En una declaración que insulta la inteligencia y la dignidad de los cubanos, el medio oficialista Cubadebate sugirió que la caída del turismo internacional ha provocado “excedentes en el sector agrícola”, como si el campo cubano estuviera produciendo lo suficiente para abastecer a la población y ahora tuviera productos de sobra.
"El sector agrícola, que destina un volumen significativo de su producción al abastecimiento de la industria turística, enfrenta ahora excedentes que no encuentran mercado interno alternativo", indicaron los autores del artículo en las conclusiones del texto. El fragmento fue eliminado con posterioridad, pero un lector atento recriminó al medio oficialista la burla cruel que suponía semejante observación.

La afirmación, desconectada de toda realidad y marcada por un profundo cinismo, no solo maquilla el fracaso del modelo productivo y económico, sino que pretende convertir una catástrofe en una supuesta “oportunidad”.
¿Cómo puede haber “excedentes” en un país donde escasean productos tan básicos como el arroz, los frijoles, la leche o el aceite? ¿Cómo puede hablarse de sobrantes agrícolas cuando las bodegas no cumplen con las entregas del racionamiento, los mercados estatales están prácticamente vacíos y el acceso a alimentos de calidad se ha vuelto un privilegio de quienes reciben remesas o tienen acceso a divisas?
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La realidad es que el sector agrícola cubano está en crisis profunda. Las estadísticas oficiales más recientes revelan caídas dramáticas en la producción de viandas, hortalizas, carne de cerdo y leche.
La falta de insumos, el abandono del campo, el control estatal ineficaz y los impagos a los productores han llevado a un punto de colapso. La propia prensa estatal ha reconocido que más del 70% de los alimentos consumidos en Cuba deben ser importados, lo que hace aún más inverosímil la idea de “excedentes”.
Lo que Cubadebate omite —deliberadamente— es que la menor afluencia de turistas no ha liberado productos agrícolas en los mercados nacionales, sino que ha agravado la crisis de ingresos en divisas que permitiría importar alimentos básicos. La caída del turismo no alimenta al pueblo; lo empobrece aún más.
La narrativa de la abundancia en tiempos de hambre
En un país donde cientos de miles de familias apenas logran hacer una comida diaria y donde el valor de una libra de arroz puede equivaler al salario de un día entero, hablar de excedentes en la agricultura es una burla cruel.
Se trata de una narrativa manipuladora que pretende presentar como logro lo que no es más que una catástrofe productiva nacional.
El régimen intenta desviar la atención del colapso de su modelo económico —centrado en un turismo controlado por militares a través del conglomerado GAESA— con relatos autocomplacientes.
Mientras siguen destinando miles de millones de dólares a hoteles vacíos, el campo se hunde en la miseria y los cubanos en la isla sobreviven como pueden, entre colas, hambre y desesperación.
¿Inversión en qué país?
La insistencia del régimen en priorizar el turismo como motor económico, a pesar de sus resultados negativos y de su desconexión con las necesidades urgentes del país, demuestra la naturaleza elitista y militarizada del sistema.
Cada nuevo hotel construido es un símbolo del abandono del campo y del pueblo. Cada peso que no se invierte en fertilizantes, semillas, irrigación, tecnología agrícola o incentivos a campesinos, es una renuncia deliberada al derecho de los cubanos a una alimentación digna.
Hablar de “excedentes agrícolas” cuando no hay producción suficiente ni para garantizar una dieta mínima, no solo es una mentira: es una indecencia.
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