La Unión Eléctrica (UNE) de Cuba justificó esta semana los apagones prolongados en todo el país al señalar que muchas centrales térmicas llevan más de 40 años en operación sin haber recibido los ciclos capitales de mantenimiento requeridos.
Según explicó el director general de la UNE, ingeniero Alfredo López Valdés, el envejecimiento extremo de las unidades ha complicado seriamente las intervenciones técnicas, provocando retrasos y fallos imprevistos.

“Es muy difícil prever con exactitud el tiempo en que se va a reparar, porque cuando usted comienza a desarmar, empieza a encontrarse problemas que no previó originalmente”, declaró López Valdés en una intervención difundida por el medio oficialista Canal Caribe.
El funcionario explicó que las unidades Santa Cruz 2 y Céspedes 4, que debían incorporarse al sistema eléctrico en los meses de verano, no lograron sincronizarse debido a la complejidad técnica de las reparaciones. Además, se identificaron defectos ocultos en componentes fabricados en 2019 y 2020, a pesar de contar con certificaciones en su momento.
“No estamos haciendo un mantenimiento capital como se debe. No hemos tenido la posibilidad financiera de resolver el 100 por ciento de los problemas”, reconoció el director de la UNE.
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Por su parte, el ingeniero Lázaro Guerra Hernández, director general de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, destacó los avances en el macroprograma de inversiones solares, que incluye 51 parques fotovoltaicos y cuatro sistemas de acumulación de energía por baterías, con una inversión anunciada de mil millones de dólares en 2025.
Una crisis prolongada y sin solución
Las justificaciones de la UNE llegan en medio de una crisis energética sin precedentes que el propio gobierno ha calificado de “dura”, tras un apagón masivo que afectó a todo el oriente del país esta misma semana. Las autoridades confirmaron además que la termoeléctrica Antonio Guiteras, la más potente del país, tendrá que detenerse próximamente para recibir mantenimiento.
El colapso del sistema eléctrico no es nuevo. En los últimos meses, se han acumulado fallos en la generación térmica, incumplimientos en la entrega de gas licuado y la salida de operación de varias centrales flotantes. Mientras tanto, los cubanos enfrentan apagones de hasta 40 horas, en medio de un creciente hartazgo social.
“Esto no es vida”: El pueblo, al límite
La publicación de las declaraciones oficiales ha generado una ola de indignación ciudadana. Comentarios como “Esto se volvió una tortura psicológica”, “Ya no es vivir, es sobrevivir” o “Que nos maten ya, porque nos están matando en vida” resumen el sentimiento generalizado de desesperanza.
Incluso figuras cercanas al oficialismo, como la periodista Yirmara Torres Hernández, han denunciado públicamente la situación. “¿Cómo se vive con 28 horas de apagón por 2 de electricidad? […] No se vive”, escribió en su perfil de Facebook.
El malestar se intensifica ante la percepción de una profunda desigualdad. Muchos ciudadanos denuncian que mientras ellos sobreviven sin electricidad ni alimentos, los dirigentes disfrutan de plantas eléctricas, gasolina y comodidades.
Recursos sí hay, pero no para el pueblo
El descontento se agudiza tras conocerse que el conglomerado militar GAESA administra más de 18,000 millones de dólares en activos líquidos, una cifra que contrasta brutalmente con la falta de recursos alegada por la UNE para justificar la ausencia de mantenimiento capital en las termoeléctricas.
Investigaciones periodísticas revelan que el régimen ha continuado priorizando inversiones en hoteles y turismo de lujo —con niveles de ocupación mínimos—, mientras la población enfrenta escasez de alimentos, apagones interminables y un sistema de salud colapsado.
“No van a usar los millones que tiene GAESA para arreglar las termoeléctricas porque prefieren seguir robando y construyendo hoteles”, se queja un usuario en redes. Otro añade: “Ellos sí tienen plantas, gasolina, comida. Y al pueblo, que resista”.
Para muchos cubanos, la raíz del problema no es solo técnica, sino política y estructural. La institucionalización de la desigualdad en beneficio de una élite militar ha normalizado la pobreza extrema como parte del modelo de gobierno.
“Que no digan más que el pueblo resiste, el pueblo sobrevive. Y eso, en estas condiciones, es una condena”, escribió otro internauta. En la Cuba de 2025, la oscuridad no es solo la que dejan los apagones, sino la de un sistema que no ofrece salida ni esperanza.
Preguntas frecuentes sobre la crisis energética en Cuba y la situación de la Unión Eléctrica
¿Por qué se están produciendo apagones prolongados en Cuba?
Los apagones prolongados en Cuba se deben al envejecimiento extremo de las centrales eléctricas, que llevan más de 40 años en operación sin recibir los ciclos de mantenimiento necesarios. Además, hay un déficit de combustible y problemas técnicos en las plantas, lo que agrava la crisis energética. La Unión Eléctrica (UNE) ha señalado que la falta de financiamiento impide realizar el mantenimiento capital requerido.
¿Qué medidas está tomando el gobierno cubano para mejorar el sistema eléctrico?
El gobierno cubano ha anunciado un macroprograma de inversiones en energía solar, que incluye la construcción de 51 parques fotovoltaicos y sistemas de acumulación de energía. Sin embargo, estas medidas aún no son suficientes para eliminar los apagones, ya que la generación solar es intermitente y no sustituye la base térmica deteriorada.
¿Qué papel juega la termoeléctrica Antonio Guiteras en la crisis energética de Cuba?
La termoeléctrica Antonio Guiteras, la más potente del país, es fundamental para el sistema eléctrico cubano. Sin embargo, debido a su obsolescencia y falta de mantenimiento, su funcionamiento ha sido inestable, agravando la crisis. Recientemente, la planta ha tenido que detenerse para recibir mantenimiento, lo que ha aumentado los apagones.
¿Cómo afecta la crisis energética a la población cubana?
La crisis energética afecta gravemente a la población cubana, que enfrenta apagones de hasta 40 horas. Esto genera un creciente malestar social, ya que los apagones afectan la calidad de vida, paralizan hospitales, interrumpen la producción de alimentos y dañan electrodomésticos. La percepción de desigualdad también aumenta, ya que se denuncia que los dirigentes disfrutan de comodidades mientras el pueblo sufre.
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