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Mientras cientos de miles de cubanos enfrentan cortes prolongados en el suministro de agua, la vice primera ministra Inés María Chapman Waugh apeló este viernes a la ya gastada consigna oficial de “trabajar con cultura del detalle”, una frase vacía que el régimen repite desde hace más de una década como sustituto de políticas concretas para resolver los problemas estructurales del país.
“Luego de caminar el terreno se implementan acciones para mejorar el abasto de agua a La Habana del Este. El Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos constituye grupo de trabajo, acciones para la recuperación de equipos de bombeo, válvulas, solución de salideros y vertimientos. Trabajar con cultura del detalle”, escribió Chapman en su cuenta de X (antes Twitter).
El mensaje llega en medio de una de las peores crisis hídricas que vive Cuba en los últimos años. Según cifras oficiales, más de 230,000 habaneros sufren afectaciones totales o parciales en el servicio, mientras provincias como Santiago de Cuba, Holguín, Ciego de Ávila y Sancti Spíritus reportan ciclos de distribución que pueden superar los 30 días sin agua corriente.
En varias comunidades, los vecinos sobreviven gracias a pipas estatales irregulares o al pago de camiones privados a precios abusivos.
La referencia a la “cultura del detalle” —una consigna utilizada por el poder cubano desde la llegada al poder del general Raúl Castro— ha sido reiterada por Miguel Díaz-Canel y otros dirigentes para pedir “eficiencia”, “buen gusto” u “orden” en el trabajo estatal.
Sin embargo, el concepto se ha convertido en una muletilla propagandística sin contenido real, que nunca se ha traducido en políticas públicas eficaces ni en soluciones sostenibles a los problemas que afectan a la población.
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En los últimos meses, CiberCuba ha documentado la creciente escasez de agua potable y la frustración ciudadana ante el abandono institucional.
En barrios de La Habana Vieja, Diez de Octubre y Guanabacoa, los vecinos denuncian que llevan más de un mes sin recibir una gota de agua, mientras los apagones interrumpen el funcionamiento de las bombas y los salideros siguen sin repararse.
El llamado de Chapman a “trabajar con cultura del detalle” contrasta con la realidad de un sistema hidráulico colapsado, sin recursos para mantenimiento, con infraestructuras envejecidas y sin energía suficiente para sostener el bombeo.
En las calles, donde el agua no llega, muchos cubanos interpretan esa frase como un recordatorio del desconexión total entre el discurso oficial y la vida cotidiana.
Las ocurrencias de Chapman Waugh
No es la primera vez que Inés María Chapman protagoniza declaraciones que evidencian la desconexión del régimen con la realidad cotidiana.
En fechas recientes, propuso “sacar un televisor a la calle y conectarlo a un grupo electrógeno” para que los vecinos pudieran ver las orientaciones del gobierno durante los apagones, una ocurrencia que provocó burlas generalizadas en redes sociales.
Meses antes, en junio de 2024, Chapman fue grabada junto a un pozo en Santa Isabel de las Lajas, explicando —con una botella de agua Ciego Montero en la mano— cómo aplicar la “ciencia y la innovación” para que los vecinos se abastecieran de agua mediante una “bombita de mano, bonita, pintada de verde”. La escena se volvió viral como símbolo de la insensibilidad oficial ante la precariedad.
También en 2024, la vice primera ministra protagonizó otro escándalo al publicar y luego borrar un tuit que revelaba por error parte de la estrategia del régimen para el “enfrentamiento en redes sociales”, donde se detallaba el uso de decenas de cuentas corporativas destinadas al “combate” digital desde el Instituto de Información y Comunicación Social.
Entre la botella de agua en mano, el televisor con grupo electrógeno y la consigna de la “cultura del detalle”, Chapman Waugh se ha consolidado como uno de los rostros más simbólicos de la retórica vacía y el desconcierto gubernamental ante una crisis nacional que, lejos de resolverse, se agrava cada día.
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