debate abierto por El4tico y sus defensores.
La imagen sugiere que los símbolos pueden vaciarse, invertirse o reapropiarse, y que su poder reside precisamente en la disputa por su significado.
Fiel a su trayectoria, Saavedra no ofrece una lectura cerrada. El “cortocircuito” ocurre en la mirada del espectador, obligado a confrontar la coexistencia —incómoda y provocadora— de dos relatos ideológicos que, al cruzarse, revelan nuevas capas de interpretación sobre el crítico presente cubano.
Archivado en: