El periodista cubano Mario J. Pentón se hizo eco de la denuncia de un cubano que criticó las condiciones del hotel Barceló Solymar, una instalación de Varadero que se promociona como de cinco estrellas, pero que, según los testimonios de turistas, está lejos de ofrecer un servicio acorde con esa categoría.
En un video compartido en su cuenta de X (antiguo Twitter), Pentón mostró imágenes del lobby del hotel con decenas de personas esperando desde el mediodía sin poder acceder a sus habitaciones.
“No se dejen engañar con los hoteles en Cuba, miren esto, desde las 12 del día todo el mundo tirado afuera… y este es el Barceló Solymar, cinco estrellas”, dijo el autor del video mientras recorría las áreas comunes.
La grabación, acompañada de la frase “Lo último que trajo el barco”, evidenció goteras en el interior del inmueble, colas para usar los ascensores, baños sin papel sanitario y desorganización general en la recepción.
“Van a ser las tres de la tarde y todavía no dejan entrar a nadie”, comentó el huésped, dejando ver su enfado ante los problemas estructurales que aquejan al sector turístico cubano: falta de mantenimiento, escasez de suministros y una gestión que prioriza la apariencia sobre el servicio.
Aunque la dirección del hotel mantiene una calificación media de 3,5 sobre 5 en TripAdvisor, las reseñas recientes de los usuarios cuentan otra historia. La mayoría de los viajeros describe su estancia como una experiencia frustrante, con fallas graves en la limpieza, el servicio y la alimentación.
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Una usuaria mexicana ironizó que hospedarse allí “debería otorgar créditos universitarios en Supervivencia Extrema y Filosofía Zen Aplicada al Buffet”.
Según su testimonio, las habitaciones están deterioradas, los aires acondicionados no funcionan correctamente, el agua es escasa y la comida parece “una prueba de iniciación obligatoria para todo huésped”. En su reseña, narró haber encontrado piedras en el arroz, largas filas para desayunar y un servicio que califica de “invisible con diploma”.
Otros clientes coincidieron en describir un panorama similar. Desde Miami, un cliente denunció haber sido expulsado de una mesa en el restaurante “por estar reservada”, aunque no existía señal alguna que lo indicara.
Aseguró además que los camareros discriminan a los cubanos, especialmente a quienes no pueden dejar propinas. “Me sentí en vez de unas vacaciones, en un martirio”, escribió.
Las opiniones negativas conforman una letanía de quejas. Desde Uruguay, una turista calificó su estancia como “horrible”: “hotel sucio, comida pésima, logística un desastre, condiciones espantosas”. Otro viajero fue más contundente: “Infierno de lugar, bebida mala, habitaciones sucias, mucho calor, hotel feo y desatendido”.
La lista de críticas continúa con quejas por toallas húmedas, ascensores averiados, alimentos en mal estado y colas interminables para acceder al restaurante. Otro visitante reciente denunció que los frijoles “daban asco” y que la dirección del hotel “se hace la ciega” ante el deterioro.
Incluso entre los pocos comentarios moderadamente positivos, como el de un usuario que reconoció una piscina agradable y algunas actividades diarias, prevaleció la sensación de abandono.
“El servicio de habitaciones nunca nos cambió las sábanas. Los mosquitos estaban por todas partes, y el aire acondicionado solo servía en la habitación. No se parece en nada a un hotel de cuatro o cinco estrellas”, escribió.
El caso del Barceló Solymar pone en evidencia la crisis profunda del turismo cubano, un sector que el Gobierno intenta presentar como motor económico, pero que enfrenta la falta de insumos básicos, escasa capacitación del personal y pérdida de estándares internacionales.
Las denuncias y los testimonios en línea reafirman una percepción cada vez más extendida: detrás del cartel de “todo incluido”, la realidad es otra.
Para muchos visitantes, el Barceló Solymar ya no representa el paraíso caribeño de antaño, sino el retrato del colapso de un modelo turístico que alguna vez fue orgullo nacional. “No se dejen engañar”, advirtió el cliente defraudado.
Sus palabras resuenan entre cientos de viajeros que, tras pagar precios internacionales, se marchan del Barceló Solymar con una sola conclusión: en el Varadero actual, lo último que trajo el barco fue la desilusión.
De “todo incluido” a “nada disponible”: Los hoteles de Varadero bajo fuego
Las quejas sobre las condiciones del turismo en Cuba no son casos aislados. En los últimos meses, decenas de visitantes extranjeros —principalmente canadienses— han denunciado el deterioro de las instalaciones hoteleras, la escasez de alimentos y un servicio cada vez más deficiente en los complejos turísticos del país.
En junio de 2024, el ciudadano canadiense Joe Eastcott relató en redes sociales su experiencia en el mismo Barceló Solymar – Occidental Arenas Blancas, calificando su estancia como “la peor experiencia de su vida”.
Eastcott compartió fotos de la comida “cruda y con piedras”, del mobiliario roto y de los bares cerrados, asegurando que “la mayoría de los días era imposible comer dentro del hotel”. El turista denunció, además, que solo recibía una botella de agua al día y que los refrigerios consistían en pan viejo o un hot dog crudo.
Ante la creciente ola de críticas, en noviembre de 2024 el Grupo Barceló intentó desmentir la existencia de escasez alimentaria en sus hoteles de Cuba, publicando fotos en Facebook de un buffet “bien surtido” en el resort de Varadero.
“¿Escasez en Cuba? No en este momento”, escribió un representante de la compañía, en una publicación que generó polémica por contradecir los testimonios de cientos de viajeros.
La defensa del grupo español contrastó con la realidad descrita por turistas y organismos internacionales: el 89 % de las familias cubanas vive en pobreza extrema, según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, y las carencias de alimentos y suministros afectan también al sector turístico, que funciona bajo fuerte presión económica y energética.
La propia agencia canadiense Sunwing Vacations Group, una de las principales operadoras que enviaban viajeros a la isla, confirmó haber retirado 26 hoteles cubanos de su catálogo por problemas de calidad y por el deterioro de los servicios.
“Los turistas quieren transparencia y no sorpresas”, declaró su directora de marketing, Samantha Taylor, al explicar que ahora promueven destinos alternativos en República Dominicana, Honduras, Bahamas y Colombia.
Unos meses antes, en marzo de 2024, otro visitante identificado como Brayan publicó en TripAdvisor una reseña sobre el Hotel Arenas Blancas, también gestionado por Barceló, donde describió deficiencias similares: falta de higiene, escasez de insumos básicos, mala atención del personal y contradicciones entre lo que se promociona en línea y la realidad del hotel.
“En cinco días solo cambiaron las sábanas una vez, y la comida no tiene el nivel de un resort que se dice de primera línea”, escribió.
Estas denuncias se enmarcan en una crisis estructural del turismo cubano, que combina el desgaste de la infraestructura, la falta de suministros, el éxodo de trabajadores capacitados y los frecuentes apagones eléctricos.
Aunque el gobierno sigue presentando al turismo como su principal motor económico, la confianza de los viajeros internacionales —en especial de los canadienses, su mercado más importante— se ha desplomado.
Cada vez más testimonios apuntan a una misma conclusión: los hoteles de Varadero, otrora símbolo de lujo caribeño, hoy enfrentan un deterioro que ni las cadenas extranjeras pueden disimular.
Y mientras el Grupo Barceló niega la escasez, los turistas siguen mostrando en videos y reseñas una realidad de colas, apagones, alimentos de baja calidad y servicios colapsados.
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