Este martes, la base del Cuerpo de Marines en Quantico, Virginia, fue escenario de una reunión sin precedentes: más de 800 altos mandos militares de Estados Unidos fueron convocados de manera urgente para escuchar los discursos del presidente Donald Trump y de Pete Hegseth, Secretario de Guerra.
Durante la jornada, ambos dirigentes anunciaron una radical transformación ideológica y normativa de las Fuerzas Armadas, presentando un paquete de nuevas directivas centradas en endurecer los estándares físicos, eliminar políticas de inclusión y diversidad, y restaurar lo que consideran un "ethos guerrero" perdido.
Trump, por su parte, fue más allá: propuso que las ciudades estadounidenses con altos índices de criminalidad se conviertan en campos de entrenamiento militar, afirmando que el país enfrenta una “invasión desde adentro”.
El evento, costoso y cargado de simbolismo político, se produjo en vísperas del cierre del gobierno federal, generando alarma entre expertos, legisladores y dentro del propio estamento militar.
Una cita obligatoria y sorpresiva
Lo que normalmente sería una discreta reunión de rutina del Estado Mayor Conjunto en Washington, se transformó en una cumbre espectacular de alto voltaje político.
Oficiales de alto rango -desde generales de cuatro estrellas hasta jefes de unidades regionales- fueron instruidos a presentarse en Quantico con apenas unos días de anticipación.
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Muchos de ellos viajaron desde puestos en Asia, Europa, África y Medio Oriente, sin conocer de antemano el motivo de la convocatoria.
“Cuando Hegseth convocó a los oficiales superiores la semana pasada, no dio ninguna razón para la reunión, que no tiene precedentes en alcance y escala en la historia reciente”, advirtió The New York Times.
La reunión generó especulaciones en el Congreso y entre analistas de seguridad nacional sobre un posible anuncio estratégico de gran calado.
Sin embargo, lo que ocurrió fue una escena que muchos describen como una suerte de mitin político camuflado en retórica militarista, donde el eje central fue una revisión ideológica del ejército y un claro mensaje de ruptura con las políticas de inclusión, derechos y controles aplicadas en las últimas décadas.
Hegseth y su guerra contra el “Departamento Woke”
Pete Hegseth, exoficial de la Guardia Nacional, comentarista de televisión y actual secretario de Guerra, ha convertido su cruzada contra lo que llama el “Departamento Woke” en el pilar de su mandato.
En su discurso -que medios estadounidenses califican de mezcla de monólogo motivacional, denuncia política y declaración de guerra cultural-Hegseth anunció diez nuevas directivas que cambiarán sustancialmente la estructura del ejército estadounidense.
Entre los puntos más destacados:
-Reemplazar todos los estándares físicos con el “más alto estándar masculino”.
-Revisión completa de la educación militar para eliminar la “ideología de género”.
-Prohibición total de barbas, cabellos largos o expresiones individuales.
-Exámenes físicos obligatorios dos veces al año para todos los rangos.
-Eliminar políticas DEI (Diversidad, Equidad, Inclusión).
-Levantar restricciones sobre novatadas y endurecer reglas de disciplina.
-Revisión de las normas de combate y eliminación de “restricciones absurdas”.
“La era del liderazgo políticamente correcto, excesivamente sensible y que no hiere los sentimientos de nadie termina ahora mismo”, sentenció el Secretario de Guerra estadounidense.
“Hoy, bajo mi dirección, cada servicio se asegurará de que todos los requisitos para cada combatiente [...] se ajusten exclusivamente al más alto estándar masculino”, dijo en otro momento.
“No más crisis climática. No más división, distracción ni delirios de género. No más escombros. Como he dicho antes y lo diré de nuevo, hemos terminado con esa mi****”, aseveró en otro de los momentos más comentarios de su intervención.
La insistencia en los estándares físicos y la eliminación de figuras “inadecuadas” fue reiterada varias veces durante su discurso:
“No quiero que mi hijo sirva junto a tropas que no están en forma ni en unidades de combate, con mujeres que no pueden cumplir con los mismos estándares físicos de combate que los hombres”, aseveró.
Hegseth también anunció el fin del uso del término “tóxico” para evaluar a líderes, lo que calificó como un concepto distorsionado que ha servido para deslegitimar a mandos competentes.
Incluso expresó su desdén hacia las investigaciones de crímenes de guerra, reivindicando una “violencia aplastante” y la necesidad de liberar a los soldados de “reglas de combate absurdas”:
“Desatamos las manos de nuestros combatientes para intimidar, desmoralizar, perseguir y matar a los enemigos de nuestro país”, dijo. "Tampoco luchamos con reglas de combate absurdas”, añadió.
La redefinición estética y jerárquica de las Fuerzas Armadas
Otro de los pilares de la intervención de Hegseth fue el aspecto físico y la presentación de los militares. Denunció la existencia de “generales y almirantes gordos”, y se comprometió a eliminar ese “problema estético” mediante controles estrictos y sin excepciones.
“Es completamente inaceptable y da mala imagen ver a generales y almirantes gordos”, afirmó; y también advirtió que "se acabaron las barbas”.
Asimismo, criticó abiertamente a líderes anteriores, como el general CQ Brown y la almirante Lisa Franchetti —ambos despedidos durante su gestión—, y advirtió que vendrán más purgas.
