Músico y humorista Raúl Andrés Castro (Billy Ta-Lento): "Ya no hay felicidad en Cuba; hay separación, dolor, muertos en el mar"

“Soy hijo de Cuba y lo digo con orgullo. Siempre estaré dispuesto a lo que haga falta para liberar a nuestra tierra de esa dictadura”, expresó.

Raúl Andrés Castro Foto © Cortesía

Conocido por todos como Billy Ta-Lento, Raúl Andrés Castro es un músico de una agrupación singular, una banda que marcó un estilo visual y musical en Cuba por sus vestuarios de colores vibrantes, personajes excéntricos y temas provocadores dirigidos a las mujeres. Con influencias de la contracultura en su música y en su proyección, desafiaron las convenciones sociales y morales.

Desde su creación, lograron dar un nuevo sentido de originalidad y vanguardismo al movimiento de música alternativa y underground que ya en el 2000 existía en La Habana. Rompieron normas y experimentaron con nuevas formas de expresión para que naciera "Amnesia", nombre que evolucionó hacia "Qva Libre".

Raúl Andrés, sin embargo, es un “todoterreno” que comenzó en el ámbito deportivo.

Fuiste locutor y comentarista deportivo en la emisora COCO, en Cuba: ¿Qué aprendiste de esa etapa y cómo moldeó la forma en que te comunicas hoy?

La radio siempre ha sido la escuela más importante que he tenido. Aprendí a conversar, a comunicarme, aprendí cómo establecer vínculos con el público, establecer empatía con ellos.

Cuando eres locutor de radio, no ves la reacción del público, no tienes esa referencia. Entonces, tratas de conectar con la mayor cantidad de personas posible. Tienes que ser claro, preciso, exacto, porque te están escuchando personas que saben de lo que estás hablando y otras que no; personas con distintos niveles culturales. Entonces, eso te ayuda. Esa empatía, ese estudio diario te obliga a estar informado, cosa que agradezco, porque hasta el sol de hoy sigo buscando la manera de estar actualizado en todos los temas que me rodean.

Temas políticos, económicos, deportivos, culturales, sociales, temas generales, curiosidades, históricos, en fin. Creo que le agradezco a la radio esa base de entender la comunicación, comunicarme y prepararme cada día más a la hora de intercambiar con el público. La radio sigue siendo para mí una pasión.


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Raúl Andrés Castro, cortesía

De la radio transitaste a Qva Libre en 2019: de percusionista a cantante

Nunca voy a olvidar la primera vez que vi a Qva Libre en vivo. Era algo totalmente distinto: salían al escenario con calzoncillos, camisetas, tirantes, sombreros de cartón y una explosión de colores. La música era difícil de definir, no tenía un género claro, pero transmitía una vibra única, llena de energía y fuerza escénica.

Mi vínculo con ellos comenzó gracias a la radio. Semanas después de aquel concierto entrevisté al director de la banda y terminé involucrándome en la promoción de un show.

Poco a poco empecé a presentar sus conciertos y a sentir de nuevo esa inquietud de la música que había tenido desde niño. Al final, logré lo que siempre quise: convertirme en parte de la banda, empezando desde la base (percusión menor, coros, Dj) hasta hoy que soy uno de sus cantantes principales. Ha sido un viaje también personal de crecimiento… ¡es mi vida!.

Mi primera presentación como músico fue mágica. Recuerdo especialmente un concierto en la Universidad de La Habana frente a más de 30,000 personas. La pierna izquierda me temblaba de ansiedad, no de miedo, sino de esa adrenalina que te empuja a comerte la tarima. Qva Libre era eso: un símbolo nacional de la locura, un grupo transgresor que combinaba show, espectáculo y valentía.

Llevábamos un nombre cargado de peso político en un país donde gritar “¡Cuba Libre!” era estar en la lupa. Aun así, con humor y creatividad, transmitíamos mensajes y hacíamos disfrutar a toda una generación. Éramos irreverentes, éramos energía y para mí Qva Libre se convirtió en mi casa.

Qva Libre, cortesía

Con esa misma energía y buena vibra te diste un “pequeño” salto a Miami en 2022. ¿Qué cambió en tu vida artística y personal al mudarte a la ciudad del Sol?

Llegar a Miami fue un momento muy especial. Para los cubanos, Miami siempre ha sido una ciudad mítica, cargada de contrastes. Crecimos escuchando en la televisión oficial que era un lugar lleno de personas anticubanas, de enemigos, de horrores inventados por la propaganda. Pero sabíamos que representaba lo contrario: prosperidad, alegría y, sobre todo, libertad.

