Régimen cubano promete “recuperar el control del dólar” sin divisas ni confianza



El intento del régimen por “recuperar el control del dólar” no se sostiene en una estrategia económica, sino en una narrativa política diseñada para simular iniciativa y desviar responsabilidades.

Carlos Miguel Pérez Reyes y Marxlenin Pérez Valdés © Captura de video YouTube / Cuadrando La Caja
Carlos Miguel Pérez Reyes y Marxlenin Pérez Valdés Foto © Captura de video YouTube / Cuadrando La Caja

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El último programa televisivo 'Cuadrando la Caja' de la televisión estatal, conducido por Marxlenin Pérez Valdés, dedicó su edición a explicar “por qué Cuba busca recuperar el control del mercado cambiario”.

En el espacio participaron el licenciado Ian Pedro Carbonell Karell, director de políticas macroeconómicas del Banco Central de Cuba (BCC); el doctor Ayuban Gutiérrez Quintanilla, vicepresidente de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores (ANEC); y el diputado Carlos Miguel Pérez Reyes, empresario privado.

Captura de pantalla Facebook / Cubadebate

El programa comenzó con un reconocimiento inédito: “Sabemos que en la actualidad el mercado cambiario no funciona”, admitió Carbonell Karell, quien justificó la necesidad de “retomar” ese espacio para conectar la economía nacional con el exterior.

El académico Gutiérrez Quintanilla añadió que el Estado debe dar “oficialidad” a un mercado que hoy opera de manera informal e ilegal, con el fin de “regularlo” y “ponerlo al servicio del desarrollo económico”.

Por su parte, el empresario Pérez Reyes describió cómo la volatilidad del dólar y la inexistencia de una tasa real afectan los contratos, los precios y la posibilidad de exportar. “Es un círculo vicioso: sin divisas no hay mercado, y sin mercado no entran divisas”, dijo.


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La conducción del programa insistió en que el objetivo gubernamental es crear un mercado legal y seguro para frenar la referencia del dólar informal, que actualmente ronda los 450 pesos en la calle, muy por encima de la tasa oficial de 120.

“Entrar al terreno de juego”

El panel de especialistas coincidió en que el gobierno planea “entrar a jugar” en el mercado informal con una versión “oficial” y controlada.

“Hay que recuperar ese mercado cambiario que hoy existe de manera ilegal”, repitió Gutiérrez Quintanilla. “El primer paso es participar, aunque las condiciones no sean las ideales”.

Los tertulianos reconocieron que Cuba no cuenta con reservas suficientes para sostener un tipo de cambio fijo, por lo que se pretende aplicar un modelo “flexible y gradual”.

Carbonell Karell admitió que la economía cubana enfrenta déficit fiscal, emisión excesiva de pesos, dolarización parcial y contracción productiva, pero sostuvo que el nuevo esquema “permitirá atraer remesas y dar confianza a quienes hoy operan en el mercado negro”.

La conductora subrayó que el gobierno busca “eliminar la influencia de actores externos” y “acabar el juego” de lo que describió como una “guerra económica”.

El Toque, convertido en enemigo oficial

En el tramo final del programa, los panelistas y la presentadora dedicaron varios minutos a señalar a El Toque —medio independiente cubano que publica diariamente la tasa informal del dólar— como responsable de distorsionar la economía.

“Ese jugador enemigo, El Toque, manipula la tasa ilegal del dólar bajo intereses extranjeros”, afirmó la conductora Marxlenin Pérez, doctora en Ciencias Filosóficas y profesora de la Universidad de La Habana, y pareja de Fidel Castro Smirnov, hijo de Fidel Castro Díaz-Balart y nieto paracaidista del dictador globero.

Carbonell Karell advirtió que “200, 300, 400 mensajes diarios de compra y venta” no pueden determinar la tasa real de una economía, y acusó a la plataforma de “formar expectativas” que “atentan contra la estabilidad del país”.

El empresario y diputado Pérez Reyes llegó a calificar la dinámica del mercado informal como “una mafia” y vinculó a El Toque con “actores que lavan dinero y cobran comisiones por operaciones entre Cuba y Estados Unidos”.

El académico Gutiérrez Quintanilla cerró con una afirmación política: “Al enemigo no se le obvia, se le combate. El Toque ha declarado que quiere subvertir la Revolución. Ningún patriota puede ponerse del lado de quien ataca a su país”.

De este modo, el programa televisivo convirtió una discusión económica en un acto de propaganda política, reforzando la narrativa de que el Estado debe “recuperar el control del dólar” para defender la soberanía nacional.

Sin FMI y con “desdolarización gradual”

Ante la pregunta sobre posibles mecanismos internacionales de apoyo, Gutiérrez Quintanilla descartó cualquier cooperación con el Fondo Monetario Internacional (FMI): “Nosotros no tenemos acceso al FMI. Ese cheque viene con condiciones que destruyen la soberanía. Cuba no va a seguir ese camino”.

El panelista defendió que el país debe “mover la maquinaria económica con sus propios esfuerzos” y avanzar hacia una unificación monetaria y cambiaria “a largo plazo”, cuyo objetivo final sería “desdolarizar” la economía.

En síntesis, el programa presentó un esbozo rudimentario de recuperación sin reservas, sin financiamiento externo y sin credibilidad internacional, sustentado únicamente en la promesa de “entrar al juego”.