“Habrá más cambios de liderazgo, de eso estoy seguro”, concluyó.
Trump: El ejército como instrumento de control interno
El presidente Donald Trump, que no estaba originalmente en la agenda, decidió sumarse al evento pocos días antes, dando un giro aún más político al acto.
En su discurso, propuso que las ciudades con altos niveles de violencia fueran usadas como terrenos de entrenamiento militar.
“Deberíamos utilizar algunas de estas ciudades peligrosas como campos de entrenamiento para nuestros militares”, dijo. “Estamos bajo invasión desde adentro”, añadió.
Trump defendió el envío de tropas de la Guardia Nacional a ciudades como Los Ángeles y Portland, en contra de los gobiernos locales, para “combatir la criminalidad” y reforzar los controles migratorios.
Además, reivindicó su política de méritos en las promociones militares, insultó al expresidente Biden, y calificó la retirada de Afganistán como “el momento más vergonzoso", en la historia del país.
“Pasamos por la corrección política, donde había que contar con personas totalmente incapaces de hacer lo que uno hace. Ahora todo se basa en el mérito", aseveró.
Silencio, tensión y críticas internas
Pese al tono triunfalista de los discursos, el silencio fue absoluto en la sala. Ni aplausos, ni vítores, ni señales de apoyo.
La tradición de neutralidad política de los militares prevaleció, pero múltiples fuentes internas describen una atmósfera de malestar, incomodidad y humillación, especialmente por parte de veteranos condecorados que se vieron aleccionados por un civil sin experiencia de mando en combate.
“Estos tipos fueron capitanes y mayores en las guerras de Irak y Afganistán [...] Y aquí está este tipo, el más joven de la sala, el más inexperto, el que menos tiempo ha pasado en combate… ¿sacándoles sermones?”, apunta CNN, citando a fuente anónima.
Un exfuncionario del Pentágono describió el discurso como “una charla TED mal disimulada”, y advirtió sobre las posibles consecuencias de debilitar mecanismos de denuncia en casos de acoso o discriminación.
Costos, cierre federal y simbolismo
El acto se realizó a pocas horas de que venciera el plazo para evitar un cierre del gobierno federal. El propio Trump admitió que la reunión había implicado costos importantes, aunque intentó minimizarlos.
“Hay un poco de gasto, no mucho, pero hay un poco de gasto para eso. No nos gusta malgastarlo. Preferimos gastarlo en balas y misiles”, dijo.
Los analistas advirtieron que tras concretarse el cierre del gobierno unos dos millones de miembros del servicio podrían quedar sin paga.
En ese contexto, la reunión adquiere un fuerte simbolismo de prioridades políticas: mientras las tropas se preparan para seguir trabajando sin salario, la cúpula del ejército es llamada a Washington para alinearse con una nueva narrativa identitaria, excluyente y ultraconservadora.
Lo ocurrido en Quantico marca, según varios analistas, una redefinición del papel del ejército en la sociedad estadounidense. Ya no como institución profesional apolítica centrada en la defensa nacional, sino como brazo de una agenda ideológica que busca moldear la cultura militar a imagen y semejanza de sus líderes.
“Esta administración ha hecho un gran esfuerzo desde el primer día para eliminar la basura ideológica tóxica, políticamente correcta y de justicia social que había infectado a nuestro departamento”,
Con directivas que debilitan los controles internos, estigmatizan la diversidad, y subordinan la estrategia militar a impulsos culturales y políticos, la administración Trump-Hegseth parece decidida a construir no solo un ejército más agresivo, sino también más obediente, más homogéneo y más útil para su proyecto de poder.
Preguntas frecuentes sobre la reunión militar en Quantico y sus implicaciones
¿Por qué se convocó una reunión militar en Quantico?
La reunión fue convocada para anunciar una transformación ideológica y normativa de las Fuerzas Armadas de EE.UU. El Secretario de Guerra, Pete Hegseth, y el presidente Donald Trump presentaron nuevas directivas enfocadas en endurecer los estándares físicos y eliminar políticas de inclusión y diversidad.
¿Cuáles son las nuevas directivas anunciadas por Pete Hegseth?
Entre las nuevas directivas se incluyen la eliminación de políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) y la imposición del más alto estándar físico masculino. También se prohíben barbas y cabellos largos, y se eliminan restricciones en las normas de combate.
¿Qué controversias generó la participación de Donald Trump en el evento?
Donald Trump propuso utilizar ciudades con altos índices de criminalidad como campos de entrenamiento militar, lo cual generó alarma entre expertos y legisladores. Este enfoque fue considerado una politización del ejército y un intento de control interno.
¿Qué impacto tiene esta reunión en el contexto político y militar de EE.UU.?
La reunión marca una redefinición del papel del ejército en la sociedad estadounidense. Se percibe como un movimiento hacia un ejército más ideológico, excluyente y subordinado a una agenda política, en lugar de una institución profesional apolítica.
¿Cómo ha reaccionado el estamento militar a estas nuevas directivas?
La reacción dentro del estamento militar ha sido de malestar, incomodidad y humillación, especialmente entre veteranos condecorados que se sintieron aleccionados por un civil sin experiencia de mando en combate. La neutralidad política de los militares prevaleció, aunque hubo críticas internas.
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