Esa dualidad hizo que Miami fuera un mito, un sueño, el “signo de oro” que todos queríamos alcanzar. También se hablaba de ella como “el cementerio de los artistas”, lo cual generaba dudas sobre lo que podría significar para mi carrera.

Sin embargo, descubrí que no es un cementerio, sino una verdadera prueba de fuego. Aquí ningún sueño es imposible: todo depende de tu disciplina, tu trabajo y tu constancia.

Miami se ha convertido en mi hogar. Es una ciudad levantada por un pueblo que tuvo que abandonar su país y, aun en la otra orilla, reconstruyó recuerdos, raíces y cultura. Lo más emocionante es ver cómo los hijos de emigrados, nacidos en Estados Unidos, siguen proclamando con orgullo que son cubanos. Aquí la identidad y el amor por nuestra tierra siguen vivos.

A nivel personal ha sido fuerte, porque duele ver cómo Cuba cada día es más maltratada, saqueada y humillada por la dictadura cubana. Pero al mismo tiempo es reconfortante vivir en una ciudad donde encuentro la energía, la pertenencia y el orgullo de ser cubano. Para mí, Miami no es solo una ciudad: es mi casa.

Además de seguir con tu vocación por la música, eres “creador de contenido”: ¿Es un oficio, una plataforma o una identidad artística? ¿Qué lo diferencia de ser solo “un músico con cámara”?

La faceta de creador de contenido nació durante la pandemia, como le ocurrió a muchos artistas. Más allá de la música, siempre he tenido otras inquietudes: la comunicación, la actuación y, sobre todo, el humor.

Desde niño fui el “payaso del aula” (en el buen sentido), siempre rodeado de gente, buscando alegrar y hacer pasar un buen rato. Las redes sociales se convirtieron entonces en una plataforma increíble para seguir expresándome y compartiendo arte.

En Miami lo desarrollé aún más, hasta convertirse en un verdadero compromiso. Para mí no se trata de ser “un músico con cámara”. Ser creador de contenido significa asumir la responsabilidad de lo que compartes: sabes que tu público te va a ver, valorar, juzgar, apoyar o criticar. Por eso me esfuerzo en no solo entretener, sino también educar e influir positivamente.

Uno de tus sellos es hacer humor sobre el tráfico de Miami: ¿Cómo decides qué contar y con qué propósito?

Un ejemplo claro es Traffic Man, el personaje que se ha vuelto popular en mis redes. A través del humor busco generar conciencia: no maquillarse al conducir, no mirar series ni escribir mensajes mientras manejas, cuidar de uno mismo y de los demás en la carretera. Pero también transmitir hábitos simples como escuchar buena música o tomar agua. En definitiva, hacer de nuestra sociedad un lugar mejor, más alegre y más consciente.

Soy muy exigente conmigo mismo y con mi contenido porque temo estancarme o aburrir. Pero precisamente esa autoexigencia me impulsa a seguir creando, buscando siempre que cada video no solo divierta, sino que deje un mensaje positivo.

Raúl Andrés Castro, cortesía

Vivir del arte en Miami no siempre es fácil: ¿Cómo logras seguir siendo artista y mantenerte activo sin renunciar a la estabilidad económica?

Todo depende de tus metas, de tus planes y de cómo decidas enfrentar tus sueños. Los sueños pueden quedarse en eso o convertirse en metas; esas metas en propósitos, y los propósitos en realidades. En Miami descubrí que nada es imposible: aquí todo sueño es alcanzable, siempre que tengas disciplina y voluntad.

En lo personal, he trabajado en todo tipo de empleos desde que llegué. Empecé en un negocio de lavado de autos y fui feliz ahí. Después estuve en una compañía dedicada a la restauración de casas, quitando humedad, colocando lonas en techos y derrumbando paredes.

Actualmente, trabajo en BeautyLand Plastic Surgery, una clínica de cirugía plástica donde llevo más de un año. Ese lugar no solo es mi empleo: se ha convertido en mi hogar. Mis compañeros son profesionales de altísimo nivel, y allí también encontré la oportunidad de desarrollarme en lo que estudié: comunicación social y marketing.

Creo que lo esencial es no tenerle miedo al trabajo y, al mismo tiempo, saber priorizar. Hay quienes buscan solo estabilidad económica, tranquilidad, viajar o tener familia, y eso está muy bien. En mi caso, mi felicidad sigue estando en el arte y la música. Eso implica un sacrificio triple: dedicar tiempo y no siempre recibir dinero a cambio. Pero lo vivo con pasión, porque tener un propósito y luchar por él le da sentido a todo.

Has sido músico, locutor y creador digital: ¿Qué retos o sueños profesionales te faltan por cumplir?

Sigo teniendo muchísimas metas y sueños. Desde que llegué aquí, aún más, porque he descubierto mis potencialidades y cómo explotarlas al máximo. Estoy convencido de que todo depende de uno mismo: no hay sueños que puedan concretarse sin trabajo, voluntad y disciplina.

En el plano comunicacional quiero seguir creando contenido y convertirme en un referente informativo para nuestra comunidad. Mi meta es tener mi propio show, mi propia plataforma, y ser una voz con influencia positiva. Que la gente me busque cuando quiera estar actualizada, informada y, al mismo tiempo, encontrar buena energía y un espacio agradable.

En el plano musical deseo seguir tocando y lograr que Qva Libre vuelva a ocupar un lugar de preferencia. También quiero avanzar en mi carrera en solitario, componer y lanzar mis propias canciones, que la gente las conozca, las cante y las haga suyas. Ahora mismo estoy incursionando en esa faceta de solista con el apoyo de grandes amigos como Carlitos (Carlos Díaz), Dani, el Duende Raulín, Andy García en el piano y muchos otros músicos.

Tenemos una misión clara: salvar y defender la música cubana, seguir impulsándola para mantenerla en lo más alto y conservarla como un referente mundial. En definitiva, mi propósito es siempre aportar, seguir trabajando con pasión y dedicarme a ser un verdadero servidor del arte.

Respecto a la Cuba de hoy, la Cuba que tanto amamos y no olvidamos, ¿qué crees que pasará?

La situación actual de Cuba me causa una tristeza enorme. Nací en dictadura, en pleno Período Especial de los años 90, bajo un adoctrinamiento constante.

Pude ver diferencias, pero todas iban marcadas por la peor gestión posible, por un descaro sin límites. La dictadura cubana es una de las más crueles de la historia: un verdadero lobo con piel de cordero que manipula, inventa enemigos y hace sentir a su pueblo inseguro. “Solo Cuba está bien”… “todo el mundo es un caos, guerras, hambre y miseria”, “¡el enemigo quiere volvernos miserables!” Esos son los pensamientos que te siembran.

Hoy Cuba es apenas un suspiro de lo que fue. Se destruyó todo: la cultura, la identidad, la alegría, las familias. Ya no hay felicidad en las calles; hay separación, dolor, muertos en el mar y, sobre todo, presos políticos.

El 11 de julio marcó un antes y un después: fue el estallido de la verdad. El pueblo salió a decir “basta” a la miseria, la mentira y la falta de libertades. Ese día quedó claro que los cubanos quieren libertad, aunque el precio haya sido altísimo.

Y en medio de este caos, la cultura y el deporte han caído en picada

La cultura cubana atraviesa uno de sus peores momentos. Muchas veces lo que destaca no es lo que realmente nos representa ni lo mejor de nosotros. El deporte también se encuentra devastado, con figuras que abandonan el país y talentos que se pierden por falta de oportunidades. No solo se van artistas y deportistas, también doctores, ingenieros, músicos, trabajadores, peluqueros, vendedores de helado… profesionales y trabajadores de todo tipo. Soñar en Cuba se ha vuelto prácticamente imposible.

Sin embargo, hoy el epicentro de la cultura, la identidad y la sociedad cubana lo llevan los cubanos libres en el exilio. Principalmente en Miami, que se ha convertido en el corazón de la Cuba fuera de Cuba. Pero también en otras ciudades del mundo, como Madrid, Montevideo o Roma, donde miles de cubanos mantienen vivas nuestras raíces.

Tras el éxodo masivo que se aceleró con la pandemia y el caos en la Isla, son estos cubanos en el exterior quienes están sosteniendo nuestra identidad y proyectándola hacia el futuro.

Respecto a la libertad, sigo creyendo que es posible. Cada cubano libre en el mundo tiene un mismo deseo: que nuestra tierra sea libre. Ese deseo no puede quedarse vacío; tiene que convertirse en meta, en acción, en realidad. Nuestro gran problema ha sido siempre la falta de unidad, pero estoy convencido de que mientras más nos unamos, más cerca estaremos de lograrlo.

La libertad no nos la va a regalar la dictadura… ¡hay que arrancársela! Y aunque parezca difícil, creo que cada día estamos más cerca. Llegará el día en que podamos regresar a Cuba sin dolor, verla como lo que realmente es: un paraíso. Todo dependerá de lo que estemos dispuestos a sacrificar por nuestra patria.

Antes que cualquier cosa, soy cubano. Soy hijo de Cuba y lo digo con orgullo. Siempre estaré dispuesto a lo que haga falta, si es en pro de la libertad y para liberar a nuestra tierra de esa dictadura. ¡Viva Cuba Libre!

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos


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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un periodista antes de su publicación.




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