Crítica del economista Pedro Monreal: “Sin producción no hay tipo de cambio”

El economista cubano Pedro Monreal respondió en redes sociales con una crítica directa al discurso oficial.

En una serie de diez mensajes en X (antes Twitter), advirtió que el llamado “relanzamiento” del mercado cambiario carece de fundamento económico y que el gobierno elude su responsabilidad en el fracaso de la política monetaria.

“Lo que se dice sobre ‘relanzar’ el mercado cambiario oficial es una murmuración. No se mencionan dos temas cruciales: resolver la falta de respaldo productivo del peso cubano y el tipo específico de régimen cambiario”, escribió.

Monreal señaló que sin oferta productiva, sin bienes ni servicios en pesos, la estabilidad cambiaria es imposible: “Con pesos apaleados no habrá mercado cambiario robusto. Funcionará como ficción o como chapuza”.

El economista recordó que en 2020 el gobierno prometió unaunificación monetaria y cambiaria que nunca se concretó, y calificó como “absurdo” que ahora se diga que esa medida sería “un suicidio”, luego de que en su momento se defendiera como parte de un proceso de análisis de más de 10 años.

“No es serio salir con eso a estas alturas del juego”, ironizó.

Para Monreal, el principal problema del nuevo intento es la falta de coherencia y credibilidad: “Mientras se hable de una tasa de cambio ‘flotante’ sin definir qué tipo de régimen se establecerá, no podrá avanzarse en un debate razonado”.

Añadió que mantener dos tasas de cambio distintas prolongará “una fábrica de distorsiones” y que la actual “vaguedad sobre la secuencia del programa económico no promete mucho”.

Su conclusión fue lapidaria: “Se mantiene un documento político que defiende la unificación monetaria y cambiaria, a la vez que en medios oficiales se afirma que eso sería un suicidio. Algo de coherencia no vendría mal”.

Conclusiones

El intento del régimen por “recuperar el control del dólar” no se sostiene en una estrategia económica, sino en una narrativa política diseñada para simular iniciativa y desviar responsabilidades.

‘Cuadrando la Caja’ fue, en realidad, una puesta en escena propagandística: un guion repetido de consignas socialistas, culpabilización externa y promesas abstractas, sin una sola cifra, cronograma, ni mecanismo técnico que explique cómo se pretende crear un mercado cambiario funcional en un país sin liquidez, sin oferta y sin confianza.

El discurso oficial, disfrazado de debate, se limitó a reiterar lugares comunes: “entrar al terreno de juego”, “recuperar el mercado”, “dar el primer paso”, “hacerlo con gradualidad”, o “mover la maquinaria económica con nuestros propios esfuerzos”. Frases huecas que no describen políticas, sino estados de ánimo.

Nadie explicó con qué reservas se sostendría el tipo de cambio, qué medidas fiscales o productivas acompañarían el proceso, ni cómo se piensa atraer divisas en un contexto donde el propio Estado es incapaz de entregar las remesas enviadas por vías oficiales.

Tampoco hubo autocrítica ni balance de los fracasos previos: la “Tarea Ordenamiento”, que debía unificar las monedas y estabilizar el peso, fue omitida o tratada como una experiencia ajena, pese a haber colapsado hace apenas tres años. Cuando uno de los invitados calificó esa unificación como un “suicidio”, la conductora asintió, sellando la amnesia oficial.

El mensaje implícito fue claro: el Estado no asume responsabilidad; se limita a anunciar otro “experimento gradual” con la misma retórica triunfalista que precedió a todos los fracasos anteriores.

La estructura del programa respondió más al formato de acto político que a un foro económico. Cada intervención reforzó la idea de que los problemas del peso cubano derivan de “una guerra económica”, del “bloqueo” o de “intereses extranjeros”.

Como era de esperar, Marxlenin Pérez transformó la discusión técnica en una cruzada ideológica contra el medio independiente El Toque, convertido en enemigo oficial por publicar la tasa informal del dólar.

La demonización de El Toque sirvió como distractor perfecto para evadir el problema central: la pérdida total de confianza en el peso y en el sistema financiero estatal. En vez de reconocer esa erosión, los panelistas acusaron a “unos muchachos que leen mensajes en Facebook” de manipular la economía nacional, reduciendo una crisis estructural a una guerra de percepciones.

La ambigüedad deliberada dominó todo el debate. Se habló de “mercado flexible” sin definir su régimen, de “unificación monetaria” sin calendario, de “desdolarización gradual” sin instrumentos, y de “recuperar la convertibilidad” sin explicar de dónde saldrán las divisas para sostenerla.

Ni una sola cifra, ni una estimación de reservas, ni un plan de incentivos para exportadores o productores: solo apelaciones retóricas a la “soberanía” y a “los esfuerzos propios”, que se repiten desde hace tres décadas.

En resumen, ‘Cuadrando la Caja’ fue un ejemplo de retórica económica vacía revestida de ideología.

Su función no fue informar ni debatir, sino legitimar el relato del control estatal y señalar culpables externos —Estados Unidos, las sanciones, el FMI y los medios independientes— mientras el peso cubano se devalúa y el gobierno carece de un plan creíble para revertirlo.

El régimen promete “recuperar el mercado” sin divisas, sin transparencia y sin confianza. Y en esa contradicción —la de un Estado que no produce, no paga y no deja que nadie más lo haga— se resume la esencia de la crisis cubana: una economía sostenida por discursos, no por hechos.

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