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Los comedores del Sistema de Atención a la Familia (SAF) en la provincia de Holguín, que venden alimentos a personas empobrecidas, sobre todo ancianos, ofrecen arroz y chícharos casi a diario, con raciones escasas y platos fuertes casi inexistentes, mientras la distribución de insumos falla y los comensales sufren hambre constante.
Los comensales de las unidades de Villa Nueva y La Guantanamera, en la ciudad de Holguín, coinciden en que la atención es insuficiente y los menús repetitivos.
Heremio Torres, jubilado con problemas visuales, denunció que el pollo solo aparece cuando hay visitas oficiales, mientras que el profesor Mauri Herrera critica que semanas enteras sobreviven con arroz y potaje de chícharos, reflejó un amplio reportaje publicado por el periódico oficial ¡Ahora!
Norge Tamayo Ferraz, administrador de la unidad El Crisol, confirmó que la calidad de los alimentos recibidos muchas veces no cumple con los parámetros establecidos, al tiempo que Ramón Pérez, uno de los comensales, calificó a los granos del caldo como “balines”.
“La dificultad grande está en que no podemos seguir sobreviviendo varias semanas con un poco potaje de chícharo, mejor dicho caldo; un poco de arroz y refresco de sirope. Nosotros debemos tener otra atención y prioridad más directa por parte de los responsables de este sensible programa y de los encargados de apoyarlo, pero también de otros organismos y hasta los nuevos actores económicos bien podrían tender su mano solidaria”, enfatizó Herrera.
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Asimismo, la realidad de las cocinas es paupérrima. Cocineros cuentan con “condiciones infrahumanas” para preparar todo en fogones improvisados de leña, sin gas licuado desde hace más de un año, y ablandar granos de baja calidad para cientos de comensales.
La adquisición de viandas, vegetales o especias se vuelve casi imposible por los altos precios y topes establecidos.
El suministro de alimentos depende de empresas como la Empresa Mayorista de Alimentos (EMPA) y Acopio, que entregan cantidades muy por debajo de lo solicitado.
En agosto, de 9,2 toneladas de chícharos solo llegaron cuatro, lo cual obligó a ofrecer una sola ración diaria o únicamente arroz blanco, “con la presencia bastante esporádica del plato fuerte, en lo fundamental huevo y masa de croquetas”, apuntó la fuente.
Los retrasos en los procedimientos de alta de nuevos beneficiarios agravan la situación: octogenarios como Santiago Soler esperan meses por aprobación mientras los censados ya reciben raciones limitadas.
Las colas siguen después del despacho diario, demostrando que el hambre afecta también a quienes no están formalmente inscritos en el sistema.
Aunque directivos de Economía y Planificación y del Mincin aseguran que se trabaja para equilibrar los recursos y priorizar los SAF, la distribución falla constantemente y la calidad de los alimentos no alcanza los parámetros mínimos.
De acuerdo con ¡Ahora!, en los 14 municipios de la oriental provincia existen 121 centros de este tipo donde reciben servicios más de 6,000 personas. La capital provincial dispone de 14 unidas del SAF, surgidos por resolución del Ministerio de Comercio Interior (Mincin) para complementar la alimentación diaria y garantizar los requerimientos nutricionales de personas de bajos ingresos y situaciones especiales, “con precios razonables”, añadió.
Así, los SAF en Holguín muestran que, pese a la intención oficial de proteger a los más vulnerables, la utopía de una alimentación digna sigue siendo una quimera.
El diario oficial Granma destacó en 2020 que el SAF “vio la luz en 1998 en aras de favorecer a un sector de la sociedad en situación vulnerable”, y que “muchos de los que se benefician con este servicio de alimentación especial son adultos mayores” y “personas de bajos ingresos que acceden a estos recintos para complementar su alimentación”.
En 2021, como consecuencia de la fallida tarea Ordenamiento, el precio de las raciones de alimentos en estas dependencias pasó de dos a 26 a 26, lo cual motivó numerosas críticas en redes sociales.
En esa ocasión trascendió que más de 77,000 ancianos y personas con discapacidad tuvieron que renunciar al menú que se ofertaba en los comedores comunitarios, tras la escandalosa subida de precios, ya que no podían hacerle frente con el incremento de las pensiones mínimas, las cuales se ubicaron en 1,528 pesos.
