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En medio del más reciente apagón general que dejó a toda Cuba sin electricidad, el periódico oficialista Adelante, de Camagüey, publicó una inusual columna donde, con tono quejumbroso pero sin abandonar la obediencia al régimen, reconoció el colapso sostenido del sistema eléctrico nacional y la ausencia total de planificación en los cortes.
Titulado “Zombies sin horario”, el texto describió la angustia cotidiana de los camagüeyanos, quienes pasan hasta 20 horas sin electricidad y enfrentan la imposibilidad de organizar su vida diaria.
La autora, Elia Rosa Yera Zayas Bazán, admitió que ya no se exige mayor generación eléctrica, sino apenas el derecho a ser informados: “Ya ni siquiera nos quejamos de la falta de electricidad […] Ni siquiera se exige más corriente, solo se exige el saber y ese es un derecho de cada ciudadano.”.
El lamento, aunque disfrazado de crónica personal, refleja el impacto que ha tenido en la población la falta de transparencia del régimen, que incluso ha dejado de publicar los horarios de cortes.
Según señaló la propia periodista, la Empresa Eléctrica de Camagüey -la misma que se llenó de gloria al afirmar que "los apagones son un estado de opinión"-, dejó de informar los circuitos afectados desde hace meses, limitándose a datos genéricos del déficit nacional.
Este reclamo llega justo cuando la Unión Eléctrica confirmó el quinto colapso total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) en menos de un año. Ocurrió este miércoles a las 9:14 a.m., tras una “salida imprevista” de la termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas. Es el segundo apagón nacional de 2025 y confirma el deterioro irreversible de la red energética cubana.
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A pesar del silencio oficial, las redes sociales recogieron miles de comentarios que reflejan el hartazgo generalizado. Usuarios hablaron de “tortura psicológica”, de vivir “con miedo a perder la luz en medio de cualquier actividad” y de un país “en colapso permanente”.
La publicación de Adelante, aunque crítica en apariencia, se alinea con la narrativa oficial al culpar únicamente al “complejo escenario electroenergético” y no cuestionar la falta de inversión, el abandono tecnológico ni la responsabilidad política del régimen.
Mientras tanto, la UNE y el ministerio de Energía y Minas insisten en promesas vacías sobre nuevos proyectos solares y ciclos de mantenimiento futuros, mientras la realidad demuestra que el país vive una emergencia energética estructural.
En el fondo, el artículo de Adelante confirma una verdad inocultable: ni siquiera la prensa estatal puede seguir ignorando el desastre energético que consume a Cuba, aunque sus críticas se queden a medio camino y eviten señalar a los verdaderos responsables.
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