
La búsqueda de Noguella Lezcano Milián, una anciana de 80 años desaparecida en La Habana desde el pasado 16 de agosto, se ha convertido en una carrera contrarreloj para sus familiares, quienes han intensificado los llamados de ayuda en redes sociales y en las calles de la capital cubana.
Su nieta, Lisandra García, publicó un emotivo mensaje en el que pidió ponerse en su lugar:
“Por favor, vengo con el corazón en la mano pidiéndole a cada persona que se ponga en mi lugar. ¡Necesitamos encontrar a mi abuela! Ya lleva muchos días fuera de casa…”.
Noguella, conocida como “La Gallega”, mide 1.50 metros, tiene ojos azules, el cabello muy corto y padece epilepsia y demencia, lo que agrava el riesgo de su situación.
La familia desconoce con qué ropa salió de su hogar, ubicado en San Miguel del Padrón (La Cuevita). Fue vista por última vez en el Wajay y también reportada en el Reparto Bahía, según vecinos que no sabían que estaba perdida.
Ante la desesperación, la familia ha ofrecido una recompensa de 200 dólares por cualquier información que conduzca a su paradero. Además, han colocado carteles en calles, iglesias y hospitales de la capital con sus datos y fotografías.
“Si alguien la ve, por favor que nos llame rápido. Puede estar sucia y desorientada, pero recuerden que lleva muchos días fuera de casa”, imploró su nieta. Los teléfonos de contacto son +53 58171805 y +53 55381553.
El caso de Noguella se suma a una lista de desapariciones de mujeres en Cuba que permanecen abiertas, como las de Maydeleisis Rosales Rodríguez (desaparecida hace más de cuatro años en Centro Habana), Karildi Caridad Marín (25 años, desaparecida en 2023), Esperanza Cabrera Melvin (75, desaparecida en diciembre de 2024 en Matanzas) y Doraiky Águila Vázquez (48, desaparecida en marzo en La Habana).
Organizaciones feministas como el Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT) han activado la llamada “Alerta Yeniset”, diseñada para visibilizar desapariciones de mujeres en la isla.
Estas entidades denuncian que en Cuba no existen protocolos oficiales ni mecanismos estatales para la búsqueda de personas desaparecidas, lo que deja a las familias dependiendo únicamente de redes sociales, medios independientes y la solidaridad ciudadana.
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