Con el nuevo aumento de pensiones anunciado por el gobierno y en vigor desde septiembre de 2025, la aparente mejoría para los jubilados, que ahora reciben un mínimo de 4,000 CUP, se convierte en una cifra simbólica cuando se traduce al tipo de cambio que impera en la calle.
Con el dólar a 420 CUP, el euro en 477,5 CUP y la MLC en 200 CUP, los 4,000 pesos de pensión apenas alcanzan para 9,5 dólares o menos de 9 euros en el mercado negro. Esto significa que, incluso tras el ajuste, la pensión mínima en Cuba no llega a cubrir lo que en la mayoría de los países equivale a un solo día de gastos básicos.
Cada día se hacen más habituales las imágenes de personas de la tercera edad buscando en la basura algo de comida, mientras organizaciones independientes del régimen alertan de la agudización de la crisis alimentaria en el país.
A fines de abril, un reportaje del periódico oficial Girón, en Matanzas, dejó al descubierto la miseria en la que viven miles de jubilados que, tras décadas de trabajo, se ven obligados a subsistir en las calles.
La creadora de contenido Sheyla, desde Matanzas, mostró en un video lo que una persona jubilada en Cuba puede adquirir con su pensión mensual de 1,500 pesos cubanos, unos tres dólares al cambio informal, en medio de la profunda crisis económica que atraviesa la isla.
También el youtuber cubano Iván Valdés Permuy, conocido como Listillo Cubano en redes sociales, recorrió las calles de La Habana entregando efectivo a ancianos que revelaron sus pensiones, y con sus acciones puso en evidencia los miserables montos que reciben decenas de miles de jubilados en la isla después de una vida laboral.
Orlando Regueiro Castellano, un anciano de 83 años natural del municipio de Baraguá, en Ciego de Ávila, explicó días atrás que no tiene dinero para alimentarse y que recorre las calles pidiendo “un pedacito de pan”, sin que la mayoría de las personas pueda ayudarlo.
De igual forma, el proyecto humanitario Aliento de Vida compartió semanas atrás testimonios de abuelos con recursos mínimos, quienes expresaron públicamente tres deseos cada uno, peticiones que lejos de lujos, se reducen a alimentos cotidianos imposibles de costear con una jubilación en Cuba.
Preguntas frecuentes sobre la crisis alimentaria en Holguín y el Sistema de Atención a la Familia (SAF)
¿Qué es el Sistema de Atención a la Familia (SAF) en Cuba?
El Sistema de Atención a la Familia (SAF) es un programa creado por el Ministerio de Comercio Interior de Cuba con el objetivo de proporcionar alimentación a personas de bajos ingresos y en situaciones especiales, a precios accesibles. Sin embargo, actualmente enfrenta serias deficiencias en la calidad y cantidad de los alimentos proporcionados, como se evidencia en los comedores de Holguín.
¿Cuál es la situación actual de los comedores del SAF en Holguín?
Los comedores del SAF en Holguín están ofreciendo menús repetitivos y de baja calidad, con raciones escasas de arroz blanco y chícharos duros, casi sin presencia de platos fuertes. Esta situación se debe a la falta de suministros adecuados y a la mala gestión en la distribución de alimentos, afectando a más de 6,000 personas que dependen de estos servicios.
¿Qué problemas enfrentan los cocineros de los comedores del SAF en Holguín?
Los cocineros en los comedores del SAF enfrentan condiciones infrahumanas para preparar los alimentos, ya que carecen de gas licuado desde hace más de un año y deben utilizar fogones improvisados de leña. Además, tienen que lidiar con granos de baja calidad, lo que dificulta la preparación de comidas adecuadas para los comensales.
¿Cómo afecta la crisis económica a los jubilados y personas vulnerables en Cuba?
La crisis económica en Cuba ha dejado a muchos jubilados y personas vulnerables en una situación de precariedad extrema. Las pensiones mínimas, incluso tras recientes aumentos, no cubren las necesidades básicas, obligando a muchos a buscar alimentos en la basura o depender de la solidaridad de terceros. La situación es especialmente crítica en los comedores comunitarios, donde la calidad y cantidad de comida son insuficientes.
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