
La crisis del sistema de salud cubano acaba de cobrarse otra vida, la de Alexis Almeida Riveiro, un joven de 27 años residente en el municipio de Cruces, Cienfuegos, que falleció en el hospital provincial “Gustavo Aldereguía Lima” tras no recibir a tiempo un dispositivo médico vital para su tratamiento.
Alexis padecía desde niño hidrocefalia y necesitaba con urgencia una nueva válvula de derivación, pues la que llevaba implantada desde hacía años había dejado de funcionar. Familiares y amigos habían iniciado una campaña desesperada para conseguir el insumo, pero la pieza nunca llegó.
En redes sociales, su amigo Edismany Delgado le dedicó un mensaje de despedida que refleja el dolor por una pérdida que pudo evitarse: “Tú no te merecías esto. Estabas a punto de casarte y la falta de insumos te robó tus sueños”. La boda estaba prevista dentro de 30 días.
La historia de Alexis es la de miles de cubanos atrapados entre la escasez y la precariedad hospitalaria. Según relató otra allegada en Facebook, su familia tenía incluso una válvula enviada desde el extranjero, pero fue retenida en la Aduana de Estados Unidos. Ante la imposibilidad de acceder al dispositivo en Cuba, el joven quedó a merced de un sistema sanitario colapsado.
La página independiente La Proa del Centro denunció que este es otro ejemplo del costo humano de un modelo incapaz de garantizar recursos básicos para salvar vidas.
El contraste con la propaganda oficial
Mientras en Cienfuegos un joven muere esperando una válvula, el nieto de Fidel Castro defendía en CNN que Cuba “sigue siendo una potencia médica”, y el hospital Ameijeiras celebraba recientemente el “legado de excelencia” de Fidel Castro en la salud pública.
Pero la realidad que enfrentan los cubanos contradice esas afirmaciones. Apenas la semana pasada, un niño murió en Santiago tras ingerir un medicamento caducado adquirido en el mercado informal, porque las farmacias estatales permanecen desabastecidas.
El propio ministro de Salud, José Ángel Portal Miranda, reconoció ante la Asamblea Nacional que el país solo dispone del 30% del cuadro básico de medicamentos, dejando a millones de ciudadanos desprotegidos.
El costo humano de la crisis sanitaria
El caso de Alexis resume esa fractura: mientras el régimen insiste en vender al mundo una imagen de potencia médica, los cubanos sufren la escasez de insumos más elementales.
Alexis no murió solo por una válvula que nunca llegó, sino por un sistema que convirtió su esperanza de vida —y de boda— en una cuenta regresiva. Su muerte se suma a una larga lista de víctimas de una crisis sanitaria que, lejos de resolverse, sigue arrebatando sueños y futuros en toda la Isla